Sobre “Dictadura y Democracia”

Sobre “Dictadura y Democracia”
Organizada por el Grupo de Autoconvocados por la Memoria y los Derechos Humanos de Pergamino.
El Grupo de Autoconvocados por la Memoria y los Derechos Humanos de Pergamino invita a toda la ciudadanía a participar de la charla abierta sobre “Dictadu­ra y Democracia: la lucha de los familiares de nietos apropiados continúa”.

Este encuentro se realizará el próximo jueves, 16 de septiem­bre, en la sede del Sindicato de Luz y Fuerza, 9 de julio 1275, a las 19:30. En el inicio se proyec­tará el documental La Sangre no Miente, de Jonathan Moscovich, en el cuál aparece el relato de Ga­briel Cevasco, nieto recuperado número 70, contando su historia de búsqueda de su identidad.

Luego, estarán en el panel de expositores: Adriana Leiva, tía de Gabriel Cevasco, nieto recuperado, Alejandro Mónaco, abo­gado de la causa Cevasco, Mirta Baravalle, abuela que busca a su nieto e integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Leandro Ventura, miembro del Ministerio de Justicia de la Na­ción, Héctor Poggiese, docente de la UBA, Coordinador del área de Investigación de Flacso, miembro del equipo de comuni­cación de Carta Abierta Nacional y posiblemente se contará con la participación de “Tati” Almeida, Madre de Plaza de Mayo, Línea Fundadora.

Gabriel Cevasco

Gabriel Cevasco nació el 14 de octubre de 1976 y es hijo de En­rique Horacio Cevasco y María Delia Leiva (desaparecida desde 1977). Recuperó su identidad después de una larga lucha, en 2005. En la actualidad es Pastor de la Iglesia Adventista. Estu­dió teología en la Universidad Adventista del Plata, en Entre Ríos, y tiene una profunda fe religiosa. En los años que vivió

en Pergamino junto a sus padres apropiadores, lo hizo en una vivienda ubicada en la avenida Vélez Sarsfield (Barrio Acevedo) y cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 4 de calle España y Pasteur. Y dos años del colegio secundario en el Colegio Nacio­nal, hoy Media Nº5.

Gabriel Cevasco fue el primer joven que recuperó su identi­dad que declaró en la causa en la que se investiga el plan para apropiarse de los hijos de des­aparecidos. No obstante, durante años Gabriel sufrió la bronca de no poder firmar con su nombre, porque no le devolvieron hasta el 2005 su verdadero documento. “Cada vez que realizo un trámi­te, incluso cuando voy a votar, siento que estoy mintiendo. No son sólo veinte letras. Es lo que te pasa por adentro cuando estás escribiendo un nombre que no es”, aseguraba, allá por el 2002 en declaraciones periodísticas.

Las personas que lo criaron le habían revelado cuando tenía siete años que no era su hijo biológico y, ya en la adolescencia, le contaron que había llegado a través de una mujer policía que les aseguró que sus verdaderos padres habían muerto en un enfrentamiento. Con esos datos Gabriel empezó a investigar. “Me empecé a enterar de cosas que ni bolilla les daba. En el interior, en Pergamino, de las Abuelas no había escuchado, sí de las Madres pero que buscaban a sus nietos no sabía nada. De a poco fui leyendo en diarios. Hasta que un día me enteré que existía la Conadi y el Banco de Datos Genéticos. Creo que un año después me presenté. Todo requería de un proceso de elaboración”, narra Gabriel.

“La respuesta tardaba en llegar y el muchacho se ponía ansioso –cuenta un informe del diario Página 12. Un año y medio después de extender su brazo para que le sacaran sangre no lo habían llamado: ‘Mi miedo era que murieran mis abuelos. No pensaba en tener tíos, primos. Pensaba en abuelos y que de pronto murieran y no los pu­diera conocer. Y en el caso de mis abuelos maternos fue así. En realidad murieron antes de que me pusiera a investigar. La otra preocupación era que no esté denunciado mi caso. Claudia Carlotto (directora de la Conadi) me dijo que de los 500 casos, más o menos la mitad estaba denun­ciada y como pasaba el tiempo y no llegaban los resultados de los análisis...me estaba resignando a que no había incluido ninguna familia y mi preocupación era cómo hago para saber’. En octu­bre de 2000 llegó el resultado y Gabriel se encontró con los suyos. Además de sus tíos y una prole de primos, conoció a su papá, que vive en Brasil. Su caso es uno de los pocos en los que uno de los padres está vivo.

“Yo quería buscar pero no sabía por donde empezar –cuenta en una entrevista Gabiel-. “Hoy ya es mucho más sabido todo esto, pero, bueno, siempre hay alguien a quien a través de una nota así uno puede ayudar, sobre todo contando lo que uno vivió, que cada caso es distinto. Yo veo, conozco muchos chicos en la misma situación que yo, con los cuales nos relacionamos, somos amigos por mail y a veces cuando hacemos algún encuentro, una cena, alguna fiesta y charlamos y nos damos cuenta de que cada caso es totalmente distinto y que cada uno lo elabora de una forma completamente distinta, pero en­tre todos nos complementamos, nos ayudamos y por ahí esto le sirve a alguien que pueda estar pasando por la misma situación, por la duda.

“Yo no sé, creo que no iba a aguantar toda la vida... en rea­lidad aguanté cinco años hasta que fui a buscar a mi familia, por miedo a las implicancias legales de la otra familia, pero no iba a aguantar toda la vida. Es una duda muy tremenda, algo que te consume cuando te mirás al espejo y decís: ¿a quién seré parecido? ¿por qué pasó todo esto? ¿estarán vivos? ¿me estarán buscando? ¿estarán desaparecidos?¿se morirán mis abuelos sin que yo los pueda conocer? Todas esas cosas yo las pensaba. Algunas se dieron, mis abuelos maternos fallecieron.

“De hecho, algunos chicos recién están haciéndose ahora los análisis, algunos pudieron aguantar más, otros antes que yo se decidieron. Eso lo tiene que decidir cada uno, pero por ahí estas notas ayudan”.

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