Biffi, Bermejo y De Marchi son tres exponentes de la política local, aún vigentes, que en el 2001 tenían a su cargo municipios. Una década más tarde, recuerdan con dolor la gravedad de la ruptura institucional y su tremendo impacto socioeconómico.
“Fueron los momentos más difíciles de mi vida”, sentencia el radical ante Los Andes. “La gente reclamaba comida y nosotros no teníamos ningún recurso. Nos arreglábamos como podíamos, muchas veces con la ayuda de los hipermercados que colaboraron, aunque no todos, en esa época”, recuerda.
Además, piensa en la plaza y en los círculos que daban a su alredador los autoconvocados y en las organizaciones que apostaron a la solidaridad para sortear la crisis. “Nos juntamos con los autoconvocados y de esos encuentros, surgieron los presupuestos participativos, una idea que nosotros ya teníamos pero que se llevó a cabo luego de ese reclamo”, confiesa. El trabajo incansable de las organizaciones solidarias y de las escuelas, fueron, según asegura, “el remanso de paz” en medio de tanta realidad turbia. “En el peor momento, la escuela se mantiene de pie, y eso alienta”, dice.
¿Qué sintió cuando, hace exactamente diez años, Fernando De la Rúa renunció? Biffi contesta de manera categórica: “Que veinte años de militancia se fueron por la cloaca”. Después, vinieron años diferentes. “Tengo muchos reclamos para hacernos. De todas maneras, creo que, por decisiones políticas acertadas, primero de Duhalde y luego de Kirchner y por el cambio de la economía a nivel mundial, se vehiculizaron muchas situaciones a favor de los sectores más empobrecidos”.
Adolfo Bermejo: “Sentí vergüenza por ser parte de la política”
Peso sobre peso contaba, hace diez años, el senador nacional Adolfo Bermejo. Era por entonces el intendente de Maipú y el panorama, desolador. “Hubo maipucinos que quedaron sin trabajo y tuvimos que brindarles ayuda social directa para que pasaran las fiestas de fin de año; proliferaron los piquetes, cortes de calles y movilizaciones, la gente nos pedía de todo y nosotros debimos priorizar aquellas situaciones sociales más urgentes para brindar respuesta rápida”, afirma.
Pero otro reclamo presente, el pedido de que la política cambiara, también le tocó de cerca al justicialista. “Sentí vergüenza, porque formaba y formo parte de la clase política, al mismo tiempo, toda la responsabilidad de sobrellevar la situación que se vivía y poner siempre la cara frente a las manifestaciones de los vecinos”, confiesa Bermejo.
En ese sentido, explica la cercanía que tenían los jefes comunales con la gente, los que los hacía ser las caras visibles del ‘que se vayan todos’. “Si bien los intendentes no éramos los culpables de esa crisis, nos transformamos en la primera barrera de contención de los argentinos en todo el país. Cuando escuchaba que gritaban “que se vayan todos”, me comprometí a seguir trabajando para solucionar los problemas de mis vecinos; y en definitiva, se fueron quienes debían irse”, aclara el legislador nacional.
¿Cómo actuaron los gobiernos nacional y provincial? Sobre la ida de De la Rúa, Bermejo dice: “Sentí profunda tristeza, porque por voluntad propia abandonaba su cargo un presidente de la democracia”, afirma. En cambio, sobre el Ejecutivo, provincial, por entonces a cargo del radical Roberto Iglesias, hace otra lectura: “mantuvo la institucionalidad de Mendoza, permaneciendo en el cargo”.
Omar de Marchi: “Nadie cooptaba un intendente por ayuda”
“¿A dónde va el país?” Se preguntaba el actual diputado nacional, Omar De Marchi, mientras conducía la intendencia de Luján, en plena crisis de diciembre 2001. “Mantuvimos el barco a flote, pero teníamos un municipio complicado, veníamos de muchos años de administración del justicialista Luis Carral, quien hizo una gestión realmente desordenada y a eso, se le sumaba una crisis con características únicas”, rememora el demócrata.
Jura que nunca sufrió “un reclamo en forma en personal” y que vivió la crisis como “un vecino más”. Pero además, asegura que en esa época, se diluían las diferencias partidarias. “Nos llamábamos entre los intendentes para hacer intercambio de experiencia sobre cómo sobrellevar la crisis. Había una austeridad franciscana. Nos pasábamos datos, colaborábamos entre nosotros”, relata De Marchi.
La relación con el gobierno del radical Roberto Iglesias, también iba en esa línea, según cuenta. “Había mucho respeto institucional. A nadie se le ocurría cooptar un intendente por ayuda, era una situación muy complicada. Era un época donde se respetaban los partidos políticos”.
Así, De Marchi contrasta con los años que vinieron. “Hay que reconocerle a Néstor Kirchner la recomposición de la autoridad presidencial, pero también la destrucción de los partidos políticos, pilares de la democracia. Hay personalismos, y entre todos esos ‘ismos’, los partidos políticos, desaparecen”, cuestiona.
¿Qué sintió, De Marchi, cuando vio por TV, el helicóptero que llevó a De la Rúa fuera de la Casa Rosada para siempre? “Una mezcla de incertidumbre y alivio. No sabíamos qué era lo que se venía. Después pasaron cinco presidentes en doce días y eso fue fatal. Sentí un vacío grande”, concluye el demócrata.




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