El sorpresivo paro de choferes alteró la rutina en la terminal

El sorpresivo paro de los choferes de transporte de pasajeros de larga distancia enrolados en la Unión Tranviarios Automotor (UTA) modificó la rutina de la terminal de ómnibus, donde ayer a la mañana se multiplicaban frente a las boleterías colas de usuarios que debían reprogramar sus viajes. Sobre el mediodía se normalizaba la actividad y muchos de quienes transitaban por allí ni estaban enterados de la medida de fuerza —nacional— que se había levantado a las 9.
El paro había sido decretado a las 21 de las martes ante el fracaso en las discusiones paritarias entre la UTA y las cámaras empresarias. La sorpresiva medida dejó a gente varada en la terminal y muchos debieron pernoctar allí. Pero más allá del lógico malestar de los usuarios no hubo disturbios, coincidían ayer en Santa Fe y Cafferata.

La medida afectó servicios interprovinciales, por lo que quienes viajaban en un radio aproximado de 200 kilómetros pudieron hacerlo. En la terminal ayer se estimaba que se habían movilizado unos 100 coches menos que lo normal para un día de semana. Y se aclaró que los coches de larga distancia que ingresaron lo hicieron porque el paro comenzó mientras estaban en ruta y no podían detenerse.

Para todos. "Llegué a las 6 y había colas de 30 personas en todas las boleterías, que empezaron a atender a las 9.15. Creo que mucha gente no sabía nada del paro; hasta para nosotros fue sorpresivo", comentaba ayer a la mañana Lorena, empleada de Informes de la terminal.

"Quienes tenían pasaje a la noche tuvieron que esperar. La mayoría reprogramó los viajes y unos pocos pidieron la devolución del dinero. Pero en dos horas se normalizó todo", dijo Alejandro, boletero de Urquiza.

En tanto, en los comercios el impacto fue dispar. "Mucha gente varada pero poca venta", decía Silvina desde la caja de un bar al paso, mientras detrás de otro mostrador Juan contaba que "no subieron tanto las ventas, pero por ser día de semana tampoco se notó mucho".

"Con razón tuvimos un bache grande entre las 21 y la medianoche", decía Diego, encargado de otro comedor, enterado del paro ayer a la mañana cuando llegó a la terminal y vio "las cámaras de televisión".

Para Rodolfo, que atiende un quiosco, también fue sorpresivo hallar tanta gente "sentada con cara de dormida" en los bancos. En su caso, la ansiedad de los usuarios le hizo subir las ventas de galletitas y cigarrillos, más accesibles al bolsillo que una cena entera.

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