Para después del Mundial de Fútbol. Es la muletilla que utilizan a manera de elegante y disuasiva respuesta los políticos peronistas cuando se los inquiere sobre posibles lanzamientos proselitistas.
Oficialmente la presidenta estará en Rosario el Día de la Bandera; y el viernes que viene la ministra Alicia Kirchner también bajará a Rosario para inaugurar una mutual auspiciada por La Cámpora, el movimiento del sobrino Máximo.
El kircherismo no pierde tiempo en mundiales. La orden de Olivos es seguir cooptando administradores comunales y municipales con la implacablemente persuasiva chequera oficial, y absolver a los pecadores que quieran volver a Casa.
Agustín Rossi congregará el viernes 25 en un foro de trabajo en esta capital a los presidentes de comunas y minorías de comunas gobernadas por el oficialismo.
Durante el postergado acto de Pérez, Néstor iba a concederle indulgencia a la intendenta de Esperanza Ana Meiners, a quien recibirían con alfombra roja por ser además senadora suplente en la última boleta de Carlos Reutemann. Roxana Latorre también desfilaría por el felpudo del Martín Fierro para recibir su merecido tributo, mientras aguardan con cierta desconfianza la reentré del otro hijo pródigo: el intendente de Rafaela Omar Perotti.
Pago chico
El presidente del PJ Ricardo Spinozzi, quien a duras tientas trata de mantener la cohesión del sector sobre la esperanza salvífica del Lole candidato, es uno de los que amaga con instalar sus deseos en Santa Fe y Rosario (después del mundial), para que sobre el final del ciclo lectivo una conveniente encuesta le diga si el grueso de los santafesinos que moran esas dos grandes urbes que concentran más de la mitad de los votos al menos pueden recordar su nombre cuando se lo mencionen.
Omar Perotti le cuenta a sus amigos que Reutemann suele decirle a los que lo visitan para pedirle la venia: "Muchachos, vayan a la interna, al que gane lo estaré esperando para acompañarlo en la campaña". Por lo visto nadie se anima a preguntarle al Lole qué hará con su propia postulación.
El "ministro Mercier" (así lo recuerdan por su doble paso por las gobernaciones de Reutemann), economista al fin, es de la coherente idea (el diputado sanjavierino Adrián Simil piensa igual) de unificar al peronismo tras un solo candidato que evite las primarias (el inconveniente como en el 2007 sería Agustín Rossi) y de paso tenga en la billetera los millones de pesos necesarios para encarar una campaña electoral contra el aparato oficialista del FPCyS. No pocos piensan que esa generosa billetera -prestada por la Nación- la tiene el reflexivo Rafael Bielsa, todavía precandidato de un sector del kirchnerismo.
El dos veces gobernador y futuro ex diputado nacional Jorge Obeid apresta su tropa para una incierta batalla. Dicen que mientras espera al Lole, le manda señales a Duhalde, quien por lo visto pivotea con el federado Eduardo Buzzi, a quien invita a ser su candidato a gobernador. Buzzi cortina su ansiedad con la idea de encargar una sorprendente encuesta para saber si la gente de campo quiere que lo represente.
En tanto, sumado al unitario Cien por Ciento Santafesino que sigue abriendo locales-enfermerías en las cabeceras de los nodos (Martínez da por sentada la negada -por el peronismo- división política del socialismo en regiones), desde esta capital estaría incubándose la idea de provincializar el promisorio movimiento Producción y Trabajo que lidera el caudillo gremialista Alberto Maguid, que sentó el año pasado en una estratégica banca del Concejo santafesino a su nieto Sebastián Pignata. Esa misma agrupación llevará candidato a intendente en esta ciudad capital.
"Si el Lole no es candidato, vamos a internas y el Frente Progresista va unido, somos boleta aún con el 'Turco' Obeid de candidato", sentencia el viejo militante peronista. Como dirían en el campo: errado no está el hombre.
Frente de batalla
Binner le puso blanco sobre negro a la asonada radical y confirmó lo que publicamos hace semanas: el primer ministro Antonio Bonfatti es su candidato a gobernador. Y el consenso no se hará con los tripartitos radicales, sino dentro del propio socialismo entre Binner, Bonfatti, Giustiniani, Di Pollina, Zabalza y Lifschitz. Los herederos de Alem e Irigoyen deberían ir pensando en el candidato a vicegobernador -de esta capital- y el reparto de bancas y ministerios, en lugar de fraticidas internas.
Por ahora esa condición la ostenta el peronismo.
Agresión, diálogo y después...
El gobernador Binner, atento al mar de fondo con sus socios radicales, y después del innecesariamente provocador discurso del Bicentenario, optó por abrir un sendero de diálogo con los senadores peronistas y la peronizada (según la óptica oficialista) justicia.
Después que el peronismo cruzara la delicada frontera política que separa la confrontación del insulto, el gobernador convocó al jefe de la oposición, Ricardo Spinozzi, junto a los doce apóstoles senadores para iniciar el escabroso camino del hasta ahora negado por ambas partes diálogo y consenso, con invitación a Kuwait para pedir plata incluida, que Spinozzi no pudo rechazar en honor a la nueva etapa emprendida.
"Sobrevoló durante la reunión un espíritu de diálogo que a esta altura de los acontecimientos creemos imprescindible para ambas partes, toda vez que hasta ahora sólo le hemos ofrecido a la gente nada más que agresiones", sintetizó el senador peronista oriundo de Villa Minetti Hugo Terré, quien por cierto no es de los más optimistas en que este statu quo se mantenga en el tiempo después de la munición gruesa que se disparó desde ambas trincheras.
¿Cuánto durará el armisticio? El tiempo que tarde el diputado Mario Lacava o el senador Juan Carlos Mercier en redactar otro comunicado de prensa durísimo, o los senadores Crossetti y Baucero en pronunciar acusadores discursos en el recinto. O el oficialismo en provocar elípticamente al peronismo insistiendo con la reforma tributaria para terminar con el actual sistema "neoliberal" (que supuestamente apaña la oposición), o la remoción del procurador de la Corte Agustín Bassó (puesto por el peronismo), o la mismísima reforma de la Constitución, avalada por el constitucionalista peronista Horacio Rosatt, pero negada por sus pares parlamentarios.
Así las cosas, las premoniciones de Terré no tardarán en cristalizarse.













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