“En Tartagal hemos recuperado la paz social”

En un momento la gran contenedora en relación con el empleo fue la obra pública, pero ahora debemos virar hacia las iniciativas productivas.
Sergio Napoleón Leavy asumió el pasado 9 de diciembre su segundo período de gobierno como intendente de Tartagal. En diálogo con El Tribuno hizo una síntesis de lo que fueron estos cuatro años al frente de la intendencia local y se refirió a lo que queda por hacer en este período que se inicia y que se extiende hasta diciembre de 2015.

¿Cómo fue el inicio de gestión al frente del municipio de Tartagal?

Me tocó asumir en medio de un caos; recuerdo que para Navidad y Año Nuevo al municipio llegaban piqueteros con mucho poder conseguido en los cortes de ruta; eran pocos dirigentes, pero cada uno venía al frente de 300 personas exigiendo, nunca pidiendo, y con la amenaza permanente de un desborde social. No me gusta criticar lo que los anteriores intendentes no hicieron, pero en los últimos años hubo un gran cambio. En ese momento, con los desocupados, estábamos discutiendo por dádivas y hoy estamos discutiendo certificaciones o avances de obras, porque en estos años se organizaron 109 cooperativas para ejecutar una gran parte de la obra pública . El 9 de enero del 2009 Tartagal era tapa del diario La Nación con el título “Tartagal, la industria del piquete”. En ese artículo el juez federal declaraba que había entre 8 y 10 cortes de ruta por semana, porque era un gran negocio, y que los grupos de piqueteros iban rotando en la ruta conforme conseguían algo.

¿El alud del año 2009 marcó un antes y un después en su gestión de gobierno?

Antes del alud, en enero de 2009, colapsó la colectora máxima, comenzaron a producirse cráteres en todo el tendido de la red cloacal, y el agua servida afloraba por todas las calles. Al mes siguiente se produjo el alud que arrasó con parte de la ciudad y en marzo tuvimos el primer muerto de dengue de todo el país. Parecía increíble que todo eso le estuviese pasando a la ciudad en tan poco tiempo y en forma simultánea. Pero el 20 de marzo de ese año 5.000 vecinos salieron a la calle a trabajar por su ciudad. Limpiamos Tartagal con la ayuda del regimiento, la gendarmería, la policía, las instituciones intermedias, deportivas y educativas. El dengue había desbordado el hospital Perón, donde había filas de varias cuadras de sospechosos de padecer la enfermedad. El trabajo conjunto y de plena conciencia hizo que de 250 febriles diarios, en una semana el número bajara a 14. Para mí fue toda una señal. Si nos uníamos para trabajar, con responsabilidad y a conciencia, podíamos salir adelante.

¿Cuáles son, según su opinión, los mayores logros de esta gestión de gobierno?

La obra pública que hicimos en 4 años fue mucho más de lo que imaginé. Al asumir prometí pavimentar una cuadra por mes, pero pasados 48 meses llevamos pavimentadas 170 cuadras, pusimos agua en 19 barrios, cambiamos 10 kilómetros de redes cloacales en Villa Saavedra y 5 kilómetros en el centro de la ciudad, más otros 5 kilómetros en diferentes barrios. Por el colapso que sufrió el sistema cloacal en 2009 con fondos provinciales construimos una nueva colectora máxima de 2 kilómetros y medio de extensión en la que se invirtieron 10 millones de pesos.

Además de la obra pública, ¿qué consideró importante en este primer período de gobierno?

Siempre creí que para pensar en otro Tartagal había que recuperar la paz social, y ese fue otro de los grandes desafíos. Si los tartagalenses no podían transitar por la ruta, si había temor por la violencia piquetera, quién podía pensar en el deporte, la cultura, en un proyecto productivo o una inversión privada. Ni los tartagalenses nacidos y criados en su pueblo se animaban a invertir y era entendible que sus ahorros los destinaran a otro lugar. Hoy en Tartagal se construyen 5 torres de edificios, confiterías, restaurantes y, por primera vez, vamos a tener una sucursal de una cadena de supermercados.

¿Y la ayuda a los grupos piqueteros?

La ayuda social que brinda este municipio es muy grande; tenemos 28 comedores municipales para niños aborígenes y volcamos muchos recursos para contención social, pero no atendemos la exigencia de los piqueteros. Antes llegaban en nombre y representación de 200 personas y exigían bolsones, pasajes, plata. Pero ahora tenemos un equipo bien organizado que hace el seguimiento a todo aquel que requiere la ayuda de la Secretaría de Desarrollo Humano. Se hacen ambientales, se cruza información con el hospital, se brinda apoyo y educación a las madres de las comunidades más necesitadas y, si es necesario, se hacen denuncias, como sucedió cuando detectamos que había quienes pedían pasajes y luego los vendían.

¿En qué se van a invertir los 100 millones del Fondo de Reparación Histórica que le corresponden a Tartagal?

30 millones serán volcados a la construcción de una nueva planta depuradora de líquidos cloacales, que se ubicará al sur del río Tartagal, porque en esa zona se construyeron 800 viviendas; también vamos a construir la Casa de la Cultura, frente a la plaza San Martín, para cumplir con la condición que establece la donación que hace décadas hizo la firma Milanesi de ese inmueble. Tenemos previsto pavimentar el acceso al santuario Virgen de la Peña, en el paraje Yariguarenda, y seguir pavimentando lo que nos falta en Tartagal.

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