La regularidad fue la cuenta pendiente de Sionista. Cerró bien, pero su funcionamiento en 2013 es una incógnita. Una temporada marcada por la inestabilidad.
Cuando logró establecer una localía fuerte estuvo nueve fechas sin ganar fuera de Paraná y siempre le costó cerrar los partidos con holgura. Consiguió triunfos rutilantes como ante Regatas en Corrientes, donde el líder perdió dos partidos en 12 presentaciones y llegó a ser la peor defensa del torneo en la fecha 10.
Ese contraste permanente lo persiguió durante los 28 partidos que lleva disputado.
Volverá luego del receso con una posición acorde a la temporada que viene realizando. Si bien la tabla lo ubica en el octavo puesto, el partido menos de Atenas y los tres juegos que debe Libertad, lo colocan en la 10ª posición.
Su principal enemigo fue la irregularidad indefinida en algunos parciales que lo marginaron de la pelea antes de tiempo en varios partidos. Las grietas defensivas y el excesivo individualismo en función de encontrar una respuesta lo llevaron a perder muchos partidos (Ganó 14 y perdió 15).
Si bien no hay demasiada diferencias entre lo ganado y lo perdido, Sionista se armó para pelear arriba y tiene un plantel para ser protagonista.
En este proceso hubo fallas colectivas, individuales y del cuerpo técnico. Los evidentes cambios de extranjeros expusieron una mala elección en principio como así también algunos desaciertos.
La llegada de un jugador primó por sobre el plantel largo y eso dejó en evidencia la falta de respuesta colectivas como así también los malos momentos anímicos.
Con la incorporación de Lorrenzo Wade el 2 de enero, Sebastián Svetliza, habrá utilizado siete extranjeros en 28 juegos. El primero en dejar la institución fue Darrel Wonge, un alero que llegó “sobre la chicharra” para completar el plantel y pasó casi inadvertido. Su lugar fue ocupado por Brian Woodward quien apenas jugó seis partidos para darle lugar a Nate Miller, un alero fuerte y comprometido que con un promedio de 20 minutos por partido abandonó el barco por decisión propia aduciendo problemas de adaptación.
Claro que de todos los extranjeros que pasaron la salida más significativa fue la de Jerome Meyinsse. El pivote no tuvo un buen comienzo (8,5 puntos y 4,2 rebotes en 15 partidos), pero tampoco fue menos que el resto. Su ida sorprendió y más aún cuando en su estadía en Regatas de Corrientes ganó el Súper 8 y la Liga Sudamericana. De todos modos la llegada de Lloreda fue una acierto porque ganó presencia debajo de los tableros y corrigió ese déficit. El único que “sobrevivió” fue Joshua Pittman, uno de los más regulares de la temporada. Porque el resto de los jugadores deambularon al ritmo del equipo.
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