De modo artesanal, con amplia experiencia otorgada por los agitados años en la provincia de Buenos Aires, Adrián Ordóñez llegó a esta ciudad para instaurar una pequeña empresa de fabricación de sillones especiales como así también tapicería y reparación de todo tipo de muebles.
El entrevistado nació el 22 de noviembre de 1963 en Olavarría, donde llevó a cabo sus estudios primarios y parte de los secundarios debido a que, por la situación económica y social acontecida en ese momento, debió comenzar a trabajar.
Su padre fue ferroviario y legó a su hijo la pasión y actitud de disciplina para desarrollar este tipo de trabajos en su ciudad natal.
A partir de 1983, Ordóñez comenzó a trabajar como aspirante del Ferrocarril Roca de la localidad bonaerense mencionada. Con el correr del tiempo, el empleado llegó a convertirse en maquinista, tarea que realizó hasta 1992.
"Trabajé, en el ferrocarril, once años, cuando llegaron las privatizaciones y perjudicaron a gran parte del país. En ese momento, me quedé sin trabajo y tuve que recurrir a mis labores paralelas, es decir a la fabricación de sillones y a la tapicería", sostiene el realizador. Reitera que, a partir de ese año, tuvo que dedicarse "de lleno" a una tarea que aprendió, en forma paulatina, de su hermano mayor, quien le brindó la mayoría de las indicaciones.
Santa Rosa.
De acuerdo con el fabricante, los primeros trabajos, como tapicero, los llevó a cabo en talleres de otros industriales de Olavarría donde adquirió los conocimientos básicos de esta labor. "Trabajaba, en otros galpones, pero por temporada, eran épocas muy duras, en un año siete mil empleados quedaron en la calle en mi ciudad natal", recuerda.
Durante la década del '90, el tapicero, su mujer y sus tres hijos, comenzaron a replantearse su destino. Tras decidir dejar la localidad natal, la familia emprendió viaje hacia Claromecó, con la única intención de buscar mayor suerte y probar fortuna en otras tierras.
En ese lugar, según el fabricante, también se dedicó a realizar muebles como así también trabajos de tapicería por temporada hasta que su hija mayor terminó el colegio secundario. "Mi hija se recibió, y decidió irse a estudiar a Santa Rosa. La situación no era la mejor por lo que un día vine a conocer esta ciudad y me encantó", reconoce. Y amplia: "Ella se radicó acá y en el 2002, junto con mi mujer y mis otros hijos, determinamos venirnos también para instaurar un taller y ver de qué manera podíamos adaptarnos a este nuevo desafío".
Fabricante.
Para dejar su antigua ciudad y vivir en la capital pampeana, Ordóñez vendió su casa y todo lo que tenía a su alcance. Se instaló en una vivienda de la calle Don Bosco y, en ese momento, arrancó a transitar una nueva historia laboral.
Emprendí un pequeño taller con la intención de dedicarme, en tiempo completo, a lo que siempre hice. "Soy una especie de restaurador, me traen todo tipo de muebles, los desarmo por completo, aseguro las maderas, coloco las cinchas debajo de los asientos, forro y tapizo el material", describe. Y agrega: "Luego, lo relleno con poliéster hasta completar los laterales y el fondo del amoblamiento que esté realizando".
De a poco, con el tiempo, Ordóñez fue sumando cada vez más clientes, sobre todo propietarios de bares o restaurantes de esta ciudad que solicitaban sus servicios.
A su vez, el industrial es fabricante de sillones, sillas, y otro tipo de muebles. Define que realiza sillones de medidas y diseños "especiales" por lo que tiene una página de Internet donde publica sus realizaciones que, algunas de ellas, son de características muy particulares y llamativas. El realizador generaliza que fabrica sillones de todo tipo y, la mayoría, solicitado por lo clientes con intenciones de modificar la estructura formal de un lugar a través de un amoblamiento original.
Máquinas
A su vez, Ordóñez aclara que no tapiza automóviles porque es un trabajo inmediato, "del momento" y prefiere desarrollar sus labores con tiempo y dedicación. En la actualidad, el industrial desarrolla sus diseños solo aunque su hijo colabora con algunas tareas debido a que el objetivo es, en un futuro inmediato, incorporarlo al taller. "Trabajo con tres máquinas de coser, una de ellas tiene más de 30 años, y es la primera que tuve y que conservo hasta el día de hoy", enfatiza.
En su galpón, el fabricante tiene una gran cantidad de elementos: desde trozos de madera, muebles recuperados y restos de cueros con los que tapiza los elementos solicitados por sus clientes. "Trabajamos para personas de esta provincia, en el mercado interno, y afortunadamente, a fuerza de trabajo dedicación, fuimos aumentando en forma considerable nuestra clientela", completa Ordóñez.
Un sillón considerado "especial".
Ordóñez recuerda que una de las fabricaciones más particulares que realizó, con los años, fue un sillón en forma de "L",
solicitado por un cliente perteneciente a un local comercial de esta ciudad. "Ese sillón lo hicimos, con una cierta medida, de ambos costados, para que sea lo más cómodo posible. Siempre sale un poco más caro pero este tipo de fabricaciones son muy solicitadas, sobre todo, por los dueños de bares o restaurantes", reitera el industrial. Y completa que la intención, que tiene en la actualidad, es ampliar la infraestructura del galpón y mejorar sus servicios laborales.
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