La tentación K se alimenta con la crisis europea

Fernando Gonzalez

Hay una línea sutil que une dos de los conflictos importantes que enfrenta la segunda gestión de Cristina Kirchner en estos días.

Tanto en la ofensiva contra Repsol-YPF, que incluye las versiones de reestatización de la petrolera (ver pág. 18), como en los crecientes roces diplomáticos con Gran Bretaña por las Malvinas, el Gobierno busca sacar partido de las dificultades que españoles y británicos atraviesan por culpa del terremoto económico global con epicentro en Europa.

Hay un grupo de funcionarios (Guillermo Moreno, Héctor Timerman, Amado Boudou) que están convencidos de la oportunidad que ofrece la crisis europea para avanzar sobre líneas sensibles como la conducción de YPF y que celebran los torpes desafíos colonialistas del conservador Daniel Cameron porque le permiten a la Argentina tocar la fibra fácil del sentimiento malvinero y olvidarse del ajuste en marcha. Otros kirchneristas como Julio De Vido o Ricardo Echegaray prefieren la moderación para concentrarse en el horizonte complicado de la economía argentina. La Presidenta escucha los argumentos de unos y otros. Pero, en los últimos tiempos, privilegió las ideas de quienes más se entusiasman con los fuegos artificiales de la épica nacanpop.

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