Al final, la postergación solicitada por el gobierno sólo sirvió para sembrar falsas esperanzas entre los trabajadores y distraer la atención sobre lo inevitable: el cierre definitivo del Frigorífico Uriburu.
Sobre la calle Quintana, frente a Relaciones Laborales, los trabajadores aguardaban una noticia que pusiera fin a un calvario de casi un mes. No tuvieron que esperar mucho, la reunión resultó muy breve y en apenas diez minutos supieron que su suerte estaba echada. El propietario del frigorífico, Carlos Serrano, ya no tiene dinero para continuar operando la planta.
Sin ayuda oficial, la única esperanza de mantener la fuente de trabajo es que otro empresario adquiera o alquile la planta, posibilidad incierta frente a la delicada situación de los sectores exportadores. El entrerriano Serrano le debe a sus empleados tres quincenas, la mitad del medio aguinaldo y el último aumento salarial, vigente desde abril. "Los telegramas de despido del 12 de septiembre fueron invalidados por la conciliación, así que la empresa debería comunicar nuevamente las cesantías", informó el abogado del Sindicato de la Carne, Fernando Sabid Buteler.
Una vez despedidos, podrán gestionar el seguro de desempleo y reclamar el cobro de las indemnizaciones por vía judicial.
Carteles sobre la ruta.
De regreso en sus hogares, cargados de bronca y tristeza, los empleados alambraron las calles de acceso al frigorífico. "A esta planta no entra nadie", aseguraron. Desde hoy reanudarán las guardias en el predio, para evitar su vaciamiento. Un grupo se dedicó a pintar pasacalles y cuando caía la tarde colgaron dos en el acceso al pueblo. "Carlos Serrano, queremos trabajar hacete a un lado. Frigorífico Uriburu", dice uno de los carteles. Y el otro: "Con la dignidad y la necesidad de la gente no se juega".
Por ahora no resuelven acciones directas. "La conciliación vence el viernes, y hasta entonces habrá una esperanza", advierten. Pero no piensan permanecer de brazos cruzados. "Alguien tiene que hacerse cargo, esto no puede terminar así. Si no hay una solución seguro que adoptaremos medidas más duras", agregaron.
La última faena se realizó hace un mes, y el 10 de septiembre salió de Uriburu el último camión con carne congelada. Dos días después recibieron sus telegramas de despido y la Subsecretaría de Trabajo dictó una conciliación obligatoria, que no mostró resultados. El viernes, cuando expire formalmente el plazo de la medida, los trabajadores quedarán formalmente despedidos y la empresa en situación de quiebra.
Los números no cierran.
Carlos Serrano reconoció que "el negocio perdió rentabilidad y mantener la planta abierta genera pérdidas". Argumentó que al mantenerse estancado el valor del dólar "la inflación se comió toda la rentabilidad" y explicó que para sostener la fuente de empleo necesitaría "una faena de 1.400 animales por mes y un Repro (subsidio para salarios) de 1.200 pesos". De todos modos, en ese contexto la situación sería igualmente delicada porque "no quedan márgenes de ganancia, sólo sería posible mantener la planta funcionando", advirtió.
El problema mayor, sin embargo, es la posibilidad de que expire la licencia extendida por la Comunidad Europea. Con la planta paralizada, esa habilitación podría ser cancelada y el frigorífico de Uriburu perdería su capacidad para exportar. Actualmente en el país hay sólo media docena de frigoríficos habilitados para vender carne de caballo a Europa.
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