Tensión en la UCR por el respaldo al matrimonio gay

El voto de Sanz y Morales en favor del proyecto oficialista causó una fuerte polémica interna
Tan sólo unas horas después de la aprobación del matrimonio gay en el Senado, el Gobierno celebró y la UCR, el principal partido de la oposición, quedó envuelto en la polémica y los pases de factura.

Masticando bronca, la decena de senadores radicales que votaron contra el proyecto ayer volvieron a sus provincias con una derrota bajo el brazo.

"¿Cómo explico en mi pueblo que el kirchnerismo ganó por el voto de los presidentes de la UCR y del bloque radical?", se preguntó ante La Nacion un senador abiertamente contrario al matrimonio entre personas del mismo sexo.

Su reproche apuntaba a Ernesto Sanz y Gerardo Morales, presidente del partido y de la bancada radical, respectivamente, que junto a los senadores Eugenio Artaza ("Nito"; Corrientes), Alfredo Martínez (Santa Cruz) y Oscar Castillo (Catamarca) fueron los únicos radicales, de un bloque de 16, que votaron a favor del proyecto.

La verdad es que, si bien durante todo el proceso de tratamiento del matrimonio gay la postura radical fue darles a sus legisladores libertad de conciencia para votar, el ajustado triunfo y las tácticas que usó el kirchnerismo para lograrlo hicieron tambalear esa estrategia en el Senado.

Después de dos días de tira y afloja, en una reunión de bloque previa a la sesión, el grupo que se oponía al matrimonio gay acusó a Morales y Sanz de "ser funcionales al kirchnerismo", y les pidieron que no fueran a la sesión hasta que el kirchnerismo consiguiera quórum por sí mismo.

"Fue una gran jugada de Kirchner para dividir a la oposición; nos sacaron la posibilidad de armar una buena propuesta de unión civil. Nosotros no queríamos que esto fuera un River-Boca, pero terminó así", dijo el senador Juan Carlos Marino (La Pampa) a La Nacion.

"El kirchnerismo tuvo prácticas repudiables, desde remover senadores de una comisión hasta mandar a otras dos de viaje a China. No podíamos avalarlo", argumentó el senador José Cano (Tucumán).

Cano y Mario Cimadevilla (Chubut) se enfrentaron a los gritos con sus correligionarios para que no dieran quórum, según contaron a este diario varios testigos de la reunión. "No se discutió la votación, sino que había que exigirle al oficialismo que se sentara en su banca", según Cano.

Para Sanz, Morales y el resto, esa no era una opción viable. Desde que el proyecto ingresó al Senado, ellos habían avisado que lo apoyarían y no podían cargar con el peso de su fracaso a esa altura.

Peor remedio

Además, argumentaron que abortar una ley que ellos consideraban beneficiosa por las tácticas del kirchnerismo era un despropósito, sobre todo porque en su próximo intento el oficialismo seguramente hubiera profundizado su presión sobre los senadores.

De todos modos, intentaron convencer a sus aliados del socialismo y de la Coalición Cívica de no sentarse en sus bancas, pero fracasaron. Sólo Morales, como presidente del bloque, no bajó hasta que el primer orador había empezado su discurso.

"Buscamos alternativas intermedias, pero se extremaron tanto las posiciones porque el Gobierno quiso apropiarse del tema y la Iglesia también", se quejó Morales a La Nacion.

Personas cercanas a Sanz admitieron la pelea, pero la atribuyeron a la gran presión que todos los senadores sufrieron por este asunto. "Los radicales no estamos acostumbrados a tener libertad de acción; siempre votamos disciplinadamente", fue el análisis de Sanz con los suyos.

Al margen del Senado, el malestar por la aprobación del casamiento gay era ayer el tema de conversación entre diputados y dirigentes del partido, que intentaban que volviera pronto la calma para que el partido siguiera su camino hacia 2011.

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