“Ya somos más de 350 mil familias organizadas en asentamientos”

La integrante del MST María Gorete estuvo en Río Cuarto y relató las características y desafíos de una de las experiencias campesinas más importantes en América Latina. Criticó a los gobiernos progresistas de la región y dijo que se necesita “producir alimentos de calidad y garantizar la soberanía alimentaria”
Integrando a más de un millón y medio de campesinos, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil (MST) se ha convertido en uno de los movimientos sociales más grandes de Latinoamérica. María Gorete Souza, miembro de la organización y coordinadora de la universidad que fundó el MST, visitó nuestra ciudad y relató las características y desafíos que enfrenta hoy el grupo que desde hace 30 años lucha por la reforma agraria. Además, cuestionó el modelo de desarrolló impulsado por los gobiernos de la región y destacó la necesidad de producir alimentos de calidad para alcanzar la soberanía alimentaria de los países en desarrollo.

“En su proceso de consolidación y ocupación de tierras, el Movimiento Sin Tierra fue conquistando territorios: hoy ya somos más de 350 mil familias organizadas en asentamientos que tienen una casa, tienen su producción, su escuela, su centro de internet, su centro de cultura”, sintetizó Gorete en diálogo con PUNTAL luego de participar del ciclo “Espacios De-Coloniales” organizado por la UNRC.

Al referirse a la coyuntura actual, la militante del MST advirtió que “es necesario repensar el modelo de desarrollo que algunos gobiernos, incluso los progresistas, están construyendo en nuestros países” y afirmó que lo que está en juego es la supervivencia de la humanidad.

“Uno de los grandes desafíos para los movimientos campesinos de América Latina es

retomar la tierra para los campesinos, producir alimentos con calidad, sin venenos, y garantizar una soberanía alimentaria en cada país”, dijo Gorete. Y agregó que para ello es necesario que las universidades eduquen e investiguen en sintonía con otra forma de producción.

El MST ayer y hoy

El MST es una organización de campesinos que surgió en la década del ´80 en Brasil con el objetivo de luchar por la reforma agraria. A través de la organización colectiva de los trabajadores rurales, miles de familias se fueron asentando en campamentos a la orilla de latifundios considerados inconstitucionales y ocupando tierras entendidas como improductivas. Actualmente, la organización está presente en 24 de los 27 estados del país.

“Entre tanto que el movimiento se va consolidando van apareciendo otras reivindicaciones ya que era necesario, sumado a la conquista de la tierra, poder realizar un proceso que dé las condiciones para producir alimentos saludables en esa tierra, que puedan garantizar una soberanía alimentaria en la que pudiésemos producir para la subsistencia de la población y también para el mercado interno”, relató Gorete remontándose a los inicios del movimiento.

A su vez, dado que las tierras ocupadas no poseen la infraestructura necesaria para ser habitadas, “paralelamente a la comida también surgen otras necesidades para crear las condiciones de vida que posibilitasen que las personas se quedaran en el campo y no se fuesen para las ciudades”. Así, cuenta Gorete, el acceso a la educación, la salud y la cultura se fueron convirtiendo también en reivindicaciones centrales para el MST.

“Entonces, además de un movimiento por la reforma agraria, hay una lucha por una sociedad que tenga más justicia social, que consiga avanzar en un proyecto de país, que haya distribución de las riquezas y que disminuya o se elimine por completo la concentración de la riqueza que existe en nuestro país”, agregó.

A su vez, el movimiento brasileño articula con otras organizaciones de América Latina y el mundo que comparten sus reivindicaciones.

“Nos unimos en una organización que se llama Vía Campesina, inclusive hay

organizaciones de Argentina que participan de ese movimiento como el Mocase, el Movimiento Nacional Indígena, y somos hermanos en esa lucha para producir alimentos saludables”, indicó Gorete.

“Alimentación sin veneno”

La militante del movimiento brasileño sostuvo que las organizaciones campesinas con las que articulan a nivel mundial buscan promover un desarrollo diferente y defender la importancia de una alimentación saludable para la supervivencia de la humanidad: “La alimentación no es mercancía”, expresó cuestionando el modelo actual.

- En un contexto que tiende a la concentración de la tierra y a una creciente migración del campo a la ciudad ¿Qué desafíos se les presentan en la actualidad?

En general los países que son considerados subdesarrollados o en desarrollo, como los países de América Latina y África, son colocados en una condición para eso. Nosotros exportamos commodities y eso hace que en el campo avance cada vez más el agronegocio.

El avance del agronegocio significó también mayor concentración de la tierra y el fenómeno que está ocurriendo ahora es que las grandes transnacionales están tomando las tierras de los campesinos, no sólo en Brasil sino en todo América Latina, justamente para producir granos como la soja que en la realidad no es para alimentar a la humanidad, es para producir mercancías. Entonces en Brasil hay una gran producción de granos y hay que preguntarse para dónde van esos granos, a quién alimentan.

Nosotros creemos como movimiento, y es uno de los grandes desafíos, que las tierras en Brasil y en América Latina están para producir alimentos, y es necesario producir alimentos de calidad, sin veneno. Imagina que Brasil hoy es uno de los mayores consumidores de veneno del mundo; la mayor parte de lo que han producido los monocultivos es todo veneno. Y nuestros productos son exportados. Entonces ustedes consumen el veneno de Brasil.

En ese marco, Gorete afirmó la necesidad de que la población pueda recuperar la tierra y producir alimentos que promuevan una vida saludable en la población.

