Supermercado y precios

Desde que surgió la posibilidad de que se instalara en esta ciudad un supermercado o hipermercado, los vecinos no tardaron en mostrar su satisfacción. No advierten más que el beneficio que implicará teniendo en cuenta el posible descenso de precios, un tema de continuo debate en la población local.
Obviamente se escuchan voces que interpretan habrá un inminente peligro por el cierre de la actividad comercial pequeña y mediana.

Las dos posiciones proponen situaciones extremas. Por un lado la idea de los precios bajos puede ser ficticia. Porque las grandes instalaciones supermercadistas se manejan con las reglas capitalistas sin miramientos. Así que evaluarán situaciones de justicia sino de economía. Y si el público está dispuesto a pagar un poco más, no habrá conciencia social que los detenga en aumentar los precios.

Ello puede advertirlo cualquier consumidor en Cutral Co. En una misma empresa se pueden ver diferentes precios, depende a qué sucursal uno vaya. Si está en la zona residencial los artículos son más caros, tal vez 50 centavos pero siempre hay una suba.

Y si se comparan los precios de una sucursal de la capital neuquina y otra local o de Plaza Huincul la diferencia de precio es mucho mayor. Entonces la ilusión de los bajos precios puede quedarse en el imaginario y nunca llegar a concretarse. El problema de los precios tampoco podrá solucionarse con regulaciones municipales, ya que las inversiones potenciales desaparecerán de inmediato ante este tipo de planteos.

Pero tampoco deberíamos subirnos al tren de la desaparición de los locales pequeños y medianos. Porque cualquiera que conoce esta ciudad puede advertir que hay sólo dos locales medianos y uno incipiente. Pero en la gran mayoría, los comercios dedicados a la venta de alimentos son pequeños, trabajan sus propios dueños y sobreviven gracias a la venta de pocos artículos a la vez. Un kilo de papas, el pan de todos los días, una gaseosa cuando llega alguien invitado o de improviso. Compras que nadie realizaría en un supermercado donde el tiempo que requiere ingresar y pasar por la caja es tan grande que es imposible invertirlo para comprar un solo artículo.

Debería evaluarse cuántos puestos de trabajo están en peligro, cuántos de los clientes de los locales medianos (enclavados en el centro de los barrios más alejados) podrían sumarse a la idea de comprar en un supermercado.

En general son personas que no tienen vehículos como para realizar grandes compras así que deben adicionar un taxi a los gastos de las compras. Los pro y los contras son tantos que por ahora vale esperar si finalmente hay una propuesta formal para instalar un supermercado.

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