No está desacertado Ricardo Colombi cuando plantea una "tercera posición" que no condene a las provincias. Lo es porque resulta perogrullesco que no todos los que votan en contra del Gobierno nacional sean desestabilizadores ni corruptos aquellos que acompañan.
Pero no hay mal que por bien no venga. ¿Colombi cayó en la cuenta de que los Kirchner ejercen el poder de forma perversa y no tienen amigos sino meras conveniencias? ¿O ya lo sabe y aún así acepta las reglas de juego porque siempre hay margen y algo para negociar? El repentino apoyo a Ricardo Alfonsín no puede venirle mejor a la Pingüinera, puesto que le quita la condición de radical favorito a Julio Cobos. A estas alturas y en estas esferas de la política las casualidades no existen.
Si es como dice el senador Sergio Flinta y el futuro de Corrientes depende de la reunión de hoy con Cristina, la situación es más grave de lo que se pensaba. Porque estar en manos de los K ahora que el poder está girando puede soliviantar cualquier acuerdo, por más ventajoso que sea. De nuevo sólo pan para hoy. Pero sobre todo porque atar la suerte correntina a la lucha descarnada que se insinúa para las presidenciales del año que viene es demencial y absurdo. A no ser, claro está, que únicamente importe conservar el Gobierno, mientras las urgencias de miles de comprovincianos -algunas endémicas y otras propias de una forma de gobernar que muchos, incluso radicales, ya dan por agotada tras ocho años- siguen diluyéndose en las laberínticas e impotentes acciones de quienes apenas saben administrar pobreza.




Comentá la nota