Así definió el intendente de San Martín, Juan Carlos Fernández, los peligros geológicos que enfrenta la localidad. "Los vecinos están con una sensación de incertidumbre muy seria", dijo.
“Estamos en una zona geológica muy frágil. Hay una gran inestabilidad en las laderas que rodean a San Martín y zonas aledañas del ejido. Por lo tanto, tenemos que tener una consideración muy especial por el lugar que estamos”, explicó en declaraciones a LU5.
El domingo, una nueva piedra se desmoronó de la ladera del cerro ubicado frente al destacamento policial de Villa Paur e impactó con una construcción que se realiza en el lugar. La zona de impacto se ubicó a escasos 50 metros del corralón que fue destruido el pasado 4 de junio cuando cuatro rocas gigantes cayeron de la ladera.
“Tuvimos episodios importantes en ocasión de los sismos que se produjeron el año pasado. Hubo algunos desprendimientos, el más notorio fue el del 4 de junio pasado. Son varios los lugares con problemas, algunos de ellos muy poblados. Todos están en zona de riesgo”, dijo Fernández.
El Municipio realizó contactos con el Segemar y comenzaron un proceso para realizar un estudio del ejido de la ciudad que comenzará en octubre. Si bien estaba presupuestado para el año que viene, las últimas caídas de piedras aceleraron el inicio del estudio.
También firmó con la Asociación de Superficiarios de la Patagonia (Assupa) un convenio para realizar estudios geológicos satelitales para todo el ejido. En tanto, en los últimos días dos geólogos de la empresa Maccaferri recorrieron los lugares afectados en busca de analizar si las medidas de mitigación disponibles son compatibles para esos sectores. “Hay soluciones que nos permiten remediar o evitar situaciones como las que ocurrieron en Villa Paur. Vamos a trabajar en eso, estamos recopilando información que nos pidieron porque los sistemas informáticos que tienen absorben todos los datos y modelizan una situación de caída de piedra. A partir de ahí se define la solución a implementar”, indicaron desde el Municipio.
Los cuatro sectores más complicados son los barrios Covisal-Los Radales, la Ruta 234 (entre la localidad y Paihuen), la ladera del cerro Curruhuinca y Villa Paur. En ninguno de los lugares se realizó obra de prevención alguna que pueda resguardar a la población de, entre otros riesgos, el desprendimiento de rocas.
“Los vecinos están con una carga de angustia y ansiedad. Una sensación de incertidumbre muy seria. No puede pasar nada durante los próximos 200 años o puede pasar algo la semana que viene o mañana. Es una situación crónica”, dijo Fernández.
“En San Martín de los Andes se trabaja en forma permanente sobre esto. Los antiguos habitantes relatan situaciones similares como estas que se dieron muchos años atrás. Pero no tuvieron la trascendencia que tienen ahora. Ayer (por el domingo) había un fotógrafo antes que yo llegara”, indicó el intendente. Con mayor o menor trascendencia en los medios, pese a que se trata de una situación crónica y conocida por los habitantes de la localidad nunca se realizó ninguna obra de mitigación.
Además, también se refirió a la zona de la ladera del Curruhuinca, donde más de 600 familias viven en seis barrios ubicados en el lugar. Según el informe Halcrow -publicado en 2009-, el 77 por ciento de la superficie es “inhabitable” y recomendó la relocalización de la población. El Programa de Mejoramiento Barrial (Promeba) de la Nación realizó obras de mejoras estructurales en la zona, aunque nunca se evaluó la posibilidad de trasladar a las familias que viven en la ladera. “Estamos hablando de 1.000 familias. No es algo sencillo”, dijo Fernández.
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