Los mayores derrumbes se dieron en los yacimientos salteños, donde la producción de gas declinó de 19 millones de metros cúbicos en 2006 a 11 millones de metros cúbicos este año, y el horizonte de las reservas gasíferas no llega a 7 años, a causa de un inocultable abandono de inversiones.
En Salta, 500 familias recibieron la última boleta del gas con un 2.000% de recargo para pagar el “costo del gas importado”. Desde Bolivia ingresan por estos tiempos 10 millones de metros cúbicos diarios. La diferencia de costos con respecto al gas que dejó de fluir de los pozos del departamento San Martín es de 2,5 millones de dólares diarios. Con las sumas que se dilapidan en la importación podría perforarse un pozo profundo en el norte salteño cada mes, con lo que se recuperarían las producciones, las reservas y el autoabastecimiento. Pero esto esta cada vez más lejos de ocurrir: los contratos con Bolivia apuntan a ampliar los volúmenes importados hasta alcanzar los 27,7 millones de metros cúbicos diarios. Nadie quiere aclarar qué ocurrirá con la refinería de Campo Durán dentro de dos años, cuando desde Bolivia baje solo gas seco (metano) y el complejo de Aguaray no cuente con volúmenes suficientes para seguir operando ¿Le importa a alguien lo que pueda ocurrir en el norte entonces? Seguramente, ocurrirá lo mismo que hoy: en el norte el derrumbe de los yacimientos ya dejó sin trabajo a cerca de 500 técnicos y operarios con alta calificación. El país no habla de ellos, ni de la suerte que espera a otros trabajadores del sector, ni de los costos que pagará el bolsillo de los argentinos, el propio modelo, si no cesa la distracción ante las nuevas sagas de Titanes en el Ring.
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