Varias unidades de las 200 viviendas de Alto Comedero fueron usurpadas por intrusos, que valiéndose de barretas y hasta de cerrajeros contratados para llevar adelante su cometido, violentaron los futuros domicilios de quienes esperan por años tener su casa propia.
Sus despobladas calles, la mayoría de ellas todavía inhabilitadas al tránsito, y la presencia de decenas de personas en las puertas de cada una de las viviendas, entregaban ayer una postal extraña. Y no es precisamente una imagen emparentada al recibimiento amigable que podría efectuar una barriada común a un visitante ilustre, por ejemplo, sino a gente intrusa que para marcar territorio se mezcló con quienes esperaban recibir su vivienda con "todas las de la ley", y plantaron en esa parada su bandera de lucha.
Varias horas de tensión se vivieron desde el mediodía del martes hasta ayer bien entrada la tarde. Es que el objetivo de defender su vivienda de la peligrosa presencia de los ocupas, puso en vilo a numerosas familias y llevó incluso al enfrentamiento cuerpo a cuerpo. La disputa entre los pre-adjudicatarios y quienes intentaban tomar por la fuerza las unidades habitacionales, tuvo varios capítulos que no pasaron a cuestiones mayores sólo por el tino de los menos exaltados, mientras la presencia policial se hacía notar a la distancia.
El aire espeso que se respiraba, más las miradas con recelos y las custodias de las casas con extremo cuidado, dejaban translucir los ánimos agitados, el temor y la impotencia de unos y otros. "Parecería que estamos en el lejano oeste", esbozó un flamante vecino del lugar, que antes de la pregunta se encargó de aclarar que era ocupante legal de una de las viviendas.
Para muchos de los "legales", recibir las llaves de la noche a la mañana no fue un motivo para alcanzar la felicidad plena, ya que la recomendación, a modo de advertencia, era que debían ocuparlas inmediatamente por la amenaza latente de una posible usurpación. A raíz del contexto social emergente, el Ivuj -de acuerdo al relato de varios vecinos- resolvió entregar las viviendas a sus pre-adjudicatarios, para que éstos se encarguen de su custodia.
La situación se tornó insostenible y así como se produjo esta toma, en forma abrupta y violenta, la construcción de una relación de vecindad se hará mucho más complicada, porque el que recibió su casa después de años de gestionarla y esperarla, no tendrá la misma mirada ni trato con aquel vecino forzado que le quitó a otra familia su posibilidad de acceder al techo propio.
Hasta tanto se acomoden las piezas y el Gobierno tome una determinación, el clima de tensión seguirá latente, como el efecto dominó que se produjo en distintos puntos de la provincia a partir de los hechos ocurridos la semana pasada en Libertador.
Comentá la nota