"Tenía el berretín de ser periodista"

Dos veces lo tentaron para irse a relatar a Buenos Aires, pero creyó que lo suyo estaba aquí. Anduvo por el mundo, con el fútbol, pero también con el boxeo acompañando a nuestros mejores exponentes.
Mario Vega - Debe haber muchos que imaginan la profesión de periodista como pura bohemia, con noctámbulas tertulias y el divagar de gente en derredor de una mesa de café en torno, en reflexivas conversaciones de política, deporte a idealismos varios. Cuando empecé, hace ya más de tres décadas, eso era lo que imaginaba y lo que anidaba en casi todos los que pululábamos en las redacciones. Si bien cabe admitir que en la radio, y quizás en televisión, algunas cosas son distintas. Pero el tiempo pasó, la tecnología agregó nuevos elementos y el trabajo se hizo diferente y aquellas charlas de madrugada pasaron al arcón de los recuerdos.

Los chicos más jóvenes, cuando se juntan, seguro también hablan de periodismo y habitarán en ellos ideas quijotescas en torno a la profesión. Pero es verdad que las cosas cambiaron, y mucho.

En nuestra ciudad todavía hay una cofradía de "viejos" periodistas que, de vez en cuando, al encontrarse -casi siempre circunstancialmente- evocan antiguas y queridas épocas. Uno de ellos es Juan Carlos Carassay, auténtico referente de la radio que hoy desarrolla lo suyo en televisión, con un programa que -sin dudas- cala hondo en el sentimiento de la gente. Porque "El Invitado" estimula a desempolvar remembranzas, a introducirse en el túnel del tiempo para revivir períodos y personajes que ya no volverán -o andan allí quizás sin ser reconocidos-, pero que merecen ser atesorados como parte de la historia misma de nuestra sociedad.

Por allí anda Juan Carlos, de aquí para allá, casi corriendo para organizar, precisamente, la fiesta de "El Invitado", que se realizará el próximo 4 de diciembre, y naturalmente porque el próximo jueves 18 presentará su primer libro.

El hijo del carnicero.

Es sumamente conocido por lo menos en su actuación pública. Su voz cascada resulta inconfundible, y desde hace una decena de años, por lo menos, también su imagen a través de la televisión. ¿Pero quién es Juan Carlos Carassay?

Me acuerdo que las primeras "salidas" que hacíamos los chicos de mi barrio -Villa Tomás Mason-, hace ya muchos años, tenían que ver con la candorosa visita a Rotisería "Carlitos". Allí en la calle Gil -al lado de Marinelli- el lugar se transformaba en la primera pizzería que ofrecía y servía porciones en un par de mesas y en la misma barra. Siempre pensé que había sido propiedad de la familia Mansilla, pero ahora me entero que era propiedad de don Pedro Carassay, el padre de Juan Carlos. "El viejo fue carnicero en Anguil y Santa Rosa, y cuando llegamos aquí puso la rotisería y la gente lo llamaba 'El Gordo Carlos' aunque él se llamaba Pedro. El negocio tenía mi nombre. Mamá es María Teresa Aguirre, apellido vasco de pura cepa, y también era de Anguil", cuenta. Juan Carlos está casado con Silvia Susana Sánchez, docente, y tiene tres hijas que hoy estudian en Córdoba. Julieta (24), casi recibida de médica; Mercedes (23) que estudia Psicología; y Florencia (21) que va a ser odontóloga.

Llegó a Santa Rosa cuando tenía nada más que dos años, y hoy se reconoce un santarroseño empedernido, con obsesiones propias de quién ama su ciudad, su gente y su historia. Un concepto que será recurrente a lo largo de la charla que gira en torno a personajes, reminiscencias, y mil anécdotas que rondan en su mente. Lo conozco hace muchos años y no sé por qué razón -a lo mejor por mi poquedad en el trato con los demás, que a veces suelo lamentar-, si bien muchísimas veces nos encontramos en distintos acontecimientos, sobre todo deportivos, no tenía casi relación con Juan Carlos. Pero hace un tiempo el hielo se rompió y charlamos, mucho, sobre cosas que, al cabo, nos son comunes. Él insiste cada vez que puede con que hay que concretar el Museo Provincial del Deporte, yo comparto la idea, y aunque todo parece bastante complicado casi podríamos decir que es a esta altura un objetivo común.

El abogado que no fue.

Tiene una forma de contar atractiva, jalonada de anécdotas, cuentos e historias aprehendidas en tantos años. Pero siempre lo suyo girará en lo que pasó, en lo que quedó impregnado en su memoria y precisa datos, fechas, lugares y personajes. Sobre todo vinculados al mundo del deporte.

