El gobierno acusó a la oposición, que a su vez dijo que el más beneficiado con los ataques es el presidente Al Assad. El jefe de observadores de la ONU calificó al hecho de “horrible”.
La explosión de dos coches bomba en la periferia de Damasco causó al menos 70 muertos y 372 heridos, en el atentado más sangriento desde el inicio de la revuelta contra el presidente sirio de Bashar Al Assad que ya lleva 14 meses. El gobierno atribuyó los atentados a “grupos terroristas”, mientras que fuerzas opositoras se desligaron del hecho asegurando que este incidente solo beneficia al gobierno. Robert Mood, jefe de la misión de observadores de la ONU que se encuentra en el país verificando el respeto del plan de paz acordado entre las partes, llamó “a todos, dentro y fuera de Siria, a ayudar a frenar esta violencia”.
Con sólo un minuto de diferencia dos fuertes explosiones sacudieron la capital de Siria. Dos vehículos conducidos por suicidas hicieron estallar más de 1000 kilos de material explosivo provocando dos grandes hoyos en el suelo y un reguero de escombros, sangre y cristales de los edificios cercanos. El caos fue tal que el ministro del Interior aseguró que el número de víctimas fatales podría aumentar, ya que recopilaron del lugar del hecho 15 bolsas con restos humanos no identificados.
Las explosiones ocurrieron cerca de la sede de los servicios de aviación, donde decenas de coches y autobuses resultaron incendiados. Allí se trasladó el equipo de los observadores de la ONU comandado por el general noruego Mood, quien calificó al hecho de un “acto terrorista horrible” que no supone una solución a la crisis, sino que “causa problemas a todo el pueblo sirio”.
Hasta ayer el atentado más sangriento había sido perpetrado en diciembre de 2011 en las inmediaciones de dos edificios de la Seguridad Central en Damasco. Allí murieron al menos 44 personas.
En concordancia con ello, el embajador sirio ante la ONU, Bashar Jaafari, aseguró ante el Consejo de Seguridad que los atacantes suicidas de Damasco procedían de países “bien conocidos” para la comunidad internacional. Una declaración que para los analistas hacía clara referencia a Arabia Saudí y Qatar, así como a la red terrorista Al Qaeda, a los que se les atribuye habitualmente injerencia en la zona. “Siria espera que el Consejo de Seguridad condene con claridad y firmeza estos actos cobardes”, dijo Jaafari.
Sacando provecho de una situación que permite posicionar al gobierno sirio como víctima en lugar de victimario, que es el lugar que las potencias internacionales suelen atribuirle, el Ministerio sirio de Asuntos Exteriores aseguró que “pese al incumplimiento del plan de Kofi Annan por parte de los grupos terroristas y los países que los respaldan, Siria proseguirá prestando toda la ayuda al equipo de observadores para que puedan desempeñar su labor con éxito”.<


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