A raíz de una nota publicada días atrás por El Diario acerca de la falta y el mal estado de las rampas para discapacitados motrices en el centro de Pilar, algunas de ellas fueron reparadas provisoriamente. Es que el subsecretario de Obras Públicas, José Kastelic, ordenó al personal arreglar algunas para, en un futuro, continuar con el compromiso de contar con una ciudad accesible concreta.
Sin embargo, hay promesas por parte del Municipio de optimizar la accesibilidad en el casco histórico.
Es que actualmente son muy pocas las rampas que existen en las esquinas de Pilar, y la mayoría de ellas están destruidas debido al paso del tiempo.
Otras, por su parte, fueron proporcionalmente mal hechas en su momento y su altura no permite que las sillas de ruedas puedan ascender fácilmente sin ayuda.
Mientras tanto, Kastelic prometió que el lunes próximo recorrerá las calles de Pilar para verificar y constatar personalmente en qué condiciones se encuentran las esquinas de Pilar, ya que es de común conocimiento que estas obras requieren cierta planificación para su puesta en marcha.
Esfuerzos
En la edición del último jueves, El Diario publicó un informe sobre el estado de las rampas para personas con movilidad reducida en el centro de Pilar, donde se concentra la mayoría de los edificios públicos y lugares de mayor concurrencia por parte de la población.
A través de los años, existieron intenciones de impulsar proyectos para cambiar la situación que los aqueja pero, por cuestiones poco entendibles, fueron abandonadas en el fondo de un cajón o en medio de una discusión con trasfondo político, relegando la demanda de aquellos que en las veredas sólo encuentran la imposibilidad de moverse libremente.
En este sentido, Darío Dalinger, empleado de la Defensoría del Pueblo que se mueve en silla de ruedas desde 1994, cuando tuvo un accidente, contaba a El Diario que “estoy cansado de luchar y no conseguir nada”. Es que él fue una de las personas que, desde su trabajo, siempre promovió proyectos para implementar en Pilar también desde el transporte público, para equiparar las posibilidades que la mayoría de las personas poseen, pero que recibió escaso apoyo. “Vivo a 5 cuadras de mi trabajo. Así y todo tengo que venir en auto porque si quisiera hacerlo, tendría que desviarme 5 cuadras más con mi silla de ruedas”, comentó Dalinger respecto al escenario con el que se encuentra fuera de su hogar.
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