Quiso ser abogado, pero siempre tuvo la obsesión de ser periodista. Hizo la primaria en la Escuela de Varones nº 1, y el secundario en el Nacional. Menciona a algunos compañeros... Jesús Los Arcos Vidaurreta, "El Gallina" Hernández, Carlos De Petris, Mario Ríos, Carlos Rojas, Cristina Funes, Maria Elena Etcheberrigaray... "Ellos eran los mejores estudiantes, pero yo nunca rendí una materia, y más o menos me las rebuscaba".

Un día decidió empezar Abogacía en La Plata pero algo cambiaría su destino. Una vez, en un picnic montó un caballo bravo y tuvo una caída terrible. Tres días internado y cuatro meses con el torso enyesado, más dos años de kinesiología cambiaron definitivamente su rumbo. Se quedaría en Santa Rosa.

El relator.

Eran tiempos de propaladoras, y apenas si se hablaba de que se instalaría una radio, y él seguía con su obsesión. "En La Plata sabía ir a la cancha de Estudiantes y relataba para mi partidos de cuarta división, y a los chicos les iba dando, de acuerdo al número en la espalda, los nombres de los de primera... Etchecopar, Juan Ramón Verón... practicaba. Un día mi amigo Pirincho De La Mata me alentó... vamos a verlo a (Alfredo Dalmiro) Otálora", que tenía Propaladora Argentina. 'Lo vengo a ver porque tengo unas ganas de ser relator de fútbol', le dije cuando me preguntó qué sabía hacer. La nota que le hicieron a Mateu los otros días me hizo acordar a ese momento. Me miró de arriba abajo y me preguntó cuánto quería ganar... 'No, nada. Usted déjeme llevar la valija (con el equipo) a la cancha, no quiero nada, quiero aprender', le contesté".

"Grabábamos los goles y después los pasábamos. Cuando llegó LU33 el único de los que tenía propaladora que quedó afuera fue Otálora, y yo de pasada. Pero un día Julio Heredia frente al Teatro Español me dijo si me animaba a hacer algo en Rodando en el Deporte (clásico que estuvo 20 años en el aire) y ahí fui, con él, Mario Galdín y Lorenzo Marini".

Y sigue recordando: "La primera nota grande fue en un argentino de cesto. Jugaban La Pampa-Tucumán en el club Estudiantes, y si ganaba iba a la final una hora después con Capital. Las llevé a Mery Evangelista y Olga Yorgoban, transpiradas como estaban, al estudio e hicimos la nota. Un golazo", resume.

1.000 transmisiones.

"Siempre me busqué mi plata... comprábamos el espacio y vendíamos publicidad. Algo lindo fue 'Sucesos Deportivos', donde recordaba algo y ponía tango y folklore. Se ve que ya me tiraba eso de recordar la historia".

Transmitió de todo: los regionales de All Boys, Santa Rosa, Belgrano, torneos locales, se dio el gusto de hacerlo en doce Boca-Ríver, de seguir a los millos en una Libertadores, y así con el boxeo. "La primera en el Luna, nada menos, fue una de Golepa desde la tribuna de Bouchard. Pero después vino la revancha y al borde del ring tuve la suerte de estar con Cafarelli, García Blanco, Ulises Barreras". Sin dudas uno de los hitos fue cuando Miguel Campanino, en 1977, peleó por el título del mundo con Pipino Cuevas en México. "No había tele en La Pampa, y transmitimos con Ricardo Arias por Splendid. A mí me tocó comentar. Me acuerdo que nos decidimos con Lito Maldonado (LA ARENA), hablamos con la agencia de Tueros y armamos un contingente de 27 personas que acompañamos al Zorro".

Ricardo Arias lo invitó a hacer la Semana Nacional del Boxeo, "y luego me empezó a llevar a Buenos Aires. Iba en tren los viernes a la noche, a su oficina y de ahí al Luna". Pero además acompañó a Hugo Marinangelis a Montecarlo, a Marruecos; fue a Australia con la selección Argentina -con Maradona y Mac Allister-, y antes había estado en las eliminatorias, incluso cuando el famoso 0-5 en el Monumental contra Colombia. Y más atrás aún en el mundial '78.

Vaya si se dio el gusto aquel pibe que soñaba con que algún día sería relator. Vaya si tiene para contar Juan Carlos, y si tiene fundamento aquello que siempre dice: "Un pueblo que no tiene historia no tiene futuro. Por eso mi pelea para que se haga el Museo del Deporte, para que la historia quede". Para siempre

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