"Tengo diferencias políticas con Moyano"

"Tengo diferencias políticas con Moyano"
El diputado de extracción gremial dice que asiste a las reuniones sindicales pero no a los actos del moyanismo.
Ignacio Chausis.

Yo a las reuniones sindicales voy, a los actos políticos no, porque tengo una diferencia política en ese sentido", explica Héctor Recalde, diputado nacional por el Frente para la Victoria y uno de los principales asesores legales de la CGT, a la hora de marcar su posicionamiento en medio del conflicto –cada vez mayor– entre el sector moyanista y el gobierno. Dice que es necesario repensar una reforma a la Constitución, critica el 0800 macrista y defiende la militancia de los más jóvenes en agrupaciones como la Juventud Sindical y La Cámpora.

–¿Estamos en una dictadura, como comparó Moyano al referirse al gobierno?

–No creo que Moyano haya dicho que vivimos en una dictadura. Ahora, si usted pregunta mi opinión, yo le digo que de ninguna manera vivimos en una dictadura. Hay absoluta libertad de expresión. Y la prueba más cabal es lo que sucede con los medios hegemónicos de comunicación. La cantidad de diatribas, insultos, descalificaciones de la investidura presidencial para abajo demuestra que hay una total libertad de expresión. Y, además, la reconquista que hubo de derechos sociales y laborales indica eso.

–En medio de un enfrentamiento cada vez más intenso, ¿cómo hace equilibrio para asistir a un acto con Hugo Moyano?

–A las reuniones sindicales voy, a los actos políticos (de Moyano) no, porque tengo una diferencia política en ese sentido. Yo soy un diputado oficialista, Moyano ahora va a integrar listas para el 2013. Soy respetuoso de eso, pero no pienso lo mismo. Él lo sabe, lo venimos conversando desde hace mucho. Respeto sus convicciones, pero no opino lo mismo. Como digo que él, defendiendo a los trabajadores, es un excelente dirigente sindical.

–¿Es una pelea personal la de Moyano con el gobierno?

–No lo sé, debería preguntarle a Moyano, sería una interpretación absolutamente subjetiva la mía.

–Como cualquier interpretación.

–Pero en este caso enteramente subjetiva, no basada en hechos objetivos.

–¿Cómo percibe el nuevo escenario en la relación del movimiento obrero con el gobierno?

–Esa alianza estratégica que existió durante ocho años entre el gobierno y la CGT conducida por Moyano favorecía a los trabajadores y la réplica fue que los intereses económicos concentrados aplaudieron cuando se produjo esta diferencia que pensé en un principio que era de agenda, pero que evidentemente se ha profundizado más. Políticamente, la sociedad argentina y el peronismo han demostrado que tienen una conducción unívoca que es Cristina Fernández, y en lo sindical la mejor referencia que hemos tenido estos años ha sido Hugo Moyano. Tengo diferencias políticas para con Moyano, pero creo que como dirigente sindical fue de lo mejor que le pudo haber pasado a los trabajadores en los últimos tiempos. Lo que yo siento y me duele es que haya cambiado este panorama. Son responsabilidades ajenas a mi voluntad.

–¿Por qué no se da la unidad?

–Creo que hay una crisis de representatividad, la cual trasciende al movimiento obrero. Uno ve los partidos políticos y pareciera que también hay una crisis de representatividad. En la oposición no hay un referente, ni un partido ni líder que conduzca y concite el apoyo indubitable. En el oficialismo está Cristina, pero después de ella, nadie más. Esto también es crisis de representación. Entonces, me parece que hay cosas que suceden que a uno le llaman la atención.

–¿Por ejemplo?

–Tengo amigos que piensan lo contrario que yo y, sin embargo, la política nunca cuestionó los afectos, coexistieron. Yo veo que ahora, en algunos o en varios, pareciera que hay alguna contradicción entre el afecto y la posición política. Entonces, me parece que esto hace daño a la sociedad. Hay que tratar de restaurarlo, discutir mucho y ver cómo se reconstruye eso, porque nadie piensa a esta altura del partido que pueda prevalecer un pensamiento único. Lo que se está dando es una confrontación al revés. En algunos casos el pensamiento político chocaría con el afecto y esto no debería ser. A mí no me va a escuchar jamás atacar a un contradictor, y no por falta de ganas. Lo importante es discutir el pensamiento y la idea.

–Cada vez se habla más de reformar la Constitución, con la reelección presidencial de fondo. ¿Cómo ve ese debate?

–Hablar de reelección pensando que la Constitución Nacional establece que no hay más posibilidad que la existente hoy, que establece que Cristina no puede ser reelecta, me parece que sería anticipar una discusión. Otra cuestión es qué pasa con nuestra participación. Y hay un sector importante del peronismo que por nuestra ideología y filosofía no tenemos nada que ver con lo que pasó con nuestra Constitución Nacional después de la derogación de facto de la Constitución del '49. No participamos en el '57 ni tampoco tuvimos participación en la reforma del '94. Entonces, pensar que esta es una Constitución sin la participación de un sector popular importante, no el único, pero importante, sería cristalizar una cosa que no es adecuada.

–¿Por qué es tabú repensar la Constitución Nacional que tiene un corte de mediados del siglo XIX? El mundo cambió. En el ‘94 hubo una reforma pero con una participación muy sesgada, Pacto de Olivos mediante, cosa que hizo que miráramos con aprehensión esa reforma. ¿Qué aspectos cambiaría?

