Los automóviles y motos subastados habían sido secuestrados por la Municipalidad. Más de 600 personas desfilaron por el predio donde se realizó el remate que se extendió durante siete horas.
Más de 600 personas se convocaron en el viejo galpón ubicado en calle Acuña 49 donde los miembros del Colegio de Martilleros comandan, megáfono en mano, la venta al mejor postor de automotores y motovehículos que habían sido secuestrados, por diversos motivos, en operativos de tránsito en la vía pública. Hasta el viernes había 90 lotes dispuestos para el remate, pero ese mismo día dos personas recuperaron sus motos después de regularizar su situación y pagar deudas con el fisco rafaelino.
Cuatro autos, una pick up, 69 motos de distintas cilindradas en condiciones de transitar y otras 83 distribuidas en 16 lotes destinados para desguace componían la oferta. Los martilleros debieron trabajar durante siete largas horas encima de la caja de una vieja y muy deteriorada camioneta para agotar el heterogéneo stock, según informaron fuentes del Municipio a este Diario. "Nos subimos a la camioneta para tener más altura y así verlos más claramente a ustedes cuando hacen las ofertas", expresó Daniel Brega, uno de los martilleros que debió esforzarse en medio de encendidas pujas que animaron los interesados.
Las reglas son simples en la subasta dinámica, ya que todos ofrecen una cantidad de dinero y la venta se concreta al mejor postor, que para retirar el vehículo debe pagar la suma en su totalidad y agregar un 10 por ciento adicional como comisión para el martillero. No obstante, también tienen la posibilidad de abonar el 30 por ciento del dinero propuesto en la bajada de martillo y luego, en un plazo de 15 días, saldar la diferencia ante la Municipalidad, lo que permite retirar el vehículo y la papelería que debe presentar en los registros que correspondan y así contar, definitivamente, con una unidad patentada en 2010. "En general, al dinero que pagan por la unidad y el 10 por ciento de comisión que establece el Colegio de Martilleros, los que se adjudican una subasta deben agregar otros 300 pesos para poner los papeles en orden en el Registro Automotor o de Motovehículos, según corresponda", indicó un funcionario municipal.
Tras imponerse en una subasta, cada adjudicatario debía completar un formulario con sus datos básicos para efectuar el pago en la caja dispuesta en el predio. Mientras cumplían ese trámite, un gestor les entregaba su tarjeta personal para brindar sus servicios a la pesca de algún distraído cliente desinteresado en efectuar el simple trámite ante el registro.
Casos y más casos
Un Gacel Volkswagen modelo 88 fue cotizado en 4.700 pesos, la mayor cifra pagada por un automóvil. "Ahora debe abonar una comisión de 470 pesos al martillero, otros 300 en el registro y por un total de 5.470 tiene un auto que anda bien", señaló uno de los participantes al destacar las ventajas que pueden existir al hacer negocios en la subasta. En tanto, un Renault 12 con rastros indisimulables del paso del tiempo se vendió en 900 pesos, con pocos interesados en la contienda.
Asimismo, una Honda Biz de color negro relativamente nueva logró un valor de 4.300 pesos, por lo que el postor ganador no ocultaba su satisfacción "porque estoy convencido de que hice un muy buen negocio con esta compra". Es que este tipo de moto cero kilómetro cuesta cerca de 9.000 pesos, una cantidad muy superior.
Uno de los acostumbrados participantes de las subastas organizadas por la Municipalidad es de San Francisco y se interesa por los ciclomotores que sólo pueden ser empleados para desguace. Por el lote N° 10, compuesto por dos motos Garelli, dos Zanella y una Juki, pagó solamente 600 pesos. "Con estas unidades tiene la posibilidad de armar una o dos motitos que después se pueden vender en el campo, sin papeles, para las tareas rurales. Y su cotización puede acercarse a mil pesos por moto, por lo que puede representar una excelente rentabilidad de la operación", señalaron fuentes especialistas en subastas.
También aparecen propietarios de talleres mecánicos a la búsqueda de pequeños pero lucrativos negocios. "Si logran comprar un par de motos a precios convenientes y luego restaurarlas, es posible que se queden con una buena ganancia", agregaron los especialistas en este tipo de pequeñas historias.
No es el caso de Marcelo, muy satisfecho por haber adquirido una Honda Guerrero, cuyo precio base era de 500 pesos, tras pugnar con otros interesados para imponerse con una oferta de 1.100 pesos. "Esa moto parece estar bien, pero de todos modos no deja de ser un problema hacer este tipo de compras a ciegas porque nunca sabés cómo está el motor y cuánto te puede costar ponerla en condiciones para circular", sostuvo.
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