Peñarol llegó a sacarle 17 puntos a Obras con un Campazzo descomunal, pero durmió una larga siesta en el último tramo del cuarto final y hubo gran suspenso hasta la bola del cierre, donde Osimani la perdió y el “Milrayitas” revirtió la ventaja de localía en la final. A gritarlo con todo
De manera casi inexplicable, rifó la ventaja en el epílogo y terminó sufriendo como pocas veces. Pero una buena defensa de Campazzo sobre Osimani en la última jugada le aseguró el primer punto de la serie final. Valió la pena el sufrimiento, porque con la victoria por 80 a 78 en Capital Federal, el “Milrayitas” revirtió la ventaja de localía y el sueño del tricampeonato está un poco más cerca.
El desarrollo arrancó a pedir de Peñarol. Defendió muy físico el equipo marplatense, que entró más duro que Obras y marcó diferencias de movida. Porque negó el juego de Juan Gutiérrez (Leo Gutiérrez fue sobre él), pudo correr algún contraataque y cargó muy bien el rebote ofensivo con Leiva. A partir de las profundizaciones para su pivote (defendido sin ayuda por Juan Gutiérrez), el “Milrayitas” revirtió el balón y encontró espacio para su tiro de tres puntos (convirtió 5/10 en el primer cuarto). Leo Gutiérrez (9 puntos) disfrutó de esa situación y, junto a Lamonte (7), lideró la escapada del equipo marplatense (21-11). Sólo Washam (9) sacó la cara por el local, muy incómodo para imponer su juego prolijo.
La acumulación de faltas de Leiva condicionó a Peñarol en el segundo cuarto. Y el ingreso de Field (8) por el inexpresivo Fells le dio mucho gol a Obras bajo los tableros. El pivote impulsó un parcial de 7 a 0 favorable al local para igualar rápido las cifras (23-23). Los relevos le cambiaron la cara al “Tachero”, que tuvo más juego con la doble base Osimani - Konsztadt y mayor potencia con Espinoza. Peñarol se volvió un equipo demasiado frontal, falló todo desde afuera (0/7 en triples en el segmento) y Obras pasó al frente y se agrandó (37-30). Ahí, “Oveja” Hernández dispuso una zona 2-3 que le dio resultados y encontró soluciones en Lamonte (6) posteado sobre Konsztadt. Así, todo se equilibró hacia el descanso largo (37-36).
El único foráneo del equipo marplatense mantuvo la confianza por las nubes en la reanudación y apareció Campazzo en toda su dimensión, para poner el desarrollo otra vez del lado de Peñarol. Al cordobés no le pesan las finales. Su “inconsciencia” lo hace tomar con acierto decisiones que no son para cualquiera. Es ahí cuando arriesga y no falla. Convirtió 13 puntos en el segmento con tres triples y lideró la escapada del “Milrayitas”. Obras, desconcertado, sólo encontró respuestas en Mázzaro (8). Peñarol controló todo el resto con una gran defensa (61-52).
La desfachatez de Campazzo parecía quebrar definitivamente el partido. Sintió demasiado el impacto Obras, confundido como pocas veces. Peñarol advirtió que su golpe había sido de nocaut y se mantuvo agresivo, fiel a su instinto asesino (77-60), inclusive con protagonistas ofensivos inesperados como Reinick.
Sin embargo, Obras no se entregó y aprovechó una siesta muy larga del equipo marplatense para increíblemente ponerse a tiro con un parcial de 13 a 0. La victoria visitante corrió serios riesgos, porque los capitalinos se situaron a tan sólo 1 punto a falta de poco más de 30 segundos (77-76). Para colmo, Campazzo falló un libre a falta de 9 segundos (80 a 78) y la última bola era del local. Ahí, el pibe que ya es un grande se redimió ante Osimani y forzó la pérdida que decantó en la invalorable victoria “Milrayitas”.
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