Y manifestó: “Hoy cada día más aparecen enfermedades que están relacionadas a la forma en que nos alimentamos. Entonces tenemos que pensar que si nosotros nos alimentamos mal es porque en el campo hay un proceso de concentración de la tierra y de producción de alimentos que está desarrollado por las grandes transnacionales y los grandes propietarios que no producen alimentos de calidad”.

Por este motivo, desde el MST subrayan que el mayor desafío en la actualidad es repensar el modelo de desarrollo que rige en el campo en la actualidad, dado que allí “está en juego nuestra supervivencia como humanidad”.

Los gobiernos progresistas

En relación a las políticas impulsadas en distintos países de la región en los últimos años, la militante del Movimiento Sin Tierra denunció que el modelo de desarrollo que sostienen los gobiernos progresistas latinoamericanos implican “la destrucción de la naturaleza y la vida humana”.

- ¿Cree que los gobiernos progresistas de América Latina han introducido cambios en relación a la soberanía alimentaria y la vida en el campo?

En América Latina vivimos un momento de la lucha de clases que no es simple, es muy complejo. Existen proyectos de las elites que desean solamente producir cada vez más lucro y concentrar cada vez más riqueza y existen otros grupos que piensan dentro de este sistema un desarrollo sustentable, que tiene sus límites.

No basta solamente llegar a donde llegamos si queremos sobrevivir, si queremos la continuidad de la humanidad. Porque esta forma depredatoria que estamos viviendo, que se intensifica cada vez más, va a tener un fin y el fin es la destrucción de la humanidad y la naturaleza.

Al respecto, Gorete ejemplificó la situación de la megaminería en América Latina y expresó que la destrucción que esta actividad ocasiona no tiene retorno: “Sus impactos son irreversibles y esos gobiernos contribuyen con eso”.

Por ello, afirmó: “Es necesario repensar ese modelo de desarrollo que algunos gobiernos,

incluso los progresistas, están construyendo en nuestros países. Y pienso que la contribución de estos gobiernos, en este sentido, es hacer que los movimientos sociales reflexionen que como estamos no es posible seguir”.

Y concluyó: “Claro que nosotros vivimos un período en América Latina de dictaduras y no queremos regresar a esa forma de gobierno, pero tampoco queremos que nuestros gobiernos entreguen nuestras riquezas sin hacer un cuestionamiento. Nuestras riquezas tienen que ser protegidas en el sentido de dar una mejor calidad de vida para nuestro pueblo”.

Una escuela propia y convenios con instituciones para promover una educación campesina

La militante brasileña expresó que uno de los mayores desafíos del proceso impulsado por el MST es consolidar una educación transformadora. Por ello, en el año 2005 crearon la Escuela Nacional Florestan Fernandes, un proyecto educativo que se ha convertido en un referente pedagógico para América Latina.

Ubicada a 65 kilómetros de Sao Paulo, esta escuela combina la actividad teórica y práctica buscando la profundización de las cuestiones políticas, económicas y sociales referentes a las organizaciones de trabajadores del campo y de la ciudad, comprometidas con la superación de las injusticias sociales y la solidaridad entre los pueblos.

Florestan Fernandes fue un sociólogo brasileño, profesor universitario y diputado nacional que defendió a los trabajadores y promovió la democratización de la educación.

Chico Buarque y Sebastian Salgado son algunos de los intelectuales que apoyan el trabajo de esta escuela internacionalista por la que han pasado muchos militantes sociales y estudiantes de todo el mundo.

Según indicó Gorete, quien se desempeña como coordinadora del proyecto, la escuela es considerada “la universidad del MST” y tiene como objetivo “hacer un proceso de educación que sea transformadora, que pregunte, que cuestione y que produzca vida y no muerte”. La escuela se encuentra por fuera del sistema educativo formal de Brasil debido a que la intención es “mantener la autonomía como movimiento social”.

Además, la organización campesina mantiene convenios y articulaciones con distintas instituciones educativas de Brasil y el mundo, entre las cuales se encuentra la Universidad Nacional de Río Cuarto. De ese modo, el movimiento busca incorporar en la currícula de las instituciones contenidos relacionados con la vida campesina y los movimientos sociales.

“Tenemos un convenio con la UNRC que es parte de un proceso de intercambio entre los campesinos y trabajadores urbanos de Argentina con Brasil. Los convenios formales que realizamos con las universidades se relacionan con la geografía, la historia, las ciencias sociales, agronomía, veterinaria, todo eso es volcado para la educación del campo”, explicó Gorete.

En este sentido, la coordinadora de la escuela Florestan Fernandes señaló que, para producir de una manera diferente, el movimiento necesita formar a los jóvenes de las comunidades y que las universidades realicen investigaciones que les permitan producir cada vez con mayor calidad.

“La investigación en las universidades tiene que estar relacionada a la producción de alimentos con calidad para los campesinos, producir ciencia para que de hecho se transforme esa realidad”, dijo. Y añadió: “Por eso, creemos que la educación y el conocimiento es fundamental para un proceso de transformación de las comunidades, de la forma como nos alimentamos, como vivimos, todo eso está relacionado con la producción de conocimiento”.

Con esa intención, y a partir de las demandas de los movimientos campesinos del país, dentro del Ministerio de Educación de Brasil se creó una secretaría “que toma la educación del campo desde una perspectiva de los trabajadores del campo, no una educación que piensa a partir de los grandes latifundios, sino que piensa a partir de todos los pueblos que viven en el campo”, especificó la militante del MST.

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