Empanadas y vino en jarra y una guitarra, bombo y violín. Todo se conjuga con los lugareños que a bordo de engalanados sulkys van llegando a la feria ubicada en uno de los pueblos con más historia de la provincia. No es para menos, el sábado se inició una nueva edición de una tradición que tiene 300 años. La XXX Feria Nacional de Simoca arrancó con miles de visitantes que colmaron las instalaciones del predio donde año tras año la diversidad de la tierra se ofrece en cada metro.
Cuando se pierde la tradición no se respeta la historia y se esta se olvida los hombres y mujeres se confunden para terminar inmersos en un vacío que atrasa pueblos y sociedades.
No es el caso de Simoca , ciudad ubicada a 55 kilómetros al sur de la capital tucumana y siendo la localidad con menos ingreso por habitante en cada sábado se muestra orgullosa a casi 25 mil visitantes que se llegan para impregnarse con la historia y la tradición de nuestras tierras.
Luis González, Intendente de la localidad cuenta que todo comenzó hace tres siglos cuando los paisanos del lugar realizaban los trueques de insumos para la vida diaria. “En estos tiempos nos cuesta mucho mantener una ciudad con historia, pero todos los simoqueños trabajamos con fervor para eso suceda y podamos brindarles a todos los que aquí habitan y los que nos visitan todo lo mejor de esta ciudad”.
A su vez el Director de Turismo de Simoca, Ricardo González , nos muestra la cartelera de los artistas que van a componer la grilla de la XXX Ferian nacional de Simoca. “ Todos los sábados de julio recibimos unas 25 mil personas. Viene de todos lados y en cada edición mejoramos las infraestructuras para que esos visitantes estén los más cómodos posibles”.
Gauchos enfundados con ropa típica, casas antiguas y odernas autos últimos modelos, sulkys con sus carrocerías fileteadas, empanadillas con dulce de cayote, tamales de puro cerdo, rosquetes de gran tamaño se mezclan por las calles simoqueñas. No es para menos todos los visitantes están ávidos de conocer y disfrutar de sabores , olores a la vez que van descubriendo como el tiempo se detiene y avanza logrando una armonía casi perfecta.
Simoca no te olvides de mi que yo nunca voy a olvidarte. “Ojalita que ella pudiera escuchar”.
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