La negociación del precio del tabaco Virginia se convirtió desde hace algunos años en una especie de novela que en cada capítulo ofrece situaciones impensadas y arriesgados giros propuestos por los compradores. Hoy la negociación permanece estancada a la espera de una definición del precio del tabaco producido en Brasil.
Los productores sostienen que se están mezclando conceptos dentro de la ecuación de precios. Se incluye la productividad como factor de negociación. Un concepto errado de los compradores, ya que la productividad es un logro total y exclusivo del que invierte, en este caso, del productor tabacalero.
De todos modos el concepto de productividad tampoco califica, debido a que lo que parecía iba a ser una cosecha excepcional, no se dio y no existe tal productividad extraordinaria.
La mejora de los precios FOB experimentados en los últimos tiempos, que fueron creciendo a un ritmo del 10 por ciento anual en los últimos cuatro años y que trepó en el último año a más del 30 por ciento, sumado a la demanda mundial general sobre las materias primas, provenientes de la minería, el sector alimentario y otras en las que se encuentra el tabaco, ofrecen una oportunidad de crecimiento que el sector tabacalero no quiere dejar pasar.
Se estima que hasta 2013 el consumo mundial se incrementará en 5,6 por ciento, un salto cuantitativo muy importante comparado al 2 por ciento que se vino operando en los últimos años, lo que significa una oportunidad para abastecer ese requerimiento de los mercados.
La demanda existe y si a eso le agregamos la situación de Brasil, que revaluó su moneda, nos da como resultado que quien deba comprar tabaco en Brasil, necesitará mucha mayor cantidad de dólares para llevar el mismo producto en la misma cantidad.
Esa situación monetaria, sumada al incremento de costos de los productores brasileños, más las inclemencias climáticas, generan hoy una diferencia en los precios que puede recibir un productor argentino o un productor brasileño en alrededor de un 50 por ciento a favor de los brasileños, medido en dólares.
Esa es la diferencia que los tabacaleros de Jujuy y Salta están empeñados en defender. Los finqueros quieren que los beneficios de su trabajo queden en la región para seguir creciendo y no vayan a parar a las alforjas de la intermediación.
Los tabacaleros necesitan de esos recursos porque indudablemente tienen falencias y necesitan resolver problemas productivos, que se patentizaron este año con un clima feroz que agotó la disponibilidad de estufas de curado y dejó al descubierto algunas grietas en el sistema de manejo de aguas.
Se requieren más estufas, más galpones, un mejor ordenamiento de la evacuación de agua de sus campos. Todo eso genera inversión y para invertir hay que tener rentabilidad. Si esto ocurre, también habrá una fuente potencial de trabajo, tanto industrial como en la construcción, para adecuar todo tipo de instalaciones.
Pero además de las intensas lluvias y el calor desmedido, los desafíos son más grandes. Hay nuevas plagas, nuevos virus, hongos y bacterias, cuyo control no está resuelto. Todo ello genera un marco de inversión en la investigación que el productor debe hacer. No directamente, sino a través de las instituciones que los congregan.
El mercado mundial de tabaco no es tan grande y las compañías de agroquímicos no hacen investigación en tabaco, como lo hacen para los cultivos alimentarios. De esa forma el sector debe hacer sus propias investigaciones locales, como para resolver esos problemas. Así lo hizo la finca La Posta, creando una variedad propia. Pero hay muchos más desafíos y se necesita mucha más inversión.
Todo lo que se genera acá, desde el sector productivo, sabemos que se gasta en Jujuy y Salta. El productor invierte, come, vive y realiza toda su actividad en estas dos provincias. No pasaría lo mismo, si la diferencia obtenida por esa productividad se va al exterior.
Lo que preocupa es el concepto, una especie de exchange dumping o discriminación de precios, ejercido por un árbitro de muy anchas espaldas financieras, que parece dispuesto a aplicar su condición de más grande del barrio para quedarse con el esfuerzo de miles de jujeños y salteños que de una u otra manera dependen del tabaco.
No es un concepto de futuro, no es un concepto de progreso, porque cada uno debe tener lo que se merece. Hubo esfuerzos para lograr encontrar variedad, sistemas productivos, inversión, apoyo gubernamental y todo lo que genera el contexto productivo.
Pero el concepto apareció en la mesa y molesta, en un momento en que se debería estar planificando cómo satisfacer la demanda futura, buscando especializaciones para ser cada vez más eficientes, resolver los problemas y producir la mejor materia prima para ganar mercados, desde el punto de vista de la calidad y así poder crecer.
Ese debería ser el mensaje y no esa actitud avara, donde se cuestionan los precios y con cualquier argumento se trata de justificar la negativa a un aumento, que lejos de ser extraordinario aparece a la luz de los números como plenamente justificado.
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