Un taxista sería cómplice de dos jóvenes en tres asaltos

Un taxista sería cómplice de dos jóvenes en tres asaltos
El chofer está detenido. Uno de los asaltantes fue baleado por la Policía y el otro logró huír, pero ya está identificado.
Hacía apenas diez días que Víctor Ambrosio Cabrera, de 30 años, había alquilado el taxi que la Policía perforó a balazos el jueves a la tarde, cuando intentó eludir a los hombres de seguridad que lo habían interceptado. La maniobra evasiva del taxista es uno de los indicios por los que la Policía lo supone cómplice de los pasajeros que llevaba: dos jóvenes que acababan de asaltar un locutorio y que, cuando el taxi se detuvo, atacaron a tiros a dos oficiales de la Comisaría 6ª.

Todo terminó mal para los tres. El chofer –hijo de un policía retirado y hermano de una oficial en actividad– quedó detenido, acusado de ser partícipe necesario en el atraco; uno de los asaltantes escapó, presumiblemente herido, y ya está identificado; y el otro está internado en el Hospital San Luis, herido por un balazo policial.

Pero las complicaciones no terminan allí para ellos. La Policía sospecha que son los autores de otros dos asaltos a mano armada, uno cometido el miércoles a la siesta y otro, ese día a la noche. El sospechoso baleado es Isaac Alejandro Herrera, de 19 años, del barrio El Lince, que ayer permanecía internado en una sala común del hospital, en estado estable, informó el jefe de la oficina judicial de la Comisaría 2ª, subcomisario Juan Salinas.

A pesar de que los policías dispararon ocho o nueve balazos, solamente uno hirió a Herrera. El proyectil le lastimó el codo derecho, entró por el costado derecho del abdomen y “salió en el glúteo izquierdo”, informó el vocero de la Policía, comisario Carlos Pereyra. La persecución empezó minutos después de las seis de la tarde del jueves, cuando dos jóvenes armados entraron a cara descubierta al locutorio de la esquina de Centenario y Raúl B. Díaz.

Uno que empuñaba un revólver negro dio la vuelta al mostrador y amenazó al dueño del negocio, Jorge Antonio Sosa Molina, de 33 años. Le ordenó que le diera el dinero de la caja al otro joven, que quedó delante del mostrador. Sosa sacó plata y la entregó. Pero el delincuente que estaba a su lado lo apremió. Quería toda la recaudación. Entre el efectivo, que era casi la totalidad, y algunos cheques de inclusión, los delincuentes obtuvieron alrededor de dos mil pesos.

Salieron corriendo y se subieron a un taxi Fiat Duna blanco que los esperaba a unos metros, con el chofer al volante. Ese es el primer indicio de que el taxista sería cómplice de los asaltantes. “Está claro, por los testimonios del damnificado y de un transeúnte ocasional, que los estaba esperando”, dijo el subcomisario Salinas.

Además, “apenas subieron, el auto arrancó a toda velocidad, no hubo un diálogo previo, lo que da la impresión de que todo estaba preacordado”, afirma el jefe de la Comisaría 2ª, comisario Javier Funes. Sosa Molina no se resignó. Salió corriendo tras los ladrones, con un celular en la mano. Justo llegaba un vecino en auto, “que también vio a los delincuentes cuando salían”, dice Salinas.

El comerciante le pidió que lo ayudara a perseguirlos. Mientras tanto, llamaba al 911. Tiros de ida y vuelta “El centro de operaciones coordinó muy bien el procedimiento, porque utilizó el seguimiento satelital de los móviles policiales para indicarles hacia dónde tenían que ir, en función de la información que el damnificado iba dando por teléfono”, aseguró Funes.

Los delincuentes tomaron por Raúl B. Díaz al sur hasta Martín de Loyola, donde doblaron al oeste. Al llegar a San Juan tomaron al sur, hasta llegar a Aristóbulo del Valle, seguidos por la víctima y su vecino. Dos policías de la Comisaría 6ª que iban en el móvil 1-338 por la avenida Sucre hacia el sur vieron pasar por Aristóbulo del Valle hacia el oeste un taxi Duna blanco, a alta velocidad. Lo siguieron.

Cinco cuadras más adelante, en el cruce con la avenida Eva Perón (ex corredor vial), lo interceptaron y le ordenaron al chofer que se detuviera. “Como respuesta, el conductor intentó eludirlos haciendo marcha atrás”, aseguró el jefe de la 2ª.

Al mismo tiempo, al menos uno de los dos ocupantes, el que iba sentado detrás del conductor, sacó un revólver por la ventanilla y disparó contra los policías. Aunque no pueden precisar la cantidad, saben que fueron alrededor de tres disparos. Los policías contestaron la agresión con sus pistolas 9 milímetros. Un tiro dio en la puerta del conductor, que salió ileso, cuatro en la puerta trasera izquierda (de ese lado iba el delincuente que disparaba), uno en la puerta trasera derecha y otros dos, en el parabrisas, del lado derecho.

La chapa patente delantera también tiene una perforación circular, aunque por la altura y la orientación, dudan de que sea el impacto de un balazo. El delincuente que iba en el asiento del acompañante escapó. En su butaca hallaron manchas de sangre, por eso presumen que está herido. Pero hasta ayer no se había hecho atender en la guardia de ningún hospital o clínica, dijo el subcomisario Salinas. El jefe de Policía, Miguel Ubieta, dijo antenoche que creen que llevaba un arma.

El que iba atrás, Herrera, arrojó su revólver calibre 32 negro antes de rendirse, atravesado por un balazo. El chofer fue detenido. El dueño del taxi declaró que ya había resuelto no alquilárselo más, porque los últimos días no le había pagado.

Cabrera le había dicho que esperara, porque estaba haciendo viajes para una gente que iba a pagarle ayer. "Sospechamos que aludía a sus presuntos cómplices", dice el comisario Funes.

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