Entrevista exclusiva con Denisse Domke, víctima del derrumbe del boliche Beara de Palermo.
¿Fueron a Beara a ver el grupo Ráfaga o habían sido invitadas por alguien?
Sabíamos que tocaba la banda de cumbia, pero en realidad fuimos porque nos había invitado uno de los dueños, que nos avisó que en el bar estaría Tiago (uno de los protagonistas de la tira de Telefé Casi ángeles). Ése fue el disparador que hizo que con mis amigas decidiéramos ir a bailar, porque generalmente no salimos, preferimos juntarnos en la casa de alguna a charlar o mirar películas. Así que a las dos y media estábamos en la puerta del local.
¿Cómo hicieron para ingresar si se supone que sólo era gratis hasta las dos de la madrugada?
Cuando llegamos a la puerta había cuatro o cinco chicos que estaban esperando; nos acercamos para preguntar por la persona que nos había invitado. El patovica decía que había que pagar la consumición que costaba veinte pesos, entonces nosotras le mandamos un texto al chico que nos había invitado y él salió a buscarnos. Recién ahí el hombre de la puerta nos dejó pasar.
¿Había mucha gente adentro del local?
Bastante. Eran cerca de las tres de la madrugada cuando empezó a tocar Ráfaga. Había un montón de gente abajo y algunas amigas que estaban arriba dijeron que sentían como que vibraba el boliche.
¿Qué pasó cuando terminó de tocar la banda?
Algunos se fueron porque sólo iban a ver tocar al grupo. Nosotras subimos al entrepiso, donde es el sector Vip. Como no había nadie que controle, comenzó a subir muchísima gente, entonces fue cuando decidimos bajar porque no alcanzaba a escucharse bien la música. Me llamó la atención porque la vez anterior que había ido, un patovica decidía quién podía ingresar al entrepiso y quién no, pero ese día nadie controlaba y por eso todo el mundo estaba arriba. Cuando estábamos abajo nos dimos cuenta de que estaba Tiago, el actor de Casi ángeles, y mis amigas empezaron a decir que volviéramos a subir para sacarnos una foto. Entonces los que estaban en el piso inferior se dieron cuenta de que estaba el actor y, sobre todo las chicas, empezaron a amontonarse en el Vip para acercarse. Yo odio el amontonamiento, pero mis amigas insistieron y subimos. Arriba era insoportable, no se podía caminar. Estaban todos apretados. Te juro que al segundo que subimos las tres nos miramos y dijimos "acá nos venimos abajo", por la cantidad de gente que había, y al segundo se derrumbó. Una de mis amigas y yo caímos con el entrepiso y la otra alcanzó a agarrarse de la baranda y quedó colgada. Se cortó la luz y todo quedó a oscuras.
¿Qué alcanzás a recordar de esos momentos?
Fue horrible. Unos chicos me alzaron y me llevaron hacia la parte de atrás, donde llevaban a todos los heridos. Intentaban despejar el lugar, en la oscuridad absoluta, para poder ayudar a los que habían quedado atrapados en los escombros. Todos lastimados, ensangrentados, y yo no paraba de temblar, toda dolorida y golpeada. En la parte posterior del local había una puerta que creíamos que era de emergencia, pero estaba cerrada con un candado enorme que todos intentaban romper con lo que encontraban pero era imposible. Todo era gritos y figuras que arrastraban a otras en lo poco que se alcanzaba a ver. La puerta daba a un patio interno. Tenía mucho miedo de que se prendiera todo fuego y no poder salir de ese lugar. Nunca viví algo así.
¿Qué es lo que más te asustó?
El darme cuenta de que el bar no tenía salida de emergencia. Lo que creíamos que era una forma de escapar de ese lugar, sólo nos llevaba al patio. Encima, la única puerta que, ante una tragedia, daba a la calle, era la puerta de entrada, que era muy angosto. Todo se complicó porque para acceder a la entrada principal, y única salida, hay un pasillo angosto en el que, en el momento que quedó todo a oscuras, se hizo un embudo por el cual no podíamos salir.
¿Cómo están hoy vos y tus amigas?
la que quedó colgada de la baranda no le pasó nada. Lo de mi otra amiga fueron contusiones y raspones, nada, para lo que pasó. Yo tengo un esguince en el brazo, unos golpes en la cabeza y raspones por todo el cuerpo, poco, por eso me dieron el alta enseguida en el hospital Fernández, a donde me llevó el SAME. Por suerte las tres la sacamos barata, podría haber sido peor, de hecho, costó la vida a dos chicas que podríamos haber sido nosotras si mis amigas no hubieran insistido en subir. No volvería a Beara. Ahora, del miedo que me quedó ni quiero salir.
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