–Hay cuestiones importantes que uno tendría que ver en cuanto al sesgo de la Constitución Nacional. Por ejemplo, la Constitución del '49 establecía la función social de la propiedad. En mi especialidad me cuesta a veces defender derechos cuando me plantean la contradicción entre el derecho a huelga y el derecho a la propiedad, como si este último estuviera por encima de todo. En cambio, cuando la Constitución del '49 hablaba de la función social de la propiedad ya no había otros argumentos de defensas de este derecho de huelga, que es el único que tiene el trabajador para defender todos los demás. Además, nuestra Constitución no habla, por ejemplo, del derecho a la información. También hay cosas para aclarar, como la interrelación que tienen los derechos. Por ejemplo, qué pasa con la cesión de soberanía en los tratados que tienen que ver con el CIADI, y que ahora son materias de discusión en las reformas al Código Civil y Comercial. ¿Por qué no pueden ser materia de la Constitución Nacional? El nudo gordiano de la inspiración filosófica de la Constitución Nacional no fue tocado, esa es la realidad. Pero claro, todo está teñido con la reelección, entonces es difícil tocar este tema sin que se tiña con esto.

–En definitiva, ¿apoyaría una reforma y un tercer mandato?

–Para mí la conducción del movimiento la tiene Cristina Fernández de Kirchner, no tengo dudas. ¿Qué va a pasar de acá a tres años? Es muy prematuro para saberlo. Además, es ir al juego de aquellos que dicen que estamos instalando con fórceps el tema. Entonces, dejemos que los acontecimientos se sucedan. Napoleón decía que todo soldado tiene en su mochila el bastón de mariscal. Hasta ahora no veo ningún otro bastón que el de Cristina.

–¿Y Mauricio Macri?

–(Risas) Nooo. ¿Usted no tendrá un 0800 para denunciarme?

–A propósito, ¿qué le pareció esa iniciativa?

–Algo terrible, malo en todo aspecto. Es el 0800 Buchón, esto de la delación, todas cosas que no deben pasar. Lo mismo que con El Eternauta. (Esteban) Bullrich (ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires) tendría que haber asesorado a Macri, y este informarse mejor sobre quién fue Oesterheld y cuál es el contenido. Es un desprecio por la militancia. Isidorito Cañones podría pretender algunas otras cosas pero no esta sensibilidad social. Lo mismo que la reglamentación de las asambleas de trabajadores o el tema de haber modificado de hecho la ley del Ministerio de la Ciudad. Con la huelga de los metrodelegados había desaparecido la Subsecretaría de Trabajo. Actuó porque una jueza lo intimó, si no no actúa, con el desastre que significó diez días de huelga para toda la sociedad, tanto capitalina como los compañeros del Conurbano que vienen a trabajar a Buenos Aires. Con un desprecio, una soberbia que uno no puede compartir. «

Admite un "déficit" en la democracia sindical

–Hace unos días se generó una pequeña polémica dentro de la CGT en torno a unas declaraciones del titular de la UOM, Antonio Caló, donde señaló que no le parecía mal la existencia de tres o más representaciones sindicales y que, por el contrario, eso favorecía la libertad sindical. ¿Qué opina?

–No creo que no haya libertad sindical. Y lo conozco a Caló, no dijo ni piensa eso. Me parece que se desvirtuó lo que él había dicho. Caló no está en contra del modelo sindical. Yo tengo absoluto respeto por Caló y, en definitiva, estoy defendiendo lo que él dijo. En nuestro país existe libertad sindical y la ley la promociona. Uno puede afiliarse, no afiliarse o desafiliarse al sindicato, incluso la ley sindical defiende en términos absolutos la libertad sindical cuando dice que todo trabajador, contra todo acto de discriminación o de persecución, tiene derecho a un amparo. ¿Cuál es la discusión? Donde sí creo que hay un déficit es en la democracia sindical interna. Esto de la lista única, de los padrones, de los procesos electorales…He defendido muchas listas de oposición contra grandes sindicatos, conozco el tema desde la doctrina, la experiencia y desde adentro. Se debe trabajar para que haya mayor participación de los trabajadores en la vida sindical. Ahora hay mucha participación juvenil. Hay dos ejemplos muy buenos, que son la Juventud Sindical y La Cámpora.

– ¿Hay una demonización de La Cámpora?.

– Lo que veo es que no hay respuesta de La Cámpora. Los muchachos militan. Lo sé porque tengo experiencia personal y por relaciones familiares. Mi hijo Mariano fue presidente del centro de estudiantes del Buenos Aires desde el peronismo. Es más fanático que yo. A su primera hija le puso María Eva, y si era varón le quería poner Juan Domingo. Militó toda la vida, fue dirigente en el gremio judicial. Cinco años después "El Cuervo" Larroque, desde el peronismo, fue presidente del centro de estudiantes de Buenos Aires. Son militantes, entonces, que ocupan lugares de conducción, sea en la Cámara de Diputados, en empresas recuperadas como Aerolíneas Argentinas… Lo que ha renovado la flota, la puntualidad que está teniendo. Además, es una empresa con seis sindicatos.

–¿Cómo puede impactar el quiebre de la alianza con el gobierno?

–En vez de aprovechar un momento singular en nuestra región, en la Unasur, Mercosur, en profundizar todo este trabajo de constituirnos en un polo de poder frente al concierto mundial, nos vamos por la tangente en vez de plantear cuestiones de fondo, como la función social de la propiedad. Hay que reivindicar los valores y recurrir a las mejores fuentes, porque el peronismo tiene fuentes muy importantes y también el sindicalismo, desde el documento de La Falda, de Huerta Grande, los 26 puntos de Ubaldini, es decir, hay una serie de valores trascendentes. Y se pierde fortaleza en discutir otras cuestiones que son secundarias. Esto uno lo ve con alarma. Hay que generar condiciones para actuar en consonancia con el sistema que comenzó en mayo de 2003 y que a los trabajadores y la sociedad les dio buenos resultados.

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