Los 19 jefes comunales coinciden en un recambio generacional cuando a caduque el mandato de la conducción actual. La división entre quienes adhieren a Daniel Scioli o Juan Gabriel Mariotto podría ser un obstáculo en el futuro inmediato. Los dos aspiran a coronar ese proceso convirtiéndose en el nuevo presidente.
El impulso a un recambio que no será solo de nombres sino generacional, de imponerse el criterio de la abrumadora mayoría de los 19 intendentes que accedieron al poder municipal en el 2007, podría entorpecer los planes que urden sobre ese proceso el gobernador y su vice, lanzados a una abierta competencia por aglutinar voluntades que los doten de consenso. O, en el peor de los casos, inhabilitar que otras se vuelquen en su contra.
Ese relevo había logrado el visto bueno de Néstor Kirchner como parte del acercamiento que intentó experimentar con los jefes comunales luego de la derrota electoral que sufrió a manos del peronismo opositor en el 2009 y que algunos de sus más íntimos atribuyeron a una supuesta “traición” de varios de ellos.
De forma paradójica y aunque se transformó en un punto de inflexión clave en la relación con el gobierno nacional, el presunto listado con los responsables de esa maniobra no se vio reflejada en el reparto de cargos durante la discusión de las candidaturas a legisladores por la provincia de Buenos Aires.
Por el contrario, la necesidad de asegurarse lealtades mediante la inserción en ellas de representantes de “La Cámpora” y de otros cuya presencia obraría como reaseguro de lealtad al oficialismo habría terminado por resquebrajar la confianza de varios alcaldes en la conducción del proceso político resultante de la ausencia de Kirchner.
Luego de las internas abiertas y con cierto recato, algunos ultra K comenzaron a ufanarse de que aún antes de ser electo vicegobernador, a Mariotto se le garantizaría el respaldo de 11 intendentes de la Tercera Sección Electoral (ver infografía.)
Audacia que implicaba desconocer los fluidos contactos que algunos de ellos venían manteniendo con Amado Boudou. Como el intendente de Lanús, Darío Díaz Pérez, ahora cerca del segundo de Scioli. O forzar todavía más la tensión existente entre el de Avellaneda, Jorge Ferraresi, y del senador e histórico caudillo del distrito, “Cacho” Álvarez. E, incluso, la incómoda convivencia de Francisco “Barba” Gutiérrez de Quilmes con su rival interno pero a la vez aliado de Mariotto: el senador Aníbal Fernández.
U otra intentona todavía mayor, como la de detonar la base de sustentación de Julio Pereyra en la Tercera Sección Electoral, amagando interferir en su relación política con Daniel Di Sabatino (San Vicente), Gastón Arias (Brandsen), Aníbal Regueiro (Presidente Perón), Gustavo Arrieta (Cañuelas) y Alberto “Tacho” Sobrero (Lobos.) Tal vez para no romper puentes pero permanecer equidistantes, este grupo mantiene abierta la comunicación con Fernando Gray (Esteban Echeverría), contacto indirecto con Martín Insaurralde en Lomas de Zamora.
Ante la ausencia por enfermedad de Pereyra fue Gray quien negoció en nombre de los distritos “chicos” la inclusión de Arrieta en un lugar expectante de la lista de senadores provinciales. Ese grupo abandonó las negociaciones insatisfecho con el séptimo lugar que terminó para Alberto de Fazio, subsecretario de Asuntos Municipales del gobierno bonaerense y ahora con butaca en la Cámara Baja provincial.
Esa experiencia, que demuestra que el resultado del pasado 23 de octubre superó incluso las expectativas del oficialismo, marcó un antecedente: Esos jefes comunales fueron quienes lograron la llegada de Arrieta al ministerio de Asuntos Agrarios donde habría jugado a favor la afinidad que Gray mantiene con Scioli, según confiaron algunos desde su entorno.
De allí, además, creen haber extraído en una enseñanza que apuntan a convertir en doctrina con sus próximos pasos. “La idea es sentarse y negociar con quien sea pero levantarse e irse como hicimos con las listas si no se contemplan nuestros intereses” resumió el colaborador de uno de ellos.
La reunión en Brandsen que convocó Pereyra en su condición de presidente de la Federación Argentina de Municipios (FAM) el pasado 24 de febrero y con la excusa de conmemorar el 66º aniversario del primer triunfo peronista en as urnas fue fiel reflejo del estado de ebullición que comparten los intendentes de la Tercera y el corte transversal que supone un recambio generacional en puestos de mando que comparten más allá de su alineamiento con Scioli o con Mariotto.
Fuera de la puja abierta entre Insaurralde y Rubén Darío Giustozzi (Almirante Brown) por ocupar la presidencia del bloque PJ de la FAM, Gray y Díaz Pérez están entre los promotores de que el cargo quede para algunos de ellos. Iniciativa que resisten Pereyra, Juan Patricio Mussi de Berazategui, Gutiérrez y Ferraresi, en una discusión que se dio con la notoria ausencia de jefes comunales aliados al vicegobernador, que habría intentado con esa fórmula terciar en un ámbito donde no tiene voz ni voto sino a través de terceros.
Sea para cual fuese el espacio en disputa, se trata de un debate que conmueve los cimientos de Pereyra a frente del organismo. Asumido como representante de Insaurralde en esa competencia, Gray logró alinear con él a Di Sabatino, Arias, Arrieta, Regueiro y Sobrero. La oposición de Gutiérrez y Ferraresi a esa movida proyecta las sombras de Fernández y de Álvarez. Tanto como la de Juan José Mussi sobre la de su hijo e intendente Juan Patricio: fórmula con la que el viejo caudillo logró que el trasvasamiento fuese una ceremonia casi de índole familiar.
La pelea es un adelanto de la que seguramente tendrá lugar por la renovación de autoridades en el PJ bonaerense donde pese a las modificaciones introducidas por Kirchner, siguen conservando su influencia los viejos caudillos del peronismo.
De forma paradójica, son el producto de la última experiencia exitosa iniciada por un intendente del Conurbano para adueñarse por 20 años de la conducción partidaria y regir los destinos de la provincia de Buenos Aires, como imaginó y concretó Eduardo Duhalde. Aunque no lo vayan a admitir porque es contrario a sus intereses, la mayoría de los jefes comunales interpretan como jurisprudencia ese tramo de la historia.



















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