La historia demuestra que nada es imposible en Paraguay. Para dirimir sus viejas rencillas en la lucha por cargos y por una mayor injerencia en la toma de decisiones, los legisladores paraguayos demostraron anoche una rapidez y una eficiencia que nunca han tenido para solucionar los problemas estructurales de este país.
El abordaje de los problemas políticos en Paraguay transcurre a dos velocidades. Las cuestiones políticas internas entre los partidos se solucionan por la vía rápida. Pero los temas estructurales de un país donde más de la tercera parte de la población vive debajo de la línea de pobreza transcurren por una lenta vía que arrastra deudas pendientes de administración en administración.
Por su parte, el nuevo gobierno de Paraguay quedó ahora en manos de una incierta coalición que despojó a Fernando Lugo del cargo y ungió a las apuradas a Federico Franco, un hombre que, como quedó claro anoche, no cuenta con el respaldo de las democracias del continente ni tampoco tiene un ascendente claro sobre su partido ni sobre las otras agrupaciones.
Desde su comienzo, la coalición Alianza Patriótica para el Cambio, que había creado el ahora ex presidente en 2007, alcanzó varios imposibles. Un año después de su formación, con el 41% de los votos, Lugo se convirtió en el primer presidente de izquierda de Paraguay, e interrumpió 61 años de hegemonía del derechista Partido Colorado, sostén de la dictadura del general Alfredo Stroessner (1954-1989).
Pero para llegar a ese logro tuvo que hacer una serie de alianzas, acuerdos y reparto de cargos con una veintena de partidos y movimientos políticos y sociales. El premio mayor lo obtuvo el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), con la vicepresidencia para Franco.
Las sucesivas crisis que afrontó la coalición desde su nacimiento nunca estuvieron referidas a diferencias de criterios políticos sobre los planes de gobierno, sino a la forma en la que se repartían los cargos.
En un lenguaje mucho más burocrático, cuando el PLRA abandonó la coalición después del primer año de gobierno, sus directivos aclararon que no había diferencias en cuanto a los programas sino en cuanto a "la falta de entendimiento en las estrategias para la conformación de las mesas directivas del Congreso".
La gota que colmó el vaso la semana pasada fue la designación de un miembro del Partido Colorado, Rubén Candia, como nuevo ministro del Interior.
El gobernador del Departamento Central, el liberal Carlos Amarilla, dijo a La Nacion que ese nombramiento fue fruto de "un acuerdo con los colorados" para incrementar la presencia de ese partido en el gobierno. Allí comenzó a gestarse lo que Lugo definió ayer como un "golpe" parlamentario. Por la vía rápida, siete días después del enfrentamiento en el que murieron 11 campesinos y seis policías, Lugo se encuentra ahora fuera del gobierno y su ministro del Interior dejó de ser tal.
Mientras tanto, por la vía lenta van llegando los desafíos que aguardan ahora al presidente Federico Franco.
El ex senador del PLRA Gonzalo Quintana hizo este memorando de la agenda pendiente. "Es imprescindible gestionar un buen manejo de las fuerzas públicas para generar en la población una sensación de seguridad y poner freno a las organizaciones campesinas más violentas", señaló.
Efectivamente, Lugo fue desbordado por las organizaciones del campesinado más violento. La Liga Nacional de Carperos, que invade propiedades y se instala en tiendas de plástico, fue recibida varias veces por el entonces mandatario Lugo en el Palacio de Gobierno y también en la residencia presidencial.
EL PAÍS INVISIBLE
Entre las tareas que aguardan a Franco aparece entonces la demorada reforma agraria. Sólo el 2% de los propietarios concentran el 85,5% de las tierras en Paraguay, a la vez que 300.000 familias campesinas no poseen un solo metro cuadrado de tierra para cultivar.
Así, este Paraguay pobre sigue siendo invisible en un mundo globalizado. Tiene 6,4 millones de habitantes, 38% en la pobreza y, dentro de ellos, 19% en la miseria. Los 120.000 indígenas de unas veinte etnias guaraníes viven en la indigencia, sumergidos en la crudeza del analfabetismo y la ignorancia.
El país no tiene playas ni salida al mar, su economía se basa en la producción agrícola y ganadera. La industria manufacturera es prácticamente inexistente y la soja es el principal rubro de exportación, siendo Paraguay el tercer productor de soja del continente.
En este Paraguay a dos ritmos, los contrastes son enormes. Al frente del lujoso edificio del Congreso, construido gracias a una donación del gobierno de Taiwan de 20 millones de dólares, es normal ver grupos de cerdos que buscan alimentos en la villa que está pegada al edificio.
Sólo hay que aventurarse unos pasos más allá del Palacio de Gobierno para ver el otro rostro de Paraguay, el de los millones de pobres que siguen esperando las respuestas que vienen por la vía lenta..

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