Hernán de GoñiEn los últimos años el debate sobre la política fiscal se llenó de etiquetas.
Los heterodoxos tuvieron una ayuda inestimable para imponer su tesis. El rebote de 2003 y el nuevo ciclo estructural de las commodities aportaron una masa de recursos que no existió en los 90. La reestructuración de la deuda también restó necesidades que en el pasado eran verdaderos salvavidas de plomo. El broche de oro fue reabrir las compuertas de un financiamiento vedado por el riesgo inflacionario (el BCRA) y conquistar recursos que eran exclusivos del sector privado (las AFJP).
Sin embargo, con $ 30.000 millones de déficit financiero en 2011, el Gobierno seguirá siendo heterodoxo hasta que la plata no le alcance.
En la Argentina hablar de déficit fiscal es revivir tiempos difíciles. Si bien padecerlo no implica volver a los 90, tratar de equilibrarlo tampoco transforma al Gobierno en ortodoxo. El éxito está más ligado a la caja que a la teoría. El límite al gasto lo marcan el tamaño de la hipoteca y la voluntad de los ciudadanos a financiarlo con sus impuestos.
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