El soldado que Cristina eligió para imponer idea de seguridad

El soldado que Cristina eligió para imponer idea de seguridad
Sergio Berni es militar, médico, karateka y sólo responde a la Presidenta. Desplazó a la ministra, Nilda Garré. Participa de los operativos policiales y ve a La Cámpora como la verdadera heredera del modelo.
Por Fernando Oz.

Lo primero que hace Sergio Berni cuando llega a su búnker es sacarse los zapatos y pedir un mate cocido. Desde el sexto piso de un edificio de Gendarmería de Paseo Colón al 500, el teniente coronel médico del Ejército no sólo maneja la seguridad interna del país, también repasa estratégicamente los planos del “abordaje territorial” del kirchnerismo de cara a las próximas elecciones.

Desde que asumió en marzo, se muestra obsesionado con la gestión: las fotos oficiales lo encuentran desbaratando bandas de narcos y evitando cortes de ruta. Se anticipa a una posible ocupación de tierras en Santiago del Estero, se comunica con algún líder piquetero para escuchar sus demandas, sale a patrullar las calles junto a la Policía mientras pide informes sobre una salidera bancaria. Se mueve en helicóptero, moto y hasta cuatriciclo, según las características de donde deba intervenir.

“Es un área sensible y soy un cadáver político, pero soy un soldado y éste es mi puesto de combate hasta que la Presidenta me pida lo contrario”, le confía a sus íntimos, que se preocupan por las críticas que le hacen en TN. Y él les responde: “Si TN me pega es porque estamos haciendo las cosas bien”.

El búnker de Berni es muy parecido a una sala de situación del Pentágono, parece de película. Se entretiene viendo mapas gigantescos que cuelgan de un enorme tablero de arquitectos. Media docena de pantallas LCD, cuadros de Perón, Eva, Néstor, Cristina y las Malvinas decoran su despacho.

A los 50, el hombre designado por la Presidenta para reorientar las políticas de seguridad jura que no tiene aspiraciones personales y que su único proyecto es “servir al modelo que implementó Néstor y ahora profundiza Cristina”.

“Si la Presidenta me dice a dónde quiero ir, yo le respondo a mi casa”, le confía a tres funcionarios, uno de ellos del Ministerio de Desarrollo Social, mientras pide un segundo mate cocido.

Practica la filosofía oriental y estudió karate durante años. Junto a la formación castrense, moldearon su espíritu: “Mi maestro fue un japonés que me inculcó una educación basada en lo espiritual, el honor y la lealtad”. Aunque no nació en el Sur, el “Coronel” (así lo llaman en el Ministerio) se considera un pingüino puro. Comenzó a trabajar con Néstor Kirchner desde que era gobernador en Santa Cruz. Mantiene un excelente diálogo con el ministro de Planificación, Julio De Vido, el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini y el director de la Secretaría de Inteligencia, Héctor Icazuriaga. Para él, la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, es como su madre. Sin hablar de una posible re-reelección de CFK, el oficial del Ejército no descarta que el próximo presidente salga de La Cámpora. Sostiene que la única posibilidad de sostener el modelo en el tiempo es formando nuevos cuadros políticos y cree en el “trasvasamiento generacional”.

A pesar de que se lo suele relacionar con la agrupación Kolina, de Alicia Kirchner, Berni vuelca todo su apoyo a La Cámpora. La imagina como la verdadera guardia pretoriana del modelo K.

Los funcionarios que lo acompañaban mientras se produjo el cacerolazo del jueves 13 (parte de los reclamos era por la inseguridad), se sorprendieron por su postura. “Dijo que se venía algo similar al conflicto del campo con la 125”, recuerdan y lo citan: “Eso significa que ya ganamos la batalla”. Como buen soldado del modelo casi no acepta disidencias. Un ejemplo: al jefe de la CGT, Hugo Moyano, lo ve como un “enemigo”, como “un estúpido que ahora es funcional a la oposición”. Berni se siente un soldado apto para cualquier tarea y se jacta de poder hacer una cirugía en medio del fuego de la artillería pesada.

Su historia militar genera respeto, aunque siempre fue visto como un rebelde. A fines de los ‘80 fue castigado y destinado al regimiento blindado de Rospentek. Quienes lo acompañaron cuentan que le hacía frente a sus superiores, incluso al ex jefe del Ejército, Roberto Bendini, a quien se animó a insultarlo porque no quería trasladar a un paciente de gravedad en helicóptero.

En uno de sus últimos operativos, se atribuyó haber desbaratado una red clandestina que vendía dólares, liberó el corte de una ruta con la Gendarmería (incluso detuvo a los manifestantes) y en los últimos días atribuyó a bandas de colombianos los robos en edificios.

Ahora es él quien tiene en sus manos la estrategia territorial para las próximas elecciones. A través del Ministerio de Seguridad y la cartera de Desarrollo Social baja la asistencia necesaria para sumar voluntades en todo el país.

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