Por: Carlos M. Reymundo Roberts.El mensaje fue telegráfico: "La señora Presidenta lo quiere recibir. Tiene que venir mañana a las 17 a la Casa Rosada. Traiga el libro".
Me presenté al día siguiente hecho una pila de nervios, y, obvio, con una pila de libros. Ella me había pedido uno solo porque es así, austera (salvo que se trate de zapatos, carteras, ropa, hoteles, propiedades o inversiones financieras en dólares), y yo le llevé un montón porque así soy con ella y con la causa: un soldado que no se anda con chiquitas.
-¡Hola! A ver, mostrame cómo te quedó -dijo al recibirme, sonriente, segura y, como siempre, políticamente seductora, irresistible-. Casi 400 páginas, bien. Es más gordito que el de Sandra [Russo, autora de La Presidenta , la biografía recontraautorizada]. Linda edición, me gusta. Pero más me va a gustar si sirve para conquistar votos. El futuro es un edificio que se construye con votos.
El comentario sobre el número de páginas me dejó pasmado. Una persona que tiene en su cabeza todos los números del país, porque se los aprende de memoria para los discursos; una persona atenta a la evolución de la inflación (en ese sentido, el Indec ayuda), a las reservas del Banco Central (que no es un número fácil, porque todos los días bajan un poco) y al precio de las milanesas, la carne de cerdo y el pescado en el mercado central, ¿cómo corno hace para, además, acordarse de que a la Russo la gran biografía le quedó flaquita, aun con una tipografía como para leer a distancia?
Yo, imagínense, estaba feliz. Ya el hecho de ver a la señora con el libro en sus manos, tan interesada, me parecía un sueño. Incluso me permití, y me permitió, sacarle una foto con el celular, en la que salió espléndida.
Hasta que empezaron las preguntas.
-¿Por qué le pusiste Aguanten los K ?
-Le iba a poner Aguanten los Kirchner , pero Nik, el gran humorista, me propuso cambiar "los Kirchner" por "los K", y me pareció bien. Porque el libro no es un himno sólo a una familia de sangre, sino a la gran familia nacional y popular que ustedes han creado. Me pareció más abarcador y, perdón, también más marketinero, palabra que no por casualidad se escribe con k. ¡Qué bien vende usted todo, señora! ¡Cómo me enamora su relato!
No sé si la convencí. Después pasó lo que tenía que pasar.
-Acá veo -dijo, y no pudo evitar un rictus de sorpresa- comentarios de Escribano, Morales Solá, Pinedo, Majul, Redrado, Lousteau, Mirtha Legrand? Y un prólogo de Pagni. ¿Me podés explicar qué hacen acá todos estos tipos que no tienen absolutamente nada que ver con nosotros?
-¡Gran pregunta! -contraataqué-. Lo hice a propósito: cuando usted lea lo que dicen se va a dar cuenta de que no vale nada. Es hojarasca. Cháchara. Después viene la esencia del libro, que es doctrina K pura y dura, y créame que los matamos. Cualquier lector se va a dar cuenta de que el contraste es brutal.
Por supuesto, reparó en la cálida dedicatoria de la página 8: "A Néstor y Cristina Kirchner. Sin ellos, este libro no hubiese sido posible". Le gustó y la agradeció, pero enseguida me dio una lección de historia: "No sólo este libro, mi querido. La recuperación económica, la consolidación institucional, los derechos humanos, ¡el país no hubiese sido posible!" Estuve de acuerdo, y prometí modificar ligeramente la dedicatoria para el caso de que haya una segunda edición. Dirá: "A Néstor y Cristina Kirchner. Sin ellos, la Argentina ya hubiese dejado de existir".
Quiso saber también a qué venía eso de "una mirada mordaz sobre la increíble Argentina de estos tiempos", frase que acompaña al título.
-Lo de mordaz -respondí- es porque dedico muchas páginas a morder a la oposición, a los medios hegemónicos, al Fondo Monetario Internacional, al campo, a los militares, a la derecha, a Macri, a los ricos?
-¿Qué tenés contra los ricos? -me paró en seco. Ahí me di cuenta de que había metido la pata. Salí del apuro como pude.
-Es que no terminé la frase, señora: a los ricos que hicieron la guita persiguiendo a los deudores de créditos hipotecarios, o comprando terrenos fiscales por centavos y vendiéndolos carísimo, o recibiendo intereses extraordinarios de bancos amigos, o especulando con el dólar? En fin, a esa gente que un día tiene 7 millones de pesos y, ocho años después, no se sabe cómo, pasa a tener 70 millones.
-Ah, tenés razón: a mí también me molestan los que hacen la plata fácil.
Respecto de "la increíble Argentina de estos tiempos", le dije que se debía a lo increíblemente bien que estamos, a la increíble capacidad que tenemos para comprar adhesiones, a la increíble fuerza electoral del consumo y a que muchas de las cosas que escucho en sus discursos me resultan increíbles.
Sagaz, lúcida, sanamente creída, antes de despedirse sonrió satisfecha.
Yo también.


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