En una votación que rozó el escándalo, el partido de Obama enmendó su plan de gobierno para añadir una mención a Dios y reconocer a Jerusalén como capital de Israel.
Arturo Puricelli.
Bastó una noche en la que la presidenta de Comité Nacional del Partido Demócrata tuvo que responder la insistente requisitoria de los medios y comentaristas sobre la ausencia de referencias en la plataforma partidaria a Dios y a reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel, para que dos tercios de la convención del partido dieran marcha atrás con las dos novedades más excitantes que habían aparecido hasta ayer en su plataforma electoral. Debbie Wasserman-Schultz apareció incómoda ante las cámaras después de descubrir que sus anfitriones no querían hablar sólo del conmovedor discurso de Michelle Obama de la medianoche del martes, sino de las diferencias entre la plataforma de 2008 y la que ya tenía aprobación preliminar de la convención de 2012. Una intervención directa del presidente Barack Obama, detrás de la que se adivina la ira del Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC), volvió las cosas a como estaban cuatro años atrás y forzó la primera votación con cierto dramatismo en el piso de la Time Warner Cable Arena de Charlotte, donde se desarrolla la convención que debe oficializar la candidatura del presidente a su reelección.
El lobby favorable a la postura de la derecha gubernamental israelí volvió a demostrar su eficacia en influir a los demócratas (los republicanos no necesitan ya ser presionados para apoyar automáticamente esas posturas), y desnudó la profunda preocupación que aqueja al oficialismo en vistas al empate técnico que las encuestas reflejan entre Obama y el republicano Mitt Romney.
El desempeño mediocre de la economía no ayuda al presidente a sacarle ventaja a un candidato republicano que ni la base de su partido ni la ciudadanía en general aman. De allí la importancia de motivar a la militancia, desde los gobernadores hasta el último activista local, para que salga a buscar esos muy pocos votos que van a decidir una elección que todos los encuestadores anticipan muy ajustada. De allí, también, que las mejores intenciones de quienes propusieron una redacción de la plataforma que equilibrara la posición de EE UU en el conflicto israelí-palestino y que le diera un perfil más claramente laico a la misma, naufragaran ante el cálculo electoral.
El discurso de Michelle Obama, el martes, que conmovió a la audiencia en el estadio de básquet local y a la del prime time televisivo con una pintura personal de su marido "criado por una madre soltera a la que le costaba pagar las cuentas", perdió brillo al emerger la polémica mediática a la que Obama le dio un corte radical, con un giro de 180 grados. «




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