El candidato progresista superó al actual presidente por escaso margen. La izquierda de Mélenchon y los verdes ya anunciaron que le darán su apoyo. El xenófobo Frente Nacional de Marine Le Pen sorprendió con los votos que reunió.
Al cierre de esta edición, los resultados oficiales parciales en Francia le otorgaban la victoria al líder socialista François Hollande. “Soy el candidato de todos aquellos que quieran dar vuelta la página”, prometió de cara al ballottage, el próximo 6 de mayo. A las 8 de la noche en punto, las pantallas gigantes en los comandos electorales, y en las casas de millones de franceses, mostraron una misma imagen: Hollande 28,8%; Nicolas Sarkozy 26,1 por ciento. Unas horas después, y con el 89% de los votos escrutados, las cifras oficiales confirmaban la tendencia: Hollande 28,3%, Sarkozy 27,02 por ciento. Pero los socialistas no fueron los únicos que festejaron. El xenófobo Frente Nacional y su carismática candidata, Marine Le Pen, consiguieron anoche una votación récord del 18,5% y se convirtieron en la figura clave de la segunda vuelta.
Ni bien se conocieron las primeras cifras, la euforia se instaló en la sede del Partido Socialista en París. “La victoria es ahora. El cambio es ahora”, gritaban los jóvenes socialistas, entre saltos y abrazos. La alegría se duplicó cuando, desde la pantalla gigante instalada en la calle, frente a la sede, escucharon al candidato del Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon, y a la candidata ecologista, Eva Joly, prometiendo sus apoyos para la segunda vuelta. “No hay nada para negociar. El 6 de mayo, sin pedir nada a cambio, vamos a luchar otra vez para sacar a Sarkozy”, arengó Mélenchon intentando disimular su decepción ante una repleta plaza de simpatizantes. Los sondeos lo daban peleando el tercer lugar con Le Pen; sin embargo, el escrutinio lo colocó cuarto con apenas un 10,7% de los votos, según las cifras oficiales.
El otro que intentó disimular su decepción fue el presidente y candidato a la reelección, Sarkozy. Fue el último en aparecer. Sin dejar de sonreír en ningún momento, el mandatario se lanzó directamente a la conquista del voto lepenista de extrema derecha, recordando sus prioridades: la seguridad de las fronteras, la matriz de la inmigración, la deslocalización de las empresas francesas, la creación de empleos y la protección del modo de vida de los franceses. “Invito a todos los que ponen el amor a la patria por delante de los intereses partidarios a que se me unan”, aseguró el mandatario, que ya había exacerbado el tono nacionalista de su campaña en las últimas semanas.
Los sondeos anoche seguían dando como favorito a Hollande en la ballottage; sin embargo, el caudal de voto de la extrema derecha no permite adelantar una victoria segura ni mucho menos. Por eso, Sarkozy pasó a la ofensiva, y ayer, ni bien comenzó su discurso, intentó poner a su rival contra la pared: “Propongo tres debates en las próximas dos semanas; uno sobre economía, el otro sobre temas sociales y el tercero sobre política internacional (…) Ya no hay diez candidatos. Ahora es una confrontación entre dos programas y dos personalidades.” Desde la ciudad de Tulle, su bastión que gobernó durante siete años, Hollande rechazó la propuesta (sólo habrá un debate como estaba programado) y prometió seguir dedicándose a recorrer el país: “Hoy tenemos todas las condiciones para conseguir una victoria. Pero entre las condiciones y la victoria está la campaña.” <
Histórica participación
La segunda sorpresa de la jornada electoral, después del tercer puesto de Marine Le Pen, fue el histórico nivel de participación. Las estimaciones hablaban anoche de casi un 80%, lo que significaría que la elección de ayer movilizó aun más gente que la de 2007, considerada hasta ahora como una excepción después de un marcado abstencionismo en los años noventa y en la elección general de 2002.
La cifra sorprendió aun más dado que no se registraron muchos casos de largas colas adentro de los centros de votación –escuelas primarias y secundarias, e intendencias- a lo largo de la jornada electoral. En el caso de París, hacia la mitad de la tarde las colas habían casi desaparecido en muchos centros de votación.
De todas maneras, el récord de participación fue motivo de celebración para todos los candidatos ya que los sondeos habían pronosticado durante toda la campaña una apatía generalizada que amenazaba con un magro resultado electoral. Pero la movilización a las urnas no implica el fin de la apatía política entre los franceses. Ayer los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta no llegaron a convocar para celebrar más que a una pequeña porción de sus militantes.


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