Pablo Emilio Moncayo tenía 19 años cuando fue secuestrado; su padre caminó por el mundo pidiendo por que lo liberen
Cuando el cabo Pablo Emilio Moncayo fue secuestrado por la guerrilla colombiana, el 21 de diciembre de 1997, tenía 19 años. Recuperó su libertad ayer, a los 32. Había sido capturado junto con otros 17 compañeros mientras cumplía el servicio militar, luego de un ataque guerrillero a una base militar en el cerro Patascoy, en el sureño departamento de Nariño.
Su familia no tuvo noticias hasta el 24 de marzo de 1998, cuando recibió una carta como prueba de vida.
"Fue una locura, no sabíamos si estaba vivo o muerto", contó su padre, Gustavo Moncayo. En la misiva, el joven, que fue ascendido de cabo a sargento durante su cautiverio, les pidió a sus seres queridos que fueran fuertes y relató su vida en la selva en forma de parodia.
"He pasado más aventuras que Indiana Jones, y si yo sacara una película, él se quedaría en pañales", escribió.
Pero después de esa prueba de vida, todo fue silencio. Por eso su padre, ante la falta de voluntad política del gobierno colombiano y de las FARC para concretar un intercambio humanitario, resolvió iniciar en 2007 extensas caminatas para exigirle a la guerrilla la liberación de Pablo Emilio, y comenzó a ser conocido como "el caminante por la paz y la libertad".
"Nuestro hijo se estaba muriendo en la selva y nadie hacía nada por salvarlo", contó María Estela Cabrera, madre del rehén. "Por eso afrontamos el riesgo tras la decisión tomada por Gustavo, cuando un 17 de junio de 2007, con cadenas en el cuello, inició una caminata desde Sandoná hasta Bogotá", añadió.
Fue durante uno de esos recorridos hechos por Colombia que Gustavo Moncayo recibió un video de las FARC con pruebas de vida de siete integrantes de la fuerza pública, entre ellos la de su hijo. Y el profesor siguió con sus recorridos, animado por las pruebas, pero muy afligido por el estado de salud de Pablo Emilio.
Cadenas por la libertad
Las caminatas fueron una de las muchas campañas pacíficas que Moncayo realizó por la liberación de los cautivos. En 2005, decidió encadenarse las manos para simbolizar el secuestro de los rehenes y durante más de siete meses dictó clases con las manos atadas, hasta que decidió emprender las caminatas.
El profesor no agotó esfuerzos por lograr la libertad de su hijo y en una ocasión un grupo de delincuentes lo estafó por casi 1000 dólares tras prometerle que le entregaría pruebas de supervivencia del cabo Moncayo.
Para contarle al mundo las consecuencias del conflicto colombiano, el drama de los secuestrados y criticando sin tapujos al presidente Alvaro Uribe, Moncayo recorrió más de 3000 kilómetros a pie y visitó 14 países. En Roma llegó a reunirse con el papa Benedicto XVI y le pidió que rezara por los secuestrados.
Al concluir este recorrido, caminó desde Colombia hasta Venezuela, donde se entrevistó con el presidente Hugo Chávez, a quien le pidió mediar con la guerrilla para que liberara a su hijo. La intervención del mandatario venezolano no logró la liberación de Pablo Emilio, pero sí de otros seis rehenes.
Los esfuerzos de Moncayo por lograr un canje humanitario hicieron que en 2007 fuera galardonado con el Premio Nacional de la Paz que otorgan cada año el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Fundación Friedrich Ebert y medios colombianos.
El cansancio, las ampollas en sus pies y el sudor de su esfuerzo dieron fruto el 16 de abril de 2009, cuando las FARC anunciaron que liberarían de forma unilateral a su hijo, que había dejado de ser un niño y se había convertido en un adulto.
Uno vive desde ayer en libertad. El otro, sin las cadenas que llevó en su largo vía crucis.



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