Ayer, en Cuyo y La Falda, los ex combatientes de Malvinas evocaron a quienes murieron el 2 de mayo de 1982, tras el ataque del submarino inglés "Conqueror".
Tomás tenía 24 años aquella tarde del 2 de mayo de 1982. Eran casi las 4 de la tarde y estaba de guardia en la sala de calderas del crucero "General Belgrano". El primer torpedo del submarino nuclear inglés "Conqueror" impactó muy cerca suyo, en la sala de máquinas. Enseguida, otra explosión y la odisea.
Cada 2 de mayo, los recuerdos se multiplican en este bahiense que atiende una gomería en Villa Buenos Aires, que es padre de dos hijos y que ayer participó del acto que evocó los 28 años del hundimiento del "Belgrano" durante la Guerra del Atlántico Sur con Gran Bretaña y en el que murieron 301 de los 1.042 tripulantes de la nave argentina.
"Tratamos de salir con mis compañeros. Me acuerdo de un cabo segundo que, al parecer, se le cayó encima la cadena del ancla, ya sobre la balsa, y está desaparecido. Llegué a la cubierta anterior a la principal, donde estaba el comedor de tropa, con un gran agujero en el piso y, la verdad, por un lado pensé que nadie podría sobrevivir, pero al mismo tiempo creo que no sentí la muerte cerca", evoca Tomás mientras sigue caminando entre las fotos de quienes perdieron la vida en esa histórica tragedia y son recordados en Cuyo y La Falda.
Antonelli había sido voluntario en 1978, durante el conflicto con Chile por el canal de Beagle, también tenía dos experiencias en la Antártida y había superado un par de accidentes en las lanchas de desembarco. Era cabo primero y estaba destinado a la fragata "Libertad", pero de repente pasó en comisión al "Belgrano", junto a 17 compañeros, ocho de ellos nunca regresaron.
"A las 5 de la tarde, el 'Belgrano' estaba casi hundido. Dos días después nos rescató el aviso 'Gurruchaga'. En 1984, tras 10 años en la Armada, pedí la baja y me puse a trabajar de gomero con mi suegro, en Villa Buenos Aires, pasando el Hospital Penna. Trabajamos codo a codo y así pasó el tiempo. Superé el trauma ocupando mi mente con el trabajo y mi hermosa familia. Al fin y al cabo, la vida continúa", dice, siempre sonriente.
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La vigilia de los veteranos de guerra había comenzado el sábado por la noche. Ayer, sobre las 16.30, se puso en marcha el acto con el Himno Nacional Argentino, cantado fervorosamente por los escasos concurrentes y muy emotivamente interpretado por la guitarra del ex combatiente Guillermo De la Fuente y el saxo de su hijo David.
Familiares y amigos acompañaron a los veteranos, y entre los presentes estuvo el titular del Instituto Cultural, Federico Weyland.
Luego del tradicional minuto de silencio, habló Ramón Romero, el presidente del Centro de Veterano de Guerra de Malvinas de Bahía Blanca.
"Desgraciadamente hay indiferencia, pero no importa. Hoy estamos aquí los que en realidad sentimos la causa de Malvinas, una lucha de 28 años, justamente contra la indiferencia y la sistemática desmalvinización; pero nuestro compromiso es sostener la llama encendida y seguir para que no hayan sido en vano las vidas que 649 compañeros dieron por nuestra patria", enfatizó.
Respecto de las acciones diplomáticas emprendidas por los distintos gobiernos nacionales, Romero consideró que han pasado 28 años de tibios reclamos.
"Nos han usurpado el fondo del patio, pero para recuperarlo primero tenemos que ordenar el resto de la casa. Cuando seamos un país serio y respetado, las Malvinas tendrán que ser devueltas, porque son nuestras".
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Con la bandera en la cima del mástil, con los veteranos rompiendo filas, entre los abrazos y las despedidas, Tomás Agustín Antonelli empezó a caminar despacio, buscando con su mirada los ojos de esos compañeros que montan guardia desde el recuerdo, entre ellos los de Miguel Roberto Paz.
"Siempre lo tengo presente. El día antes de zarpar con el 'Belgrano', me presentó a sus dos hijas... Y cuando volví no tuve el valor de ir a ver a su señora", confidencia.
Otro 2 de mayo entraba en el crepúsculo. A esa misma ahora, pero 28 años atrás, Antonelli veía cómo el "Belgrano" se perdía en el Atlántico.
Sin rencor
Tomás Agustín Antonelli asegura que ha podido sobrellevar los recuerdos con entereza, que es feliz y que no guarda rencores. "No puedo odiar al enemigo, porque también estaba mandado a combatir, aunque no puedo negar que siento recelo por la traición del país vecino...".
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