La subsistencia dentro de los campamentos okupas

La vida de las personas transcurre entre la incertidumbre y la esperanza de quedarse en ese pedacito de terreno. Los que están ubicados en el Fray José de la Quintana y Montaña coinciden en que reciben ayuda de los vecinos de las viviendas.
Mientras los vecinos de las 550 Viviendas del sector del barrio Pirayuí II salen a protestar para apurar a la Justicia para que desaloje los terrenos usurpados, el campamento okupa se mantiene y resiste. Y a decir de los vecinos, incluso crece a diario.

Pero desde la Justicia aclaran que nada de eso ocurre ya que tienen todo el predio bajo control con estricta custodia policial. Las familias que se apoderaron de los espacios apuestan a que en algún momento les cedan esos terrenos.

Juan Báez y Blanca Fernández tienen 5 hijos, el menor de 6 meses de vida y la mayor de 12 años. El padre con orgullo comentó a El Litoral que “ella -por la chica de 12- salió primer promedio, entre sus compañeros, y hasta le dieron una medalla”. Ahora la jovencita, se aferra a un pedazo de suelo, mientras cuida a sus hermanitos menores en un predio ubicado en el sector lindero a las viviendas Epam del barrio Doctor Montaña. Por esto de las vacaciones de invierno, muchos chicos corren y merodean en esas comarcas.

Cerca de allí, hay una canchita de fútbol, y la gente aclara que “esto no se va a tocar porque va a quedar como espacio público para hacer una placita”, según proyectan. Cerca del Fray José de la Quintana, más precisamente a metros de la esquina de Milan y Turín, existe otro grupo que se autoconvocó. “Acá los vecinos de las viviendas están contentos con nosotros; nos ayudan con agua caliente e incluso nos prestan el baño a las mujeres”, contó Graciela Paniagua, quien reveló además que entre ellos realizaron un censo de la cantidad de personas que estaban en ese sector.

El resultado de ese inventario “lo elevamos al Intendente de la ciudad, Camau Espínola, porque tenemos entendido que estos terrenos serían ahora municipales, ya que antes pertenecían al Ejército”, explicó.

En el Pirayuí, Norma Sosa (37) es tal vez la primera en construir una muy precaria casilla de madera. Argumenta que “soy asmática y esto me hace mucho mal, pero tampoco tengo donde irme porque me separé de mi marido y debo encontrar un hogar para criar a mis 6 hijos”, explicó.

A su vez, “tengo uno que es discapacitado”, indica al referirse a un jovencito de 16 años quien es hipoacúsico.

El mayor de sus hijos tiene 20 y el menor 9, explicó antes de señalar que “decidí separarme cansada de las golpizas. Era un hombre muy violento, e incluso un día a él -indicó al chico de 16- le hizo sangrar la boca de una trompada. Ahí dije basta y ahora estoy acá, resistiendo”, relató. Se refugia del frío en un espacio que logró armar con la ayuda de sus nuevos vecinos.

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