Tensa expectativa para una histórica elección venezolana

Tensa expectativa para una histórica elección venezolana
El presidente Chávez buscará mañana su tercera reelección. El opositor Capriles quiere impedirlo. Cómo fueron sus propuestas y cuál es el modelo de país que impulsan. El fin de una dura campaña.

Por Jesús Uzcategui desde Caracas.

Jacqueline encarna el estereotipo de la mujer venezolana que compone a los sectores más pobres: con 24 años de edad, es madre soltera de dos niños, a los que tuvo en su adolescencia. Con estudios inconclusos, no tiene otra alternativa que dedicarse a cajera de un supermercado. Si incluye la suya, serían tres bocas que alimentar, y su sueldo, ligeramente superior al salario mínimo de 476 dólares –190 al precio que hoy cotiza el mercado negro– la obliga “a hacer milagros”.

Pero asegura tener un aliado que le ha hecho ver luz al final del túnel. Su casa, por ejemplo, la estrenó este año gracias a un programa social del gobierno destinado a la construcción masiva de viviendas para atajar el inmenso déficit que se cuenta en 3 millones y que, para este año, según cifras oficiales, ha superado la meta de 200 mil entregas.

“Es una bendición; a Chávez lo mandaron a la Tierra Dios y Simón Bolívar”, son sus palabras de agradecimiento para un presidente que, más allá de ser un gobernante, se ha convertido en una figura de culto. Y ha sido ése el anzuelo que muerden sus simpatizantes. El amor y la fidelidad hacia un líder y su revolución, más allá de lo que se haya hecho en casi 14 años de gobierno, es el mensaje que el abanderado del llamado socialismo del siglo XXI intentó inyectar en las conciencias bajo el eslogan “Chávez, corazón de mi patria”, regado en todos los rincones del país en afiches, vallas y murales.

Caridad, que en este caso viene a ser la otra cara de la moneda, es una socióloga cercana a los 50, también madre de dos hijos y que se ajusta con precisión a las características de una mujer de la clase media. Se dice arrepentida de haber votado al líder de la revolución bolivariana en 1998, cuando accedió por primera vez al Palacio de Miraflores, y luego en 2000 y 2004. “Chávez se mostró como el hombre del cambio frente a un sistema de partidos al que se le venía encima el fracaso. Pero luego me sentí defraudada, traicionada ante sus ambiciones de controlar todo el poder”, explica.

El descontento no sólo viene por su talante totalitario denunciado innumerables veces por ONGs y la CIDH. Problemas que afectan a los ciudadanos de a pie, como la inseguridad que reina en todo el país y que en la última década se ha cobrado la vida de más de 150 mil personas, se suman a los incesantes cortes de electricidad –excepto en Caracas– o el pésimo estado de las carreteras luego de que pasaran a manos del gobierno central.

Ante tamañas deficiencias, el eslogan de Henrique Capriles, candidato de la oposición agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática, reza que “Hay un camino” que propone soluciones a una Venezuela minada de problemas. Su ambiciosa campaña, que no se veía desde los 70 con Carlos Andrés Pérez, lo ha llevado a predicar su mensaje por más de 300 pueblos y ciudades del país, en una extenuante cruzada que ha hecho mella en su esbelto físico, al punto de que quienes lo quieren lo apodan “el Flaco”.

Venezuela se encuentra en período de reflexión luego de haber presenciado un trimestre de intensa campaña. Será mañana, cuando más de 18 millones de ciudadanos tengan la facultad de escoger entre dos alternativas de país, ambas producto de la polarización que se vive desde 2002.

La primera de ellas, vista desde el visor oficialista, es la “profundización de un sistema socialista dedicado a los olvidados de siempre frente a una propuesta neoliberal”, según el diputado a la Asamblea Nacional por el Partido Socialista Unido de Venezuela Earle Herrera.

Mientras que para la visión contraria, el símbolo del 7 de octubre se trata, a juicio del escritor y miembro de la Academia Venezolana de Historia Elías Pino Iturrieta, “de que no se está votando por un partido o por un candidato, sino por el entendimiento del concepto liberal con el que se inició la vida republicana en Venezuela, que básicamente dista del modelo de empoderamiento que hoy impone el poder central”.

Las cartas están echadas y la expectativa se centra en el rumbo que tomará la nación caribeña en esta encrucijada que se define mañana.

Chávez, alerta

En su última entrevista antes de que comenzara la veda electoral, el presidente venezolano Hugo Chávez se mostró dispuesto a dialogar con sectores de oposición y afirmó que “en estos años que han transcurrido, nosotros hemos venido avanzando en un proceso de reconciliación”. En un reportaje transmitido por la TV oficial en los últimos minutos de la campaña, Chávez dijo estar “dispuesto al diálogo franco para darle un mayor clima de paz, estabilidad y tranquilidad a Venezuela”. Recordó los tiempos en que el país estuvo al borde de la “guerra civil”, y sostuvo que “hoy el clima nacional es muy distinto al de hace veinte años”.

Capriles, confiado

Confiado en que ganará las elecciones de mañana, Henrique Capriles Radonski le prometió un retiro digno a Hugo Chávez. “Al presidente le hemos dicho que en la Venezuela del progreso tendrá esa segunda oportunidad a la que toda persona mayor tiene derecho: la de un empleo que le genere ingresos”, afirmó ayer el único candidato presidencial de la oposición venezolana. Al mismo tiempo, advirtió que en un eventual gobierno suyo “los casos de corrupción cometidos durante los últimos 14 años serán juzgados por los tribunales”. Capriles ya había prometido que no perseguirá judicialmente a sus rivales si se convierte en presidente. “No vengo a construir un país donde la palabra revancha esté presente –enfatizó–. El que tenga cuentas con la Justicia tendrá que reportarle a la Justicia”.

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