El oficialismo y la principal fuerza opositora de la ciudad van pensando en las próximas elecciones. Los candidatos naturales son Pulti y Baragiola. Pero los dos pueden inclinarse por otros destinos. El kirchnerismo jugará su papel
El intendente sueña con ser reelecto. Pero es un sueño que no contará mientras el calendario electoral no lo obligue. Ya lo hizo en las elecciones legislativas del año pasado: esperó hasta el último minuto previo al cierre de las listas para anunciar su nómina de concejales e inscribirse como candidato “testimonial” a senador provincial por el Frente para la Victoria.
Si algo le enseñó la política a Pulti es que nunca conviene precipitarse. Sabe desde que asumió, en diciembre de 2007, que para aspirar a un segundo mandato primero tiene que terminar bien el primero. Terminar bien, para Pulti, es alcanzar una buena aceptación en las encuestas. Esas que ordena realizar con frecuencia y que le siguen arrancando sonrisas.
Como Daniel Katz cuando se acercó al kirchnerismo, ya hay versiones sobre un futuro político de Pulti fuera de Mar del Plata. Es uno de los nombres que barajan en la gobernación bonaerense como posible compañero de fórmula de Scioli. Pero para ese casillero hay tantas posibilidades que hace poco, consultado por una revista provincial, un legislador kirchnerista llegó a dar once nombres: un equipo de fútbol completo.
Los que conocen al intendente atestiguan sus intenciones de permanecer en Mar del Plata. El argumento es sencillo: si peleó veinte años desde una banca del Concejo para llegar, no será para irse en apenas cuatro. Pero no todos le recomiendan el camino de la reelección. Uno de sus secretarios preferidos, por ejemplo, suele comentarle que los gobernantes deben dejar sus cargos cuando están bien con la sociedad, no cuando se avecina el derrumbe.
Para que el intendente le haga caso, lo que no es probable, es imprescindible que se dé una condición: el candidato del oficialismo en Mar del Plata tiene que figurar primero en las encuestas. No está en la cabeza de Pulti repetir la experiencia de Katz, que cuando se jugó su chance nacional abandonó la ciudad. En rigor, inventó un candidato de un día para el otro, que es lo mismo.
Marcelo Artime es el reemplazo natural de Pulti. Sin embargo, todavía no luce en las encuestas como para ser candidato a intendente el año que viene. Tampoco Eduardo Pezzati, otro de los nombres que siempre arrima el jefe del Municipio entre las opciones de Acción Marplatense. Tanto uno como otro están debajo de la jefa del bloque radical de concejales, Vilma Baragiola, en cuanta encuesta se realice en la ciudad.
El partido gobernante tiene, por lo tanto, un asunto pendiente: la construcción de un sustituto fuerte para Pulti. Es una tarea que deberá comenzar tarde o temprano. Sucede que Pulti podrá buscar la reelección en 2011, pero la historia no se termina el año que viene.
Sea cual sea el candidato, Acción Marplatense volverá a aliarse con la Casa Rosada. Sobran los indicios para afirmarlo. El desafío de los kirchneristas locales es escribir nombres en la lista de concejales. Para eso trabajan. Buscan evitar que se repita el mal trago de 2009, cuando debieron mirar de afuera al único que se quedó con la lapicera: el intendente.
Lejos de Pulti, pero también de los que le siguen, el segundo lugar en la consideración de los marplatenses pertenece desde hace tiempo a Baragiola. Cualquier radical sabe que si ella decide ser candidata a intendente es muy difícil que alguien se le oponga. El problema para la UCR local es que Baragiola duda: también está entre sus opciones volver a ser diputada nacional.
El dilema de Baragiola, más que el de postularse a intendente o a diputada, es si en realidad desea afrontar otra elección en Mar del Plata con posibilidades de perder. Eso sucedería si su rival vuelve a ser Pulti. Las dudas de la concejal se esfumarían si el intendente decide no ir por la reelección. Ahí sí buscaría otra vez la Intendencia, pues se cree con grandes probabilidades de ganarle a cualquier otro competidor.
Los otros radicales que tienen aspiraciones electorales son los que tienen aspiraciones a sucederla, en algún momento, en la jefatura del bloque radical del Concejo: Carlos Katz y Maximiliano Abad.
Katz volvió al radicalismo después de la excursión que hizo con su hermano por el kirchnerismo. Apenas asumió la banca mostró un perfil bajo. Pero ese plan ya quedó atrás: ahora quiere ser protagonista de cuanta pulseada política o legislativa exista. Por caso, fue el único que firmó en disidencia el dictamen del Consejo de Inversiones sobre el proyecto para la vieja terminal de ómnibus.
Abad empezó a forjarse como candidato desde hace unos meses. No pocas carteleras de la ciudad muestran afiches con su rostro. Hace campaña para que las estaciones de servicio no les carguen nafta a los motociclistas que no lleven casco. Antes la había hecho por su página de Internet y por la eliminación de los basurales clandestinos. Es el único de los 24 concejales de la ciudad con semejante despliegue publicitario. ¿Para qué si no para ponerse algún día el traje de candidato?
El dato incierto es si 2011 es un destino posible para él. En el radicalismo aseguran que trabaja con la mirada puesta más allá del próximo turno electoral. Su juventud le permite jugar con el tiempo. El interrogante se abre cuando se piensa en un panorama electoral para el año que viene sin Baragiola como candidata radical. ¿Acaso se animaría a dar la pelea?
Un nombre impensado ha comenzado a circular en los últimos días: el de Gustavo Serebrinsky. El diputado nacional fue otro de los que se embarcaron en el proyecto de los Kirchner. También lo terminó abandonando para volver al redil de la UCR. Otra incógnita para el 2011 es si el centenario partido aceptaría un candidato a intendente con pasado kirchnerista.
El oficialismo local y su oposición más fuerte, la UCR, no hablan en público de las próximas elecciones: las analizan con esmero en las reuniones internas. El duelo de Pulti y Baragiola podría repetirse. Pero los dos partidos dependen de la decisión de sus principales figuras para otear un panorama más claro








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