Por Ricardo RoaTodavía no tenés SUBE? No puede ser. No te cuesta nada. Es simple: conseguí tu tarjeta azul”. Parece una broma del peor gusto para quienes hicieron largas colas, al rayo del sol, buscando la tarjetita. Pero eso dice un spot que aparece en el sitio de la secretaría de Transporte.
Lo que ayer no estaba en la misma página era el aviso que originó el descontento y la confusión de todo el mundo: “A partir del 10 de febrero, si querés viajar en tren o en colectivo en el área metropolitana, y no tenés tu tarjeta SUBE vas a perder el beneficio del subsidio. Y tu pasaje lo vas a pagar más caro”.
Un texto nada amigable y mucho más imperativo que el otro, aunque los dos lleven el sello de la Presidencia de la Nación.
Rápido para las descalificaciones, el secretario de Transporte Schiavi había dicho días atrás, en respuesta a una publicación de Clarín , que hablar de aumentos en el transporte es “generar terrorismo mediático” .
Pero ayer no salió a explicar en qué consiste eso de que “si no tenés SUBE, tu pasaje lo vas a pagar más caro”.
¿Qué otra cosa puede ser sino un aumento? El punto es de cuánto. Igual que cuando otros funcionarios deben dar malas noticias o desmentir sus propias declaraciones, Schiavi escondió la cabeza como el avestruz.
Probablemente después de penar de oficina en oficina, todos los usuarios de trenes y colectivos tengan el SUBE. Y allí empezará la parte 2 de la película: el Gobierno cruzará esa información con las planillas de la ANSeS o de otros organismos y decidirá a quiénes les mantiene el subsidio, que será una minoría .
Tardó ocho años en darse cuenta que debía subsidiar a las personas y no a las empresas, pese a que es lo que aconseja cualquier manual de economía para que el sistema sea más justo y transparente. Pero hasta ahora sólo será para el transporte.
A esta altura la gente sabe que se le viene una cadena de incrementos tarifarios. Y lo que impresiona es que nadie les diga de cuánto serán. Ni una sola palabra.
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