El terrorismo en el Cáucaso, un desafío para Medvedev

Los ataques al subte de Moscú reavivaron el debate sobre el tema
MOSCU.- A casi dos semanas del feroz atentado el 29 de marzo pasado, en el que jóvenes mujeres -apodadas "viudas negras"- hicieron estallar explosivos en el subte de la capital rusa durante la hora pico, el presidente ruso, Dimitri Medvedev, parece haber protagonizado un cambio que lo acerca, cada vez más, al estilo de su mentor: el premier Vladimir Putin.

Dos días después del ataque, sorprendió a la opinión pública de su país cuando llegó de manera imprevista a la república de Daguestán, en el Cáucaso, vestido "a lo Putin", con remera negra sin cuello y traje también negro, algo alejado de su estilo de jurista de saco y corbata.

Apenas bajó del avión, su retórica también tuvo un súbito viraje hacia el estilo del primer ministro, quien es amigo de políticas y frases de impacto. Medvedev abandonó sus modos suaves para reclamar "métodos más crueles" contra los terroristas, y dijo que aunque "a los bandidos más odiosos les retorcieron la cabeza, por lo visto eso es poco".

Mientras tanto, y cuando aún perdura el clima enrarecido de los días inmediatamente posteriores a los ataques -a lo que se suma la crisis política en Kirguizistán- los rusos debaten hoy en día cómo enfrentar este terrorismo, muy diferente del que existía a comienzos de la década anterior, cuando había reclamos específicos.

Los ataques recientes fueron sólo una muestra de poder y de que el terrorismo puede seguir golpeando. ¿Serán necesarios regresar a los métodos de sangre y fuego aplicados por Vladimir Putin cuando le tocó ser presidente en la primera década de este siglo? El actual premier, fiel a su estilo, advirtió rápidamente, después del ataque en el subte, que había que "sacar a los terroristas de las cloacas".

Y los comunistas también salieron a reclamar la reinstalación de la pena de muerte, suspendida en 1996 cuando Moscú ingresó al Consejo de Europa. El líder Guennadi Zyuganov sentenció que su partido ya había dicho que "Rusia no estaba lista para la abolición de ese castigo".

Todas las miradas

Pero las cuestiones de seguridad interna en Rusia están en la órbita del presidente Medvedev. Por eso, las miradas se vuelven hoy hacia él.

Más allá del intempestivo estilo mostrado en Daguestán, todas las medidas que el mandatario ha aplicado en el Cáucaso desde el comienzo de su gestión van en una dirección muy diferente del estilo de Putin.

A diferencia de su predecesor, el presidente no viene de las filas de la KGB. Medvedev es un hombre de la política que en su foja de antecedentes tiene, entre otros tareas, el haber sido el presidente del directorio de Gazprom, la superempresa rusa de gas, la más grande del mundo.

Por eso, no llamó la atención cuando en enero eligió delegado especial para el Cáucaso al ex banquero y empresario Alexander Khloponin, uno de los hombres más ricos del país. Y la consigna que le dio al nombrarlo fue la misma que repitió públicamente el lunes posterior a los atentados.

"Lo primero que hay que hacer es crear condiciones modernas para la educación y los negocios en el Cáucaso." De hecho, consideró que esta tarea "es más complicada que la de buscar y exterminar terroristas".

Medvedev también pisó el freno de los que pedían la reinstalación de la pena de muerte, al advertir que, muy a su pesar, no habría "vuelta atrás" en la cuestión.

Aun en este marco del respeto por los derechos humanos y las libertades individuales, la oposición consideró que hubo "graves fallas en los servicios de seguridad y los órganos de orden público", que no supieron evitar los ataques terroristas de la semana pasada.

Eso fue lo que dijo en una entrevista con LA NACION el vicepresidente del Comité de Seguridad de la Duma Estatal (Parlamento), el diputado centrista Guennadi Gudkov. Como experimentado hombre de los servicios de Inteligencia que trabajó en la KGB soviética, Gudkov detalló las "graves fallas" cometidas en el Cáucaso.

"El servicio de inteligencia del gobierno, la FSB, trabaja allí con un sistema de comisiones de servicio de tres meses. Luego los agentes regresan a Moscú y son reemplazados por otro equipo. Pero ¡qué tarea de infiltración de las redes terroristas se puede lograr en tres meses! ¡Allí hay años de trabajo perdido!", protestó.

Gudkov sostiene que el gobierno debería enviar "profesionales de diferentes divisiones y en calidad de residentes con un contrato de dos o tres años".

Por último, el legislador consideró que cualquier lucha antiterrorista en el Cáucaso "debe incluir un trabajo conjunto con las autoridades islámicas". En tal sentido, dijo que "el gobierno debe lanzar una lucha ideológica contra los que desvirtúan el islam y, sin el apoyo de las autoridades religiosas, esa batalla no tiene sustento".

Comentá la nota