Delia Cabas, es una de las últimas personas que vio con vida a los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville. La testigo, contó ayer cómo fue el momento previo al secuestro de los religiosos y quiénes fueron las personas que los buscaron.
Su testimonio, se transmitió, ayer, por videoconferencia, en una nueva audiencia del juicio por los curas Carlos y Gabriel, homicidios calificados como delitos de lesa humanidad.
La testigo, concurrió a la ciudad de Resistencia, en los Tribunales Federales de ese lugar, para presenciar el debate que se realiza en La Rioja, en la que están imputados Luciano Benjamín Menéndez, Luis Fernando Estrella y Domingo Benito Vera.
Según Cabas, minutos antes del secuestro de los sacerdotes habían compartido una cena y estaban por “jugar a las cartas”. Mientras organizaban el entretenimiento, alguien golpeó “muy fuerte” la puerta de la casa de las religiosas. Carlos, tuvo la iniciativa de ir a ver quién era. El resto, quedó esperando para ver qué sucedía.
Un hombre, que según la testigo era petiso, y con bigote, preguntó si estaba el padre Carlos de Dios Murias. “Soy yo”, le habría contestado la víctima. El extraño, perteneciente a la Policía Federal, preguntó también por Gabriel Longueville. Murias, le contestó que estaba junto con él.
Cabas, recordó que aquel hombre le dijo al sacerdote que necesitaba hablar a solas con ellos. Los tres, dialogaron en una habitación de la casa y después Carlos y Gabriel les explicaron a las hermanas que debían viajar al departamento Capital para declarar por unas personas que estaban detenidas. La testigo, indicó que los sujetos que llegaron a la casa se presentaron como policías de la Federal.
RUMBO A LA CAPITAL
“Era una noche oscura y afuera había un auto oscuro”, relató Cabas. Recordó, que también estaban, al menos, dos personas más que acompañaban al policía petiso y con bigote que golpeó la puerta en busca de los sacerdotes.
Carlos y Gabriel, se retiraron con la comisión policial y les dijeron a las hermanas que se quedarían en la capital porque iban a participar de una reunión de sacerdotes y religiosas, convocada por el obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli.
Luego de la partida de los curas, las hermanas se quedaron preocupadas por la situación. Según Cabas, ella y Funes decidieron viajar de inmediato a la capital para comunicar la novedad a Angelelli. Las mujeres, viajaron a las cuatro de la madrugada y alrededor de las seis de la mañana se entrevistaron con el obispo.
Angelelli, dio la orden de buscar a los sacerdotes por los posibles lugares donde habrían sido trasladados. Las hermanas, regresaron a Chamical, decidieron no quedarse a la reunión. Cuando llegaron, un grupo de personas, entre catequistas y vecinos, les comunicaron que Carlos y Gabriel estaban muertos, que sus cuerpos habían sido encontrados a unos cinco kilómetros de la ciudad.
Cabas, no vio los cuerpos de las víctimas porque cuando se los entregaron ya habían sido colocados en los féretros. La testigo, reconoció que Angelelli, inició una investigación personal para saber qué había sucedido con los sacerdotes. Es más, expresó que cuando se retiró de Chamical guardó esa información entre sus pertenencias. El obispo, junto con Arturo Pinto, viajó rumbo a la Capital. Según la testigo, Angelelli conducía el vehículo. Era un cuatro de agosto de 1978 cuando el obispo se despidió de ellas. Había compartido el almuerzo con las hermanas, luego descansó. Al levantarse, compartió uno mates y luego acomodó sus pertenencias para viajar.
Aún estaba latente la pérdida de los sacerdotes, cuando en un accidente “armado” Angelelli murió luego de volcar el vehículo que conducía. Pinto, sobrevivió y fue internado en el hospital de Chamical.
En aquellos años, Cabas trabajaba como ama de casa en una vivienda del pueblo y tenía pensando conformar un sindicato de amas de casa pero solo era un propósito que no llegó a conformarse. La testigo, indicó que por comentarios supo que su nombre figuraba en una lista de personas que podrían ser asesinadas. Agregó, que varias veces Carlos y Gabriel fueron a declarar a la Base Aérea de Chamical, que era comandada por los jefes, Lázaro Aguirre y Luis Fernando Estrella.
Respecto a la pastoral, reconoció que tiene dos sentimientos: gozo y tristeza. Gozo, porque fue una linda experiencia ya que era una iglesia comprometida con el Evangelio y con los más necesitados. Triste, porque la iglesia era muy perseguida. Recordó, más de una vez, que Angelelli sabía que la persona que buscaban para asesinar era a él pero que era el último de un espiral que comenzó con sus amigos.
UN TESTIGO, EN LA ESCENA DEL CRIMEN
El Tribunal, registró ayer el testimonio del ex policía Salvador Gómez. El testigo, fue uno de los policías que custodió el lugar donde aparecieron los cuerpos de los sacerdotes. Recordó, que Carlos tenía un disparo que ingresó por “la nunca” y que salió por uno de sus ojos. Ambos, habían sido maniatados y les taparon los ojos.
Gómez, Cabas y otros testigos, han coincidido en recodar que las víctimas fueron acribilladas a disparos, que no hubo piedad para con ellos. Los asesinatos, infundieron en la comunidad de Chamical un profundo miedo. Nadie se atrevía a hablar sobre el tema por temor a ser asesinados.
Comentá la nota