La tapa de la olla

Un arquitecto municipal que es juez y parte. Inspecciona obras privadas, y construye bajo su dirección edificios llenos de irregularidades. Encima, se enoja si la plebe lo cuestiona. La tapa de su olla se ha corrido, y lo que hay adentro, salpica.
“Ojo”, dijo el concejal Carlos Katz ante los micrófonos de la 99.9, “puede que esté un poco loco, pero no es ningún boludo”. Se estaba refiriendo al arquitecto Luis Otero, que es inspector municipal en el área de Obras Privadas, pero atiende para sí mismo un kiosco millonario. El mismo Katz lo había expuesto en sesión del Concejo Deliberante, cuando se trataba el tema del patrimonio urbano. Había sucedido que unos vecinos denunciaron ante la Defensoría del Pueblo que el edificio que Otero dirige en Catamarca entre Colón y Brown, tenía 6 pisos y vendía 8.

Ya el 23 de julio de este año, la jueza de faltas había ordenado la paralización de la obra, que Otero inició sin tener siquiera aprobados los planos, y encima le agregó lozas que no figuran en el proyecto presentado. Por supuesto que a la jueza no le dio ni la hora. El arquitecto, con toda impunidad, dijo en una olvidable entrevista realizada en esta emisora que él podía iniciar la obra sin tener aprobados los planos, porque el Código lo amparaba, un código y una reglamentación que conoce mejor que nadie, porque es, a todas luces, juez y parte.

Sus propios compañeros de trabajo en la Municipalidad fueron quienes labraron actas en una obra plagada de irregularidades, pero él se limitó a mostrar su omnipotencia y cuestionar el título de arquitecta de la inspectora interviniente: con el sellito no alcanza, diría, en un caso que da vergüenza ajena.

Katz solicitó públicamente que de una vez intervenga el secretario de Planeamiento Urbano, José Luis Castorina, porque esto ya pasa de castaño a oscuro. Pero consultado Otero, otorgado su derecho a réplica, no habló, vociferó. Cuestionó que los concejales Katz y Artime -además presidente del HCD- pudieran intervenir y asesorar a los vecinos de calle Catamarca, porque no están en el padrón del Colegio de Arquitectos. Obviamente que no están: ambos funcionarios han dado de baja sus matrículas profesionales, porque consideran que proseguir en la actividad cuando ocupan cargos jerárquicos en la administración pública, sería una competencia desleal.

Sólo yo

Pero para Otero, todo el que le pide explicaciones es un inepto, un incapaz y un idiota, porque considera perfectamente legítima su habilidad para encontrar todas las grietas de la normativa vigente y venderlas al mejor postor. Es un ejecutor magistral del sistema, y se jacta de serlo. Él es “el arquitecto”, y todo lo que no encuentra expresamente prohibido, lo considera evidentemente permitido.

De esa manera ha iniciado una enorme cantidad de proyectos en la ciudad, curiosamente todos ligados a enormes controversias, y combatidos por los vecinos de cada una de las zonas donde se emplazan.

Marcelo Artime, por su parte, considera que Otero es un vivo, que hasta ha aprovechado las licencias de los inspectores de obra de ciertos sectores de la ciudad para aprobar sus propios planos irregulares. “Habría que ver cuánta gente va a Obras Privadas con otros colegas y termina contratándolo a él”, afirmó con razón. Sucede que cualquier profesional de la construcción debe realizar trámites burocráticos para regularizar su obra, cosa que no le toca a Otero. Él es el dueño, y puede ofrecer servicios garantizados.

De todas maneras, da a pensar con Artime, “¿qué tiempo tiene el señor para inspeccionar obras, si lleva a cabo semejante cantidad de proyectos propios?” ¿Será qué inspecciona alguna? Hoy, Luis Otero está escondido detrás de una carpeta psiquiátrica, el mejor de los recursos para evitar una sanción que seguramente llegará. Implicará un sumario, si no un traslado, o una simple molestia de índole administrativa. Las cosas no están dadas para que un empleado público sea exonerado de su cargo por incumplimiento de sus deberes, si no hay de por medio un juicio penal, que llegará solamente con el primer accidente de obra.

Si bien Artime considera que los títulos profesionales de los inspectores deben estar bloqueados, Katz asegura que, gracias a que tal bloqueo prevé un importante sobresueldo, termina siendo una especie de premio para este tipo de personaje. Haría lo mismo, pero con la firma de otro.

¿Cuál es, entonces, la solución? Katz exige un urgente reordenamiento del sector: Mar del Plata es la que debe decidir de una vez qué es lo que quiere hacer en materia de planeamiento urbano para que no se reduzca todo a conocer mejor las tretas, para luego venderlas.

Bocaza

Pero para muestra, basta citar el caso del enfrentamiento que Otero protagonizó con Jorge Tesán, un vecino del barrio de Punta Mogotes, que desde un blog se opone a la construcción de una torre en la costa. Obviamente, Otero es el autor y director.

Los mails del arquitecto no tienen desperdicio, por la demencial escalada de abuso de poder, amenaza pública, y la ironía propia del desaforado. Comenzó como un agresivo y terminó prácticamente en un acoso escrito, que intimidó a los vecinos. Amenazó con sacarle a Tesán su casa si seguía hablando y lograba la paralización de la obra. Esto decía en marzo de este año:

“Jorge, mi querido Jorge, publicá lo que te mandamos a la página, porque estás jugando sucio. Te estoy explicando cómo es el tema del cono de sombra, y no lo publicás. ¿Qué sos? ¿TN, Clarín, Canal 13? Hacé lo que quieras, pero ya te tienen calado varios. Te pongo que el lucro cesante es algo que a la larga se paga cuando hacés maniobras que perjudican al otro, espero que no seas propietario de esa casita que decís que tenés en Punta Mogotes, porque si vamos a juicio, la vas a tener que ceder, y entonces allí sí voy a hacer los 12 pisos que quiere Rizzi. Gracias por publicar mi obra, por difundirla. Atte., Luis Otero” (N. de la R.: el resaltado corresponde al autor, no así la corrección ortográfica).

Por supuesto que los vecinos del sector se han movilizado, y han recurrido a todas las instancias que conocen para detener los avances de la torre. Pero Otero se ha valido de que, en el sector en que construye, la calle recibe el nombre de Avenida de los Trabajadores, y queda afuera de la norma dictada para el Boulevard Marítimo. Por eso se ríe de las protestas y les hace burla en la cara a todos. Si quiere, hace una pirámide egipcia.

Además, su táctica de defensa es la descalificación permanente. Considera que el referente barrial Washington Piriz, por ejemplo, no puede opinar porque es uruguayo. Y que el arquitecto ambientalista Layús, tampoco, porque según él, es marxista.

Tesán está preocupado, pero no por las amenazas directas, o porque Otero le haya dicho que lo espera en la calle cuando quiera. Está preocupado porque Otero es dueño de lo que podemos llamar una conducta inquietante, que estará también frente a frente con cualquier vecino que vaya a la Municipalidad a pretender aprobar los planos de su casa. Es un rostro que da Mar del Plata en el área de control de obras.

Mientras tanto, Otero está convencido de que -como cita Tesán- ser arquitecto es una instancia superadora de la condición humana. Y mucho más si se dedica a hace torres a contramano.

“El mismo consultor que tienen ustedes, Layús, no sabe nada del Código. Que siga haciendo casitas, pero en edificios en altura que no se meta: no sabe nada. ¿Sabe qué pasa? Que a los idiotas como ustedes todavía nadie se les puso en contra, y siguen diciendo pelotudeces hace años. Yo mismo me puse en la cabeza terminar con los tarados, y en el mismo Colegio de Arquitectos voy a desterrar a estos estúpidos que repiten hace años ese discurso pedorro (…) El problema es que ustedes y Layús no saben usarlo. De medicina opinan los médicos, y de estos menesteres, nosotros. Lo lamento, dedíquense a lo que saben, que en eso son buenos ustedes, para mover el piso…”

Esta es nada más que una mirada en el correo del inspector Otero. Esto es lo que dice si se enoja, cuando apenas le mueven un centímetro la tapa de la olla. Pobre gente la que necesite aprobar el plano de la piecita del fondo.

Comentá la nota