Una de las perlas que dejó la reunión que mantuvo el gobernador Daniel Scioli con más de 90 intendentes bonaerenses, fue un sugestivo pedido del mandamás de Tres de Febrero, el histórico metalúrgico Hugo Curto.
Es evidente que un hombre de la extensa carrera política de Curto no habría pedido la palabra y oficiado como último orador de un evento de gran despliegue sólo para caer en formalismos.
La intención del único intendente de la historia de Tres de Febrero fue “enganchar” tanto a los intendentes rebeldes como alguno de sus pares del Conurbano en un operativo clamor por la reelección de Cristina y la profundización del modelo kirchnerista, una causa que no parecen defender a ultranza ciertos jefes comunales díscolos.
Pero los intendentes lograron escapar a la chicana y una vez terminada la reunión, salieron rápidamente del Salón Dorado de la Gobernación a conceder entrevistas o de vuelta a sus respectivos distritos.
Cuando al término del encuentro le preguntaron a Pablo Bruera, uno de los intendentes que integra el revoltoso Grupo de los Ocho, si había firmando la solicitada, el platense aclaró que finalmente no había habido tal rúbrica colectiva, sino que todo no había pasado de ser un deseo en voz alta de su colega Curto.




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