El día que tembló el suelo de la KGB

Que militantes islámicos planearan un ataque en Moscú, debajo de la KGB (foto del respetado edificio de la policía secreta en la plaza Lubyanka), y que lo llevaran a cabo con éxito, parecía imposible en tiempos de José Stalin, de Leonid Brezhnev y aun de Mijail Gorbachov.
En la era postsoviética, todo invita a creer que la doble explosión del lunes no será un hecho aislado. El abogado cuarentón que preside Rusia, Dimitri Medvedev, ex profesor de Derecho Romano, se apuró a viajar al Cáucaso, vestido como Vladimir Putin en su versión más Rambo, anteojos negros espejados, remera negra de cuello redondo sobre saco oscuro, para anunciar que "con los terroristas hay que usar métodos más crueles".

LOS MISTERIOS DE MOSCÚ. Al menos nueve millones de personas viajan cada día en el metro moscovita. Después del de Tokio, es el que más usuarios transporta en el mundo. Allí atacaron los militantes caucásicos, y dos bombas causaron decenas de muertes y un centenar de heridos. El blanco estaba bien elegido. Dos bombas, detonadas por dos mujeres, en dos estaciones diferentes, en vagones repletos en la hora pico. Pasaron debajo de lo que eran los cuarteles de la KGB. Los islamistas buscan fundar un emirato en el Cáucaso. En Chechenia, una de las repúblicas caucásicas que buscan la independencia, dos guerras sangrientas signaron los últimos quince años.

BUDDY BUDDY. Desde Siberia, donde se encontraba, el cincuentón premier Vladimir Putin, ex agente brillante de la KGB, fue terminante: prometió "eliminar" a los "bandidos", como los llama. Con Medvedev, son, cada vez más, una pareja perfecta: intercambiables, uno más joven y liberal que puede endurecerse, uno más duro que puede mostrar sus sentimientos. Son una pareja versátil: planean cambiar sus roles en 2012, y el premier volverá a la presidencia. No en vano el proyecto político de perpetuación de la autocracia elaborado por el Kremlin se llama "Rusia 2020".

OJOS QUE NO VEN. Como en su mayoría los ataques de la militancia islámica tienen lugar en la región del Cáucaso Norte, lejos de Moscú, muchos rusos apenas tienen conocimiento o siquiera noticia de ellos. En los medios rusófonos, la información sobre los conflictos en las regiones más convulsas suele ser marginal. En reiteradas ocasiones, estos militantes musulmanes habían hecho oír los planes de llevar su accionar al corazón del país, para así hacerse escuchar.

MUERTE EN EL NEVSKI EXPRESS. En noviembre del año pasado se registró un ataque contra el lujoso tren rápido que une Moscú y San Petersburgo: perdieron la vida veintiséis personas y más de un centenar resultó herido. Días después, asumieron el ataque y anunciaron una "guerra de sabotaje" contra la "sangrienta política de ocupación" del Kremlin en el Cáucaso: el que para Moscú es el número uno de los peligrosos "bandidos" (según la denominación oficial), Doku Umanov, anunció una guerra santa, la yihad contra el Kremlin. El emir del Caúcaso, tal como Umarov se ha proclamado, quiere expulsar de una vez por todas a "los invasores rusos sedientos de sangre" de la región montañosa donde viven diversos pueblos, varios de los cuales creen en el Islam.

RUSOS DERECHOS Y HUMANOS. Los defensores de los derechos civiles critican desde hace años la sangrienta política del Kremlin en el Cáucaso Norte. Expertos en la región, como el activista Lev Ponomaryov, informaron de secuestros, torturas e incluso asesinatos de civiles inocentes, que fueron víctimas de la arbitrariedad estatal y de la violencia de las denominadas unidades antiterroristas. Más de un millar de personas murieron sólo el año pasado en atentados y combates entre islamistas insurgentes, bandas criminales y las fuerzas de seguridad rusas en el Cáucaso Norte. En la actualidad, según el Ministerio del Interior, intentan controlar la situación los más de 23.000 efectivos entre policías, soldados y miembros del servicio secreto desplegados en las repúblicas federadas rusas de Chechenia, Ingushetia y Daguestán.

WASHINGTON BAJO TIERRA. Si Putin fue el primero en llamar a George W. Bush, después del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, Barack Obama condenó con velocidad el doble ataque islámico en las profundidades de Moscú. Como prueba inmediata de la lejana solidaridad, el metro de Washington, que transporta un poco más de un millón de pasajeros cada día, realizó un ensayo de emergencia. Las autoridades indicaron que, de momento, se había decidido incrementar la vigilancia y poner más agentes uniformados y más perros en las plataformas y estaciones del tren.

Comentá la nota