Ministros que preguntan a los periodistas si saben algo. Otros que se consuelan entre sí sin tener una sola señal. Una frase puede servir para calmar la ansiedad. O cambios por debajo que hacen presagiar algún tipo de continuidad. Así se viven en la Casa Rosada los días previos al anuncio del nuevo gabinete, que la presidenta Cristina Kirchner tiene previsto presentar en sociedad al borde del comienzo de su segundo mandato.
Una palabra de la Presidenta, más hermética que nunca, puede ser para algunos mucho más que una simple orden. Hace dos semanas, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, intuyó que permanecerá en su cargo simplemente porque la jefa del Estado le pidió que le armara un acto en un municipio para los primeros días de enero. Así son los días de los funcionarios más cercanos a Cristina. Viven de adivinar.
Esquiva, ella prefiere usar frases como "te necesito para la próxima gestión " o "en el futuro vamos a hacer tal obra", para dar a entender de la permanencia o no de sus colaboradores. Pero a pocos les adelantó hasta el momento, con precisión, qué lugar ocuparán.
El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, se consolaba entre unos pocos en el salón VIP del aeropuerto de Madrid, antes de llegar a Cannes, para la cumbre presidencial del G-20. Frente a la incertidumbre sobre su futuro, confesó que se quiere ir después de ocho años ininterrumpidos en la cartera laboral, pero también lo tienta la idea de continuar al frente de un ministerio de tan alta exposición. Cristina le mantiene la incógnita.
Cada uno se las arregla como puede para intentar sostenerse en las horas finales para que la Presidenta los ratifique (o, por qué no, los ascienda). Han aprendido la lección: nadie habla.
El ministro del Interior, Florencio Randazzo, que suena para ocupar la jefatura de Gabinete, se convirtió en uno de los más reservados. En su entorno prefieren argumentar que él estaría bien si finalmente lo ratificaran en su cargo actual, una manera de no levantar el perfil. Randazzo evita el contacto con los medios como la prueba de fuego para que la Presidenta lo mantenga entre sus hombres de confianza.
Otro que hasta el momento no recibió ninguna señal es el ministro de Justicia, Julio Alak. Cuando puede, consulta a otros colaboradores presidenciales si saben algo de su futuro. La respuesta es siempre un tajante "no".
Quien tuvo en las últimas semanas días de nerviosismo fue el canciller Héctor Timerman. La reunión de la jefa del Estado con el presidente norteamericano, Barack Obama, lo dejó exhausto.
Para cuidar que nada complicara su estada en el palacio San Martín, Timerman se sometió en Cannes a seguir las órdenes del subsecretario de Comunicación y vocero presidencial, Alfredo Scoccimarro, que lo habilitaba o no para hablar con los medios. Incluso, rechazó reportajes a agencias extranjeras, como la británica Reuters, que le quería hacer una entrevista. "No hablo inglés", lo despachó el canciller con una mentira al periodista. Los nombramientos de Jorge Argüello como embajador en Estados Unidos y de Luis María Kreckler en Brasil fueron leídos como una señal que despejó el camino del canciller para mantenerse.
Nervios
Hasta Scoccimarro, que habla todos los días con la Presidenta, padeció la presión después de aquella audiencia con Obama. En medio de la rueda de prensa que dio, debió comenzar de nuevo ya cuando las cámaras de televisión estaban encendidas. Lo traicionaron los nervios.
Otro ministro que tampoco tiene asegurado su futuro es Alberto Sileoni, en Educación. Fuentes oficiales dijeron a LA NACION que tanto sobre él como sobre Alak pesan las mayores dudas.
La Presidenta ya ratificó la continuidad de Guillermo Moreno, aunque tampoco en la Casa Rosada conocen si seguirá como secretario de Comercio Interior o en alguna otra área donde necesiten sus servicios. Más tranquilos se muestran Arturo Puricelli, en el Ministerio de Defensa, y Juan Manzur, en Salud, que ya está ratificado (la Presidenta lo hizo para que pudiera asumir y luego pedir licencia en la vicegobernación de Tucumán).
Nilda Garré, en Seguridad, seguirá en el Gabinete. Pero esta semana sufrió lo que podría ser un duro golpe cuando apareció mencionada para la jefatura de Gabinete. Nombre que suena, nombre que se descarta, dice un histórico lema del kirchnerismo.
No hay dudas sobre Julio De Vido y Alicia Kirchner, o los secretarios de Legal y Técnica, Carlos Zannini, y de Inteligencia, Héctor Icazuriaga. Tampoco reciben críticas la ministra de Industria, Débora Giorgi, y el de Turismo, Enrique Meyer.
No hacer olas
"No puedo hablar con nadie", repite el secretario de Comunicación Pública, Juan Manuel Abal Medina. Desde que su nombre sonó para la vicepresidencia, optó por el silencio en busca de alzarse con la jefatura de Gabinete. También coquetea con la Cancillería. Esta semana estuvo dos veces en Olivos, el martes y el miércoles, y su equipo salió a aplacar cualquier movimiento para no arruinar su camino.
Otro que no sabe si deberá asumir su banca o quedarse en el Ministerio de Agricultura es Julián Domínguez. En su paso por Cannes, recibió de Cristina felicitaciones por su primera nieta, Victoria Eva, que nació cuando él estaba en vuelo. La Presidenta, apenas lo vio, le preguntó cómo estaba. Fueron las únicas palabras que cruzaron.
Algunas certezas y muchas dudas
CARLOS ZANNINI
Secretario de Legal y Técnica
Es la mano derecha de Cristina Kirchner en la gestión y nadie duda de que continuará en el cargo que ocupa desde 2003, cuando llegó al poder Néstor Kirchner. Tiene bajo perfil, pero una influencia importantísima.
JULIO DE VIDO
Ministro de Planificación
También está desde 2003 en el cargo. En el último año, se ganó la confianza que no siempre le tuvo Cristina. Podría ser reubicado en la jefatura de Gabinete. Incluso, llegaron a mencionarlo como posible ministro de Economía.
HECTOR TIMERMAN
Canciller
Es una de las grandes dudas sobre el futuro gabinete. Su alta exposición en las peleas con EE.UU. hicieron que algunos creyeran que se iría cuando Cristina decidió recomponer la relación. Pero no está dicha la última palabra.
FLORENCIA RANDAZZO
Ministro del Interior
Se recluyó en un bajísimo perfil para no complicar su futuro, en medio de las internas por la renovación del elenco de Gobierno. Sueña con ser jefe de Gabinete, pero se conformaría con retener el cargo actual, al que accedió en 2007..






















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