Una fuente calificada del Banco Central aseguró que la creación de una nueva entidad financiera es un proceso “riguroso” que no se hace de “un día para otro”. Paula Martínez.
Sin embargo, y tal como están avanzando las cosas, lo más probable es que los mandatarios municipales actuales sólo lleguen, con suerte, a "cortar la cinta" de la nueva entidad pero que su activo funcionamiento recién se produzca luego del recambio de autoridades de fines de 2011.
Si, tal como estiman los intendentes involucrados, en noviembre se terminan de armar y se presentan las carpetas con la voluminosa documentación que requiere el Banco Central (BCRA), esta entidad se tomará varios meses (vacaciones mediante) para analizar la información.
Crear un nuevo banco no es cosa fácil ni que pueda ser tomada a la ligera. "El Central tiene un proceso muy riguroso sobre cómo se presenta el proyecto, el plan de negocios, cuál va a ser la capitalización, cómo se integrará la sociedad jurídica que lo sustenta, el plan de administración, entre otros. No es algo que se haga de un día para otro", señaló una fuente de la entidad encargada de supervisar a las entidades financieras.
Como dato, el estatal Banco de Inversión y Comercio Exterior (Bice) esperó varios meses hasta que el Central le autorizó a captar depósitos de inversores mayoristas, en una operación que era impulsada desde el Ejecutivo.
En igual sentido, el Banco Macro anunció en noviembre al Banco Central y a la Comisión Nacional de Valores su intención de adquirir el Banco Privado de Inversiones. Casi nueve meses después, Jorge Brito, titular del Macro, desistió de la compra, mientras el BCRA seguía analizando la operación y aún no se había expedido. Y en este caso, sólo se trataba del traspaso de un paquete accionario, una transacción más sencilla que la creación de un nuevo banco.
La historia financiera argentina está plagada de casos de bancos que desaparecieron y dejaron "el tendal" de depositantes. En los últimos años, las exigencias del Banco Central (incluso mayores que las internacionales de Basilea) se hicieron más rigurosas con el fin de evitar situaciones de insolvencia y respetar las normas mundiales sobre lavado de dinero, con un mayor conocimiento sobre el origen de los fondos. Casos de testaferros, como, por ejemplo, los que tuvieron la familia Graiver (propietaria en los '70 de varios bancos, además de Papel Prensa) serían mucho más difíciles de concretarse.
En este largo y doloroso proceso de quiebras, liquidaciones, fusiones y absorciones de entidades, la normativa argentina avanzó mucho. Es de esperar que los tiempos de análisis riguroso se mantengan en una institución que goza de gran prestigio técnico. Y si el banco de los intendentes saliera tan rápido como esperan los interesados, sería una mala señal en este sentido.
En un ámbito como el sistema financiero (en el cual el Ejecutivo nacional se manejó siempre con mucha cautela) lo más probable es que los tiempos técnicos sean demasiado extensos para los tiempos políticos.


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