La tentación kirchnerista de romper todos los acuerdos

Por Jorge Rosales

Lo revolucionario de esta semana sería que el Gobierno y la oposición se pusieran de acuerdo.

¿Puede pasar? En un país acostumbrado a las negociaciones políticas, en el que una parte esté dispuesta a ceder para no perder todo, podría ser. Pero en la Argentina de los últimos años la palabra prohibida para la política parece ser negociación.

Desde El Calafate se dio la orden de tensar la cuerda ante la posibilidad de un fracaso para el Gobierno. Marcaron el terreno porque la oposición no renuncia a su intención de anular el decreto de necesidad y urgencia para usar las reservas del Banco Central, el último, el que provocó la ira de los diputados y senadores porque fue anunciado por Cristina Kirchner en plena asamblea legislativa.

El senador José Pampuro, uno de los pocos cultores del diálogo en las filas del kirchnerismo, está haciendo un esfuerzo solitario de tender puentes con el radicalismo con la intención de evitar la colisión de poderes. Pero le desconfían los propios, y los adversarios creen que sin el aval de Néstor Kirchner ese intento puede transformarse rápidamente en un ejercicio abstracto.

Pasado mañana y el jueves, la oposición procurará llevar a la práctica sus amenazas, que no ha bajado. Quiere poner en caja al Gobierno y a la Presidenta por haber amenazado con desconocer a la Justicia y a las resoluciones del Congreso en materia de pago de deuda con reservas. Todos han tensado demasiado la cuerda en las últimas horas.

Los próximos serán cuatro días en los que Gobierno y oposición se pondrán a prueba, otra vez. El gran interrogante es si están dispuestos a pagar los costos que genera un acuerdo. Los recuerdos de fracasos anteriores sobrevuelan, por eso sería sorprendente un entendimiento. Casi revolucionario.

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