Cuando Luis Juez quiere mostrarse como “anti-algo” no descansa hasta lograr que todo el mundo sepa de sus malquerencias, aun cuando los sujetos de sus ataques más viscerales hayan sido antiguos referentes personales.
Pero quizá el más reciente de sus odios, el más perfecto y trabajosamente actuado, haya sido su oposición a Néstor Kirchner y a su esposa. No hay dudas que, en este aborrecimiento en particular, el esfuerzo transformista debió de resultarle ciclópeo, toda vez que, hasta finales de 2007, Juez era uno de sus panegiristas más reconocidos. Sorprendentemente, a algo más de dos años de aquél giro de 180 grados, mucha gente pondera al Senador como un histórico paladín de la lucha antikirchnerista, un equívoco con el que colabora la frágil memoria política nacional.
Sin embargo, su vocación de antagonista parecería estar sufriendo un acelerado proceso de desgaste. Desde hace unas semanas, el Senador no se preocupa particularmente por cultivar su clásico perfil irascible en contra del matrimonio presidencial, pese a los suculentos motivos para atacarlos que ellos mismos se han ocupado en generar y que tanto rédito les ha dado a los opositores de diverso cuño. Hay síntomas, pistas e indicios que sugieren que las convicciones del líder del fin del choreo habrían comenzado a desfallecer otra vez. Adviértanse, en este sentido, sus más recientes acciones u omisiones:
1) Apoyó el matrimonio homosexual (una clara bandera del kirchnerismo) aún cuando se había opuesto a la iniciativa siendo candidato;
2) Dio quórum en todas las sesiones, especialmente en aquellas en que el oficialismo necesitaba que el Senado aprobase leyes indispensables para su salud política;
3) En el tema de la caducidad de la licencia de Fibertel su posición brilló por su ausencia o, en el mejor de los casos, no se ocupó especialmente en difundirla;
4) En la polémica por Papel Prensa, sus palabras tuvieron tal nivel de sensatez que parecieron haber sido pronunciadas por Blas Pascal antes que por él mismo.
Respecto a este último punto, vale la pena detenerse en tres hechos incontrastables: el primero, que pese a ser un permanente invitado a las emisiones políticas de TN (voceras de Clarín), fue uno de los grandes ausentes a la hora de opinar sobre el controvertible informe de la Presidenta y la “verdad” proclamada por cadena oficial; el segundo, que acaba de presentar un proyecto de creación de una comisión bicameral para investigar la verdad histórica sobre la venta de Papel Prensa, lo que equivale a decir que relativiza la versión de los hechos proclamada por Isidoro Graiver; el tercero, que en el programa de Mauro Viale emitido por Canal 26, expresó que la decisión de Cristina Fernández de enviar un proyecto para al Congreso le parecía “prudente”, razonando que los monopolios eran terribles y que debían combatirse. Es en esta argumentación en particular donde parece evidente que, desde el punto vista semántico y a contrapelo del resto del arco opositor, el Senador se esfuerza por presentar el problema desde la óptica de un abuso de posición dominante antes que desde el principio de la libertad de prensa, un argumento que lo transforma en un virtual aliado del oficialismo.
Obviamente que, si se reconocen como ciertos los aspectos señalados, resulta inevitable preguntarse qué cosas pudieran haber sucedido en el ánimo de Juez para impulsarlo a tantas amabilidades. Podría aventurarse que existe una genuina preocupación respecto a los resultados de la investigación sobre sus supuestas cuentas en las Islas Caimán y que, por tal motivo, Juez estaría tratando que el tema se olvidara mediante la adopción de una “estrategia de reflexión y recato” en su relación con la Casa Rosada, no obstante que prefiramos guiarnos, en esta suposición, por el principio de inocencia que lo asiste. Tal vez, la hipótesis más inmediata resida en que este acercamiento no tenga otro fin que el de negociar un compromiso para presentar una lista kirchnerista en Córdoba que complique las chances de José Manuel de la Sota, a cambio de su silencio y colaboración. Por ahora, todo indica que si el peronismo concurre unido será complicado arrebatarle la Casa de las Tejas, y Juez hace tiempo que viene descendiendo en las preferencias electorales. Puede que haya llegado el momento de arreglar con los K para intentar doblegar a su archirrival, aunque esto signifique arriar sus supuestas convicciones, voceadas hasta el hartazgo por todos los confines mediáticos de la Nación. La coherencia, como se sabe, no es una de sus virtudes.





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