Desde el kirchnerismo buscan involucrar al gobernador Scioli, incentivando la interna del oficialismo. Una estrategia para tapar las acusaciones de corrupción que pesan sobre Boudou.
Era de esperar, entonces, que todos los dardos del kirchnerismo apuntaran a Scioli. Así comenzó a evidenciarse días atrás, cuando los diputados provinciales del Frente para la Victoria hicieron aprobar (a instancias del referente de Boudou Juan de Jesús y el representante de La Cámpora, José Ottavis) un pedido de informes por los contratos del gobierno bonaerense y la empresa Boldt, que explota bingos y máquinas tragamonedas desde hace más de veinte años en la Provincia. Pero la estrategia quedó aún más al descubierto ayer, cuando uno de los principales operadores K, el periodista Horacio Verbitsky, publicó en un diario oficialista una nota en la que vinculó a Scioli con el directivo de Boldt, Guillermo Gabella, y un supuesto plan para consagrar la candidatura presidencial del bonaerense en 2015. En el medio de esa disputa ahora quedó el negocio del juego en la Provincia, que fue beneficiado por las sucesivas administraciones bonaerenses, sobre todo la de Felipe Solá, en cuyo gabinete tenía especial influencia el actual ministro del Interior, Florencio Randazzo.
Al momento de aprobar el polémico pedido de informes sobre Boldt, desde la oposición en la Cámara baja bonaerense se reiteraron los pedidos para estatizar el juego de azar en la Provincia. Sin embargo, desde el oficialismo legislativo se evitó un pronunciamiento en ese sentido. Incluso, los informes fueron solicitados sólo por las empresas Boldt SA y Boldt Gaming SA, y no por otras empresas y actores como Cristóbal López, Codere, Daniel Angelici, Carlos Gallo y Luis Alberto Peluso, entre otros, como lo viene haciendo sin respuesta el diputado de la Coalición Cívica Walter Martello.
La idea de la reestatización del juego fue retomada por Verbitsky en su nota de ayer. Sin embargo, lo que el operador K no explicó es que Cristina y su marido, Néstor Kirchner, siempre tuvieron como uno de sus empresarios favoritos al llamado “zar del juego”, Cristóbal López, a quien le sirvieron en bandeja el casino flotante de Puerto Madero, las máquinas tragamonedas del hipódromo de Palermo y le abrieron las puertas de la Provincia con la compra del bingo de Los Polvorines.












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