Siniestros viales: mejoras y trampas en indicadores de una “enfermedad social”

Un relevamiento nacional determinó que el año pasado disminuyeron un 23 por ciento las muertes en accidentes de tránsito. Pero en las zonas urbanas, como el Conurbano, los episodios aumentaron. Sin embargo, las comunas aseguran que en la región se repite la tendencia positiva, aunque cada vez hay mayor parque automotor. Organizaciones sociales denuncian ‘picadas’ y falta de control.
Las muertes en siniestros viales en el país “disminuyeron un 23.5 por ciento en 2011” respecto del año anterior, según un informe del Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV). Eso equivale a unas 2.800 vidas, de las cerca de 13 mil que se perdieron en tragedias al volante durante 2010. Sin embargo, las tendencias no son iguales en todas las regiones: en las urbanas ascendió en cinco puntos porcentuales el nivel de accidentes, y allí se incluye el Conurbano bonaerense y vastas zonas de la provincia, que es la de mayor parque automotor. Pese a que algunas comunas aseguran que se redujeron los daños, el número de licencias de conducir va en ascenso y con él el riego de daños, si falla la prevención para evitar conductas imprudentes: una “enfermedad social”.

El documento denuncia que el 64.5 por ciento de las colisiones, choques u otros inconvenientes que involucran vehículos se produjeron durante el año pasado en áreas urbanas y que los fallecimientos subieron 3 puntos porcentuales, aunque “las dos terceras partes se producen en rutas y autopistas”, asegura el análisis. Si bien el desglose de los casos obliga a separar las realidades, la entidad se mostró optimista frente a la incipiente recuperación que se apoyó en dos factores: por un lado, “la creación de organismos específicos con funciones ejecutivas donde hay una autoridad responsable de aplicar políticas de seguridad vial” y, por otro, “la incorporación de contendidos (para la concientización) en la escuela”, le explicó a LA TERCERA Eduardo Bertotti, presidente de la institución que realizó el estudio.

En la zona, los diagnósticos sobre el comportamiento de los rodados y peatones en la ciudad varía según el tamiz con el que se observen, pero en general las municipalidades ponen la atención en el alza de los permisos para manejar, aunque recalcan que los incidentes disminuyeron, con lo que no acuerdan algunas organizaciones sociales. En Lanús, “la cantidad de autos crece y se refleja en las licencias, que llegan a 200 por día”, unas 4 mil mensuales, precisó Jorge García, director de Tránsito local. Florencio Varela tiene 420 mil habitantes, 130 mil menos que el distrito que linda con Pompeya, y otorga en promedio la mitad de carnets que su par ya que “en temporada alta (de octubre a marzo) solicitan 160 turnos por día, unas 2 mil por mes”, calculó Mariana Corrales, subsecretaria de Gobierno y encargada de la Coordinación Vial del Gabinete de Julio Pereyra.

El alza en la población de autos no es para los expertos una causa directa de potenciales choques pero sí un elemento extra que puede potenciar los perjuicios, en un marco de fallas de la prevención y la sanción a infractores. Y ello, en un contexto cultural que celebre la trasgresión de las reglas. El ISEV manifestó su preocupación por el ascendente involucramiento de motos y ciclomotores en los impactos, que “en 2010 alcanzó el 29.4 por ciento y ahora trepó al 34.2”, indicó.

“Buscamos detectar los puntos rojos de los siniestros, pero se ve que disminuyeron. Por accidentes, en enero de hace dos años hubo 14 lesiones leves y en diciembre, 44 y una muerte. En enero de 2011, las lesiones leves fueron 28 y en el último mes descendieron a 24”, transmitió Claudio Pascali, secretario de Seguridad Ciudadana de Esteban Echeverría. Si bien esos datos no están discriminados por tipo de vehículos que participaron, la tendencia positiva coincide con la visión del instituto, pese a que la mayor superficie del distrito es urbana y allí se radica la mayoría de los decesos.

En Almirante Brown, la cartera abocada a la temática estimó que el índice de episodios negativos se ubica entre el 15 y el 20 por ciento, también en sintonía con el relevamiento de la asociación. Este medio intentó contactarse con Lomas de Zamora pero no obtuvo resultados. En Varela, los choques y demás afecciones “ocurren pero se apuesta fuerte a la prevención”, aseguró, por su parte, el director de Tránsito Gabriel Álvarez. Con ese fin “se hicieron varios controles de documentación y alcoholemia. En el último, a ocho personas se les quitó el registro y se les secuestró el auto” porque superaron los 0.5 gramos de sustancias etílicas en litro de sangre.

La “enfermedad social”

“Acá no hay fórmulas mágicas. Se necesita control y sanciones efectivas. Hay que mejorarlo todo, incluso desde la Justicia”, entendió Bertotti. La urgencia de que la intervención sea estructural responde a que las actitudes de un sector de los conductores y los peatones son “una enfermedad social, como definió la Organización Mundial de la Salud”, retomó el abogado. Es decir que hay un contexto de legitimación cultural que da poder a quien se sienta tras un volante, aunque ese supuesto liderazgo genere trastornos a sí y a terceros.

“Cada pueblo tiene una idiosincrasia. La de Lanús es que es el distrito de los ‘semáforos verdes’ porque la gente pasa siempre, no importa si está en rojo. No se respetan las normas de tránsito”, denunció Norma Bonelli, mamá de la joven Carla Arduini y una de las fundadoras de la asociación civil que lleva su nombre. En enero de 2004 la chica de 15 años murió atropellada por un camión que viajaba sin frenos cuando cruzaba la avenida Hipólito Yrigoyen. Para la referente, el índice de siniestros en el partido es del “25 por ciento”, y junto con Quilmes y La Matanza se posiciona como uno de los más peligrosos de la región; a diferencia de Lomas, Brown y Ezeiza que consideró más responsables.

Sin embargo, desde el Ejecutivo -con quien la entidad espera recuperar el diálogo en los próximos meses- el director de la cartera vial aseguró: “Tenemos un muy bajo índice de mortalidad en accidentes. Colaboramos con todo lo que pase, al pero se nos hace difícil hablar de un promedio de muertes”. Para la vecina, el súmmum de las acciones imprudentes son las “picadas”, que aseguró que se llevan a cabo “en Perón (Valentín Alsina), domingo de por medio a las 20”, donde se reúnen personas “en motos, sin casco y por una hora no pasan autos”.

En Berazategui, el Camino Centenario, el General Belgrano y parte de la autopista Buenos Aires-La Plata son los más complicados porque “no están controlados por nadie”, se quejó Ana María Valeiro, presidenta de la Asociación de Vecinos del Parque Pereyra Iraola. “Los chicos ‘juegan’ acostados en las motos, hacen acrobacias y picadas, como los dos que se mataron (el domingo de Navidad): en la colectora de Centenario largaron cinco motos de un lado y cinco de otro”, describió. La suerte se basa en pasar intercalados. Se lleva a cabo en la colectora de la Ruta 2 hace dos años sin intervención policial o comunal, pero en cambio sí desfilan controles “desde el Arco de Villa Elisa hacia La Plata” y “nada” desde el mismo punto hacia la Rotonda de Alpargatas.

Para avanzar

Una de las medicinas con la que los distritos intentaron controlar la ‘patología cultural’ de violar las normas de tránsito fue labrar multas. En Echeverría, por ejemplo, según las oficinas de Infracciones se hicieron 377 boletas por estacionar en sendas peatonales, paradas de colectivos o veredas señalizadas, y unas 283 por no tener licencia de conducir o pertenecer a una categoría incorrecta. Por su parte, Varela retiene el registro cuando el rodado no posee su Verificación Técnica Vehicular o está vencida. En tanto, la Defensoría del Pueblo de Avellaneda, con sus pares de Quilmes y provincial, presentó un pedido al Órgano de Control de Concesiones Viales (Occovi) para que haya mejoras en las “obras inconclusas” de la autopista Buenos Aires-La Plata, altamente “peligrosas”.

Para la mamá de Arduini, la estrategia es la educación: proyecta para este año continuar con las charlas en las escuelas, capacitar a docentes y crear espacios informativos en centros de jubilados, para que los adultos mayores sean promotores de la prevención